
Episodio 41
Publicado el 26 de julio de 2022 · Duración: 13:00
El gran escándalo de los impresionistas
El Salón de París era la única puerta
Francia, segunda mitad del siglo XIX. La máxima aspiración de un pintor que quisiera prosperar era que su obra se expusiera en el Salón de París, el gran evento anual que organizaba la Academia desde el siglo XVII. El primer Salón reconocible se celebró en 1667.
¿Por qué importaba tanto? Porque allí iban los coleccionistas más adinerados: era la oportunidad de darse a conocer y, por tanto, de vender. La prensa además le daba mucha promoción, así que se presentaban muchísimos artistas y muchísimos eran rechazados.
Era una oportunidad con mordaza, porque el jurado que decidía qué se mostraba era bastante conservador y todo el que se saliera de los cánones del academicismo no era bien visto. En el mejor de los casos, si aceptaban una obra distinta, la colgaban donde casi no se veía. En un Salón llegaban a exponerse unas cuatro mil obras, colocadas en columnas de cuatro, de modo que la fila de arriba estaba y no estaba: muy pocas personas reparaban en esas obras. Los ingleses tenían un verbo para eso, to sky, «encielar» un cuadro. Y a las rechazadas les pintaban una R roja en el reverso del lienzo, un bochorno para cualquier artista.
La solución: montar su propia exposición
Los inconformes tienen nombres: Monet, Renoir, Degas, Berthe Morisot, Camille Pissarro, entre muchos otros. También ellos habían peleado por exponer en el Salón oficial, hasta que entendieron que por ese camino no llegaban a ninguna parte.
Así que decidieron montar su propia exposición, independiente del Salón. Un fotógrafo llamado Nadar, que simpatizaba con ellos, les cedió un espacio en el bulevar de los Capuchinos —el número 35, su estudio recién desocupado—, y allí se expusieron unas 165 obras de 30 artistas.
El detalle que más dice de ellos es cómo colgaron. A diferencia del Salón, trataron de ser lo más equitativos posible: las obras se colgaron solas o, como mucho, una encima de otra, se acabó la columna de cuatro, y las ubicaciones se sortearon. En 1874 aquellos pintores distintos hacen su primera exposición independiente, del 15 de abril al 15 de mayo.
Y fue un fracaso
Las obras fueron ridiculizadas, les llovieron las críticas y ni siquiera recuperaron la inversión. No fue ni remotamente la gente que iba a los Salones, algo lógico frente a un prestigio de siglos.
Decían que aquellos cuadros parecían inacabados, hechos por un novato, con formas que ni se definían bien. Y era por una característica clave del estilo: dejar a la vista las huellas de las pinceladas sobre el lienzo. En aquella época se querían obras que ni siquiera aparentaran ser pintura, y de pronto aparecían aquellos excesos de pintura sobre el lienzo.
De dónde sale la palabra «impresionista»
De esa misma exposición, y en sentido peyorativo. El crítico francés Louis Leroy se paró delante de Impresión, sol naciente, de Monet, y escribió que un papel pintado en estado embrionario estaba más acabado que esa marina. Fue en el diario satírico Le Charivari, el 25 de abril de 1874, en un artículo titulado «La exposición de los impresionistas». Así pasaron a la historia. El cuadro se conserva hoy en el Museo Marmottan Monet de París.
Fuera de la burla, lo que hacían era plasmar la impresión que les dejaba un paisaje o una escena sometida a la luz natural: capturar la incidencia de la luz sobre los objetos, es decir, el paso del tiempo. El ejemplo es la serie de la catedral de Ruan, de Monet, el mismo edificio pintado en distintos momentos del día, treinta lienzos en total, pintados entre 1892 y 1893.
De ahí se derivan las demás decisiones: la mayoría pintaba al aire libre, algo nuevo, y como la luz cambia tan rápido tenían que pintar deprisa. Por eso parecían inacabadas: era intencional. Y los colores que usaban eran brillantes y puros, lo que tampoco ayudaba con el público.
Temas nuevos para una clase nueva
Para colmo, los temas no eran los que defendía la Academia. Nada de historia ni de mitología: la vida cotidiana, los cafés parisinos, las playas, los campos de flores, las estaciones de tren, los bulevares.
Ese cambio no cae del cielo. Para entonces la burguesía ya era una clase social nueva que hacía excursiones campestres, iba a las regatas y a las carreras de caballos, paseaba por los bulevares y los jardines de París y asistía al ballet, a los cafés y a las tertulias. Esas son exactamente las escenas que captan los impresionistas, y que hoy nos parecen normales pero entonces fueron raras.
Y en medio de todo, llega la fotografía
Fue un factor decisivo y, para los pintores, traumático: si de pronto un aparato capturaba con enorme veracidad las escenas de la vida cotidiana, ¿qué papel le quedaba a la pintura? Llegaron a preguntarse si iba a desaparecer.
Justamente por eso querían apartarse de las normativas de la academia. La pintura tenía que buscar otros horizontes, ir más allá de lo que ven los ojos.
Ocho exposiciones, y el reconocimiento tarde
Hoy hay obras impresionistas que cuestan millones, y el camino de un extremo al otro no fue de un día para otro. Varios de aquellos pintores murieron pobres y sin ningún reconocimiento.
Pero con aquella primera exposición fracasada de 1874 no pararon: hicieron ocho en total, la última en 1886. Llegó el momento en que cubrían los gastos y generaban ventas, y fueron familiarizando al público con aquel arte distinto.
Grandes museos como el Metropolitan Museum de Estados Unidos o el Louvre en Francia empiezan a incorporar obras impresionistas dentro de sus colecciones. En 1907 el Louvre colgó por fin la Olympia de Manet, comprada por el Estado en 1890 tras una suscripción pública que impulsó el propio Monet. El Metropolitan iba por delante: tenía dos Manet desde 1889, donados por el coleccionista Erwin Davis, probablemente las primeras obras de ese entorno en entrar en un museo estadounidense. Eso ya hablaba de un respaldo serio.
Un estilo que además abrió la puerta a las transformaciones del siglo XX: primero el postimpresionismo y después, ya en el siglo XX, las vanguardias.
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- De Edgar Degas y de su vínculo con Mary Cassatt hablamos en ¿Qué relación tuvieron Edgar Degas y Mary Cassatt?.
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