
Episodio 83
Publicado el 13 de febrero de 2024 · Duración: 13:48 min
¿Qué relación tuvieron Edgar Degas y Mary Cassatt?
Febrero, mes del amor, hace pensar en las parejas de artistas unidas por algo más que el gusto por el arte: Frida Kahlo y Diego Rivera, Dante Gabriel Rossetti y Elizabeth Siddal, Marina Abramović y Ulay. Hay tantas. Pero este episodio se acerca a dos artistas nacidos en el siglo XIX que tuvieron una relación muy enigmática: Edgar Degas y Mary Cassatt. ¿Qué tipo de vínculo sentimental los unió? ¿Fue amor, como muchos creen?
Degas y Cassatt se conocieron en los años setenta del siglo XIX. ¿Quién era cada uno hasta ese momento?
Degas, el pintor de bailarinas
Degas es el pintor, escultor y grabador francés nacido en 1834, famoso por sus escenas de bailarinas ensayando o preparándose detrás del escenario. Había empezado pintando obras históricas, bien vistas entonces, que podían exhibirse en los salones anuales de París, donde exponían quienes se consideraban buenos artistas. Hasta ahí, sus trabajos fueron admirados.
Pero poco a poco quiso pintar de otra manera: salirse de las reglas rígidas de los salones y pintar la vida parisina de su tiempo. Empezó a relacionarse con otros inconformes, los impresionistas, que no podían exponer en los salones pero pintaban como les venía en gana. El cambio hizo que algunos lo rechazaran, aunque tenía cierto reconocimiento.
Sus bailarinas se vendían bastante bien. No se exhibían en los salones elitistas, pero la gente las compraba. Y eso le venía muy bien, porque su hermano había dejado a la familia en bancarrota y había deudas que pagar. A pintar bailarinas, entonces.
El banco familiar estaba al borde del colapso cuando murió el padre, Auguste De Gas, en 1874, y quebró en 1876. Su hermano René, que vivía en Nueva Orleans, había acumulado grandes deudas. Para salvar el nombre de la familia, Degas vendió su casa y la colección de arte que había heredado, y por primera vez dependió de sus ventas para vivir. Lo cuentan Sotheby's y la biografía del pintor en Wikipedia.
Mary Cassatt, de Pensilvania a París
Mary Cassatt era unos diez años menor que Degas. Nació en Estados Unidos y estudió arte en la Academia de Pensilvania, una de las pocas escuelas abiertas a mujeres. Sus temas preferidos eran las mujeres en tareas domésticas o con niños. Acabó instalándose en París y quiso exponer en los salones anuales, a lo que aspiraban casi todos los artistas. Y lo logró.
Nació el 22 de mayo de 1844 en Allegheny, Pensilvania; el episodio dice 1845. Y su primera obra aceptada en el Salón de París fue anterior a las que menciona el episodio: «A Mandoline Player», en 1868. Volvió a exponer en años siguientes, entre ellos 1872 y 1874.
El flechazo del Salón de 1874
Se supone que en el Salón de 1874 Degas vio por primera vez una obra de Mary Cassatt, y que, sin fijarse en que la autora era una mujer, le comentó a un amigo que ahí había alguien que sentía lo mismo que él. Qué conexión, a través del arte.
Años después se dijo que cada uno se veía reflejado en el otro: que si Mary hubiera nacido hombre habría sido idéntica a Degas, y viceversa: había empatía e identificación mutua.
1877: el rechazo que le abrió otra puerta
En 1877 Cassatt presentó unos trabajos al Salón y el jurado se los rechazó. Aquello la indignó. Degas aprovechó para decirle que había llegado el momento de pintar como ella quisiera y no como quisieran las autoridades del arte, y la invitó a exponer con sus amigos impresionistas.
Años después, ella lo contó. Degas le hizo prometer que no volvería a presentar nada al Salón y que expondría con el grupo de los impresionistas. Aceptó encantada: por fin podía trabajar con total independencia, sin preocuparse por la opinión de un jurado. Odiaba el arte convencional. Empezaba a vivir.
Ese testimonio procede de la primera biografía de la pintora, «Un peintre des enfants et des mères, Mary Cassatt», de Achille Segard, publicada en 1913 a partir de entrevistas con ella. No hemos podido consultar el texto francés original, y por eso lo contamos con nuestras palabras.
Fue él quien, en sentido figurado, la zarandeó y le dio valor para dar ese salto.
Los impresionistas tienen episodio propio en ¡Uy! El arte, el 41, donde también se habla de los salones de París y de sus exposiciones anuales. Fueron personas que se cansaron de hacer el arte que se venía haciendo desde hacía siglos y empezaron a pintar diferente. No imitaban la realidad: querían capturar la incidencia de la luz sobre los objetos, el paso del tiempo. Por eso pintaban rápido, al aire libre, y les encantaba la espontaneidad.
«Independientes», no impresionistas
Aunque Degas y Cassatt estuvieron muy ligados al impresionismo, no les gustaba que los llamaran impresionistas, sobre todo a Degas. Le parecía que la palabra sugería prisa y descuido. Ellos preferían obras más pensadas y planificadas, y preferían que los llamaran independientes.
