¡La nueva foto más cara de la historia!

Episodio 33

Publicado el 24 de mayo de 2022 · Duración: 12:00

¡La nueva foto más cara de la historia!

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Mayo de 2022 trajo una gran noticia: se vendió la fotografía más cara de toda la historia.

Eso merece un episodio. ¿Qué fotografía es esa? ¿Y por qué alguien estuvo dispuesto a pagar semejante suma por ella?

La cifra

La casa de subastas Christie's lo había anunciado con meses de antelación, pero fue el 14 de mayo cuando se subastó en Nueva York.

Lo del récord se presentía, así que no tomó por sorpresa; lo que sorprendió a todo el mundo fue la cifra. Se estimaba que se vendería entre 5 y 7 millones, y de ahí a 12,4 millones de dólares hay un trecho.

¿Y cuál tenía el récord hasta ese momento? Lo tenía Rhein II —«Rin II»—, de 1999, del alemán Andreas Gursky, que se había vendido en 2011 por 4,3 millones de dólares, también en Christie's.

Las cifras exactas: la de Gursky se vendió el 8 de noviembre de 2011 por 4.338.500 dólares, y mantuvo el récord hasta que lo superó esta. Es decir, que el precio se triplicó de un salto.

Para situarlo: hoy el podio de las fotografías más caras lo encabeza esta de Man Ray, seguida de The Flatiron de Edward Steichen (1904), con 11,8 millones, y en tercer lugar la de Gursky. En el cuarto puesto hay otra de Man Ray, Noire et blanche (1926), con 4,02 millones.

La fotografía afortunada

Fue El violín de Ingres, de Man Ray, de 1924.

Y miren las casualidades: el episodio anterior, el 32, se dedicó al surrealismo, y se grabó antes de que se celebrara esta subasta. Man Ray fue justamente un artista vinculado al movimiento surrealista.

Fue un norteamericano nacido en 1890 que vivió mucho tiempo en París. Su nombre real era Emmanuel Radnitzky, nació en Filadelfia y se instaló en París en julio de 1921. Fue un contribuidor importante tanto al dadaísmo como al surrealismo, aunque sus vínculos con ambos fueran informales, y estuvo representado en la primera exposición surrealista de 1925.

Su aporte al surrealismo lo hizo desde la fotografía, y no solo en las ideas: sobre todo a nivel técnico.

El rayograma

Por ejemplo, es el creador del rayograma, palabra que viene de Ray, su nombre, y de grama, por fotograma.

Es una técnica en la que colocaba objetos —llaves, incluso partes del cuerpo, manos— sobre papel fotosensible, los exponía a la luz directa durante algunos segundos y finalmente obtenía la imagen de esos objetos.

O sea, fotografía sin cámara. Como él mismo dijo: «me rebelé contra mi cámara fotográfica y la tiré».

Una precisión honesta: la técnica de colocar objetos sobre papel fotosensible es anterior a él. Lo que hizo Man Ray fue redescubrirla y bautizarla con su nombre, y convertirla en un procedimiento artístico. Tristan Tzara describió esas imágenes como «puras creaciones dadá».

Y esto de no usar la cámara no siempre fue así: a veces combinaba los procedimientos —cámara, rayograma, fotomontaje—. Cosa que importa, porque la foto del récord es exactamente eso.

Qué se ve en la fotografía

Una mujer sentada de espaldas, desnuda, con un turbante en la cabeza y unas efes de violín a ambos lados de la espalda para realzar sus curvas. La espalda de la modelo se convierte en un violín.

La modelo era la francesa conocida como Kiki de Montparnasse, actriz y modelo, musa y amante de Man Ray. Su nombre real era Alice Ernestine Prin (1901-1953). Se conocieron en el otoño de 1921 y tuvieron una relación tormentosa de ocho años; vivió con él en su estudio hasta 1929, y él le hizo cientos de retratos.

Después de esta foto, muchos artistas quedaron fascinados con ella y la eligieron como modelo: causó sensación. La lista de quienes la retrataron da idea del personaje: Chaïm Soutine, Tsuguharu Foujita, Francis Picabia, Jean Cocteau, Alexander Calder, Moïse Kisling, Pablo Gargallo, Sanyu y Per Krohg, entre otros.

¿Y por qué «de Ingres»?

Lo del violín ya se ve, por las formas que Man Ray colocó en la espalda de Kiki. Pero, ¿a qué viene Ingres en el título?

Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) fue un pintor francés que a lo largo de su vida pintó varias bañistas: mujeres desnudas, algunas de espaldas, con turbantes, porque buscaba inspiración en un mundo oriental. Y esas bañistas tenían su toque de sensualidad y erotismo.

Hay dos obras suyas muy famosas que están en el Louvre y lo demuestran: La bañista de 1808 y El baño turco de 1862, donde se ven posturas muy similares a la de Kiki en la fotografía.

Un par de precisiones sobre esos dos cuadros. La primera es La bañista de Valpinçon, de 1808: una mujer desnuda vista de espaldas y tocada con un turbante. Y esa misma figura reaparece casi idéntica, décadas después, como elemento central de El baño turco, pintado entre 1852 y 1859 y modificado en 1862, que es la fecha que suele darse.

Y no es casualidad. Man Ray le hace un guiño al pintor: su modelo tiene el mismo toque sensual, la misma postura de algunas bañistas de Ingres, el turbante en la cabeza, y aparece entre paños. Solo que Man Ray le pone su toque contemporáneo, más surrealista y más picante.

El chiste del título

Porque todo esto tiene relación. Se dice que uno de los pasatiempos de Ingres era tocar el violín, y de pronto Man Ray convierte la espalda de una mujer en un violín, y él viene a ser el Ingres de esa fotografía: el autor.

Lo del violín de Ingres no es una anécdota menor, y está mejor documentado de lo que parece: Ingres estudió con el violinista Lejeune y entre los trece y los dieciséis años fue segundo violín en la Orquesta del Capitolio de Toulouse. Ya de adulto seguía tocando con amigos. De ahí que en francés «violon d'Ingres» se convirtiera en una expresión hecha para nombrar la afición que uno cultiva al margen de su oficio.

Entonces, ¿qué nos está diciendo? Que el pasatiempo de Ingres era tocar el violín y el suyo era la modelo. Por ahí va la cosa.

Aunque la obra está influida por el surrealismo, así que Man Ray junta un cuerpo humano con la forma de un instrumento musical y a volar la imaginación: cada cual que interprete lo que le parezca.

Y esa metáfora, en la época en que la hace, en 1924, hace la fotografía aún más valiosa, porque es uno de los pioneros en demostrar que la técnica fotográfica podía ir más allá de exponer la realidad tal cual y podía emplearse con un sentido artístico.

Cómo se hicieron las efes

Más allá de lo original de la idea, ¿qué otros factores la llevaron a ser la fotografía más cara vendida en la historia?

El primero, que la técnica era muy novedosa para la época, y eso lógicamente incrementaba su valor.

Man Ray cortó agujeros en forma de efe en una hoja de papel grueso, colocó esa plantilla sobre una hoja de papel fotográfico y la expuso a la luz, con lo que los agujeros se imprimieron. Relacionado con el rayograma. Después la imagen de Kiki se imprimió sobre esa misma hoja mediante el negativo original y una ampliadora, y las dos exposiciones se combinaron para crear la obra.

Es decir, fotomontaje, que consiste en superponer imágenes para que el resultado sea una sola.

Y aquí está el dato que el episodio subraya, y que conviene confirmar: contrario a lo que muchos pudieran pensar, esas efes no fueron pintadas sobre el cuerpo de la modelo. Kiki nunca se manchó.

Es correcto, y tiene un matiz que lo hace más interesante: hay varias copias de esta imagen hechas con procedimientos distintos. En la versión que se publicó en la revista Littérature de André Breton, Man Ray sencillamente pintó las efes a mano, con tinta, sobre la copia. En la copia grande —la que se subastó— usó el procedimiento de la plantilla y la ampliadora que se acaba de describir. En ningún caso se pintó sobre la espalda de Kiki: siempre se añadieron a la copia fotográfica, no al cuerpo.

El pedigrí

Además, hoy es una obra con pedigrí.

Pertenecía desde 1962 a la empresaria y mecenas estadounidense Rosalind Gersten Jacobs y a su marido Melvin Jacobs, una pareja con vínculos muy cercanos con numerosos artistas. La compraron directamente al propio Man Ray.

De hecho, la subasta en la que se vendió se llamó «El mundo surrealista de Rosalind Gersten Jacobs y Melvin Jacobs», y allí se vendieron también otras fotografías, obras de arte y joyas.

Este récord y las ventas de la colección en general demostraron que hay un nuevo despertar del interés hacia el surrealismo, según dijo el propio director de Christie's América tras la subasta.

Y el comprador

¿Se sabe quién fue? No: fue un comprador anónimo. Nos quedamos con la duda.

El caso es que se llevó una de las fotografías más icónicas del siglo XX e hizo historia por la suma que pagó.

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