Aun así, Degas tiene mucho en común con los impresionistas: las escenas de la vida parisina, la composición, los experimentos con el color y la forma. Las pinceladas de ambos llegan a parecerse mucho a las de los impresionistas. El impresionismo les dio el ambiente para acercarse, y a partir de ahí mantuvieron un vínculo de casi cuarenta años, que terminó con la muerte de Degas en 1917.
¿Amor?
¿Qué tipo de vínculo era? Todo parece indicar que fue puramente profesional y amistoso. Un amor compartido por el arte.
Hay hasta una novela, «I Always Loved You», en la que la escritora Robin Oliveira incluye una escena muy apasionada entre Degas y Cassatt, pero son puras especulaciones. Nadie sabe realmente lo que ocurrió entre ellos ni hasta qué grado de intimidad llegaron.
Lo que ha alimentado las habladurías es que Mary terminó quemando muchas de las cartas que se habían escrito. ¿Por qué lo hizo? Y que ninguno de los dos se casara aumentó las sospechas, pero certezas no hay.
La novela de Oliveira se publicó en inglés en 2014, en Penguin. Y el vacío es real: según la biografía de Cassatt en Wikipedia, hoy no se conserva ninguna carta entre los dos, así que el grado de intimidad no se puede evaluar.
La niña del sillón azul
De lo que sí hay pruebas es de la amistad y de la colaboración artística. El ejemplo más claro es «Niña en un sillón azul», de 1878.
Una niña desplomada en un butacón, con la mano detrás de la cabeza y las piernas separadas, como aburrida o agotada. En la misma habitación hay otros sillones azules y un sofá, y a la izquierda, también en un sillón, un perrito.
La niña se la consiguió como modelo el propio Degas, porque era hija de un amigo suyo. Y años después la artista confesó que Degas había entrado en su estudio y había trabajado con ella en esa misma pintura. Los rayos X y las imágenes infrarrojas lo han confirmado, detectando pinceladas al estilo de Degas y una línea diagonal muy rara en las obras de Cassatt, que se supone trazó él para que su amiga experimentara con una nueva perspectiva. Ella solía usar líneas rectas en los fondos.
Degas le dio herramientas para una pintura más novedosa y menos convencional: le abrió nuevos caminos. Y lo curioso es que Cassatt la presentó en el pabellón estadounidense de la Exposición Universal de 1878, y la obra fue rechazada. Aquello la enfureció: ¿cómo no iban a aceptarla, si hasta el maestro Degas había puesto sus manos en ella?
«Little Girl in a Blue Armchair» está en la National Gallery of Art de Washington. En una carta de 1903 al marchante Ambroise Vollard, Cassatt explicó que era el retrato de la hija de un amigo de Degas, que él lo encontró bien, la aconsejó sobre el fondo e incluso trabajó en él. La limpieza y la fotografía infrarroja hechas en la propia National Gallery confirmaron su intervención. De las dos obras que presentó a la Exposición Universal, esta fue la rechazada.
Una ayuda de ida y vuelta
La ayuda no venía de un solo lado. Cassatt actuó como agente en la venta de varias obras de Degas, y posó para él en varias ocasiones. Hay un retrato que muestra la confianza entre los dos: ella, sentada e inclinada hacia delante, le enseña a su retratista un grupo de fotografías que tiene en las manos. Los dos coleccionaban la obra del otro.
Ese retrato de Degas, de hacia 1880-1884, está en la National Portrait Gallery de Washington. Lo que Cassatt sostiene en las manos se describe como fotografías o como cartas, según la fuente; Wikipedia lo titula «Mary Cassatt Seated, Holding Cards». Con los años llegó a detestarlo: en 1912 o 1913 le escribió a su marchante Paul Durand-Ruel que no quería que nadie supiera que había posado para él. Wikipedia recoge además que fue clave para vender la obra de Degas y difundir su fama en Estados Unidos.
En tantos años de amistad hubo desavenencias, discusiones y distanciamientos temporales. Degas tenía un carácter complicado, cascarrabias, y no dudaba en criticar con dureza los trabajos de Cassatt. Ella, sabia, los interiorizaba, porque sabía cuánto podía aprender de él. Según el episodio, llegó a decir que Degas era el único hombre cuyo juicio le servía de algo.
No será la clásica historia de amor del mundo del arte, pero sí una relación de apoyo, colaboración y pasión por el arte y la innovación. Dos artistas cuyas obras se admiran todavía hoy.
Sigue escuchando
- A los impresionistas y a los salones de París les dedicamos El gran escándalo de los impresionistas.
- De Rossetti y Elizabeth Siddal, y de Marina Abramović y Ulay, dos de las parejas con las que abre este episodio, hablamos en 3 grandes historias de amor en el arte.
Episodios relacionados

Episodio 06
La mujer: de fotografiada a fotógrafa
A lo largo de la historia a las mujeres se nos prohibieron muchísimas actividades. Entonces: ¿cómo logró la mujer pasar de fotografiada a fotógrafa?
26 de octubre de 2021

Episodio 12
La fama después de la muerte
Muchos artistas que hoy día gozan de fama y reconocimiento, en la época en que vivieron fueron unos totales incomprendidos.
7 de diciembre de 2021

Episodio 18
¿Qué se esconde tras Da Vinci?
Leonardo Da Vinci es el autor de una de las obras más célebres, del dibujo más icónico de todos los tiempos y de la obra de arte que más cara se ha vendido.
18 de enero de 2022