Episodio 07Mercado del arte
El mundillo de las subastas
2 de noviembre de 2021

¿Quién da más? ¿Cuántas veces has escuchado esa pregunta? Y cuando la escuchas, te viene a la mente una sala llena de personas que compiten para ver quién paga más por una determinada obra de arte o reliquia, frente a una persona que es la que va dirigiendo todo este show. Un show que, por supuesto, tiene nombre. ¡Subasta!
Probablemente casi todos hemos visto alguna. Lo que quizás no de manera presencial, sino en películas, en YouTube, en Instagram. Y de ahí la pregunta que arma el episodio: ¿de veras sabemos cómo funcionan estos eventos? ¿Cómo se organizan? ¿Qué se esconde detrás de esa archiconocida ceremonia?
Porque la subasta no es solo una ceremonia: es uno de los principales agentes del mercado del arte. Hoy mi amiga Carolina y yo estaremos adentrándonos en todo ese mundillo, así que La Habana y Valencia se unen en este episodio.
La palabra viene de una lanza clavada en el suelo
Antes de nada, el vocabulario. En el contexto de una subasta, cuando decimos puja nos estamos refiriendo a la cantidad de dinero que cada persona está dispuesta a ofrecer por lo que se está subastando. Y, por supuesto, siempre ganará la puja que sea más alta.
Pero el origen de la palabra «subasta» es mejor todavía. Se deriva de sub y hasta; o sea, por debajo del hasta, que era un arma, una lanza que usaban los antiguos romanos.
¿Y por qué una lanza? Porque cuando los romanos ganaban alguna batalla, ponían a la venta el botín del enemigo. Y justo en el lugar donde se realizaba esa acción clavaban un hasta o lanza, indicando que la venta se estaba haciendo bajo el permiso de las autoridades públicas. Así diferenciaban sus productos de los de reventa, y la persona que ofrecía un precio más alto por un artículo que estuviera bajo el hasta era la que se lo llevaba.
Retén la imagen, porque explica la institución entera: una lanza clavada en el suelo es un sello oficial. La venta pública nace necesitando que alguien certifique que es legítima. Dos mil años después, eso sigue siendo el negocio.
Y hay una frase del episodio que conviene no pasar por alto. Estas ventas públicas existen desde tiempos remotos y, desgraciadamente, a veces las subastadas eran nada más y nada menos que personas: lo mismo esclavos que mujeres.
El siglo XVIII y dos nombres que no se han movido de ahí
Realmente no fue hasta finales del siglo XVII que esta forma de venta pública se empezó a implementar sistemáticamente. Ya en el siglo XVIII surgen en Londres las que son las dos casas de subastas más famosas a nivel mundial hasta la actualidad: Sotheby's y Christie's. A partir de ese siglo quedó establecida esta práctica como una actividad especializada.
Las dos fechas exactas, para quien quiera anclarlas, según las fichas de Wikipedia de las dos casas: Sotheby's se estableció el 11 de marzo de 1744 en Londres, y no la fundó un marchante de arte sino un librero, Samuel Baker. Christie's la fundó James Christie en 1766, y celebró su primera venta en Londres el 5 de diciembre de ese año. Veintidós años separan a una de la otra, y las dos siguen siendo, dos siglos y medio después, las que marcan el precio de casi todo.
Un matiz sobre lo de «casas inglesas», que el episodio menciona al final : lo son por fundación, no por propiedad. Según las mismas fichas, Christie's es desde 1998 del grupo francés Artémis, de François Pinault, y Sotheby's fue comprada en 2019 por el empresario Patrick Drahi, con sede operativa en Nueva York. Londres sigue siendo el escenario; el capital hace tiempo que no.
Desde entonces, la definición no ha cambiado: una subasta es un tipo de venta en la que el subastador invita al público a pujar para adquirir los bienes ofertados, que serán adjudicados a quienes realicen la mejor oferta. Y la venta queda formalizada con un golpe de maza o martillo: el clásico martillazo final.
La otra palabra imprescindible es lote. Los bienes que se ponen en venta se separan en lotes, que pueden estar compuestos por un artículo —por ejemplo, una pintura puede ser un lote— o por varios artículos que componen un solo lote.
La parte que no sale en las películas
Aquí está el corazón del episodio, y el motivo de insistir en lo de «actividad especializada». La subasta es algo más complejo que la clásica escena de la puja y el martillazo sellando la venta: hay todo un proceso previo que acometen los integrantes de estas casas para llegar al famoso día, y también un proceso posterior.
Primero hay que conseguir las obras. Las casas de subastas deben adquirir primeramente las obras que van a vender, y esto lo hacen por diferentes vías: comprándolas a coleccionistas, en ferias, en otras subastas. También suele pasar que los coleccionistas les cedan a la casa una obra en depósito para que esta se la venda a manera de intermediaria. O muchos artistas contemporáneos ofrecen su obra directamente al evento, actuando entonces como autores y propietarios a la vez.
Después hay que elegir. Y elegir es el oficio. Los expertos de las casas tienen que ser personas muy conocedoras del mercado, y lo que valoran, pieza por pieza, es esta lista: que sea original, su estado de conservación, cuán llamativas o raras puedan resultar, su trayectoria, su nivel de artisticidad, los precios que están dominando los diferentes sectores del mercado y, en definitiva, seleccionar las que ellos consideren que tendrán más demanda. Y muy importante: tasarlas.
Luego se monta la expectativa. Se determina y se da a conocer el día y la hora en que se celebrará la subasta pública, y aproximadamente dos semanas antes se difunde un catálogo, de ser posible bien atractivo a la vista, con todos los lotes que estarán subastándose: descritos, numerados, con fotografías indicativas.
En ese catálogo va el dato que decide si la obra se vende o no: el precio de salida de cada lote, que es el precio mínimo por el cual se venderá. En el caso de las obras que no son propiedad de la casa, su precio de salida se establece entre el propietario y los organizadores del evento.
¿Y si nadie llega a ese precio? La obra no se vende, a menos que el vendedor aceptara reducir ese precio, algo que no se estila mucho. Durante las jornadas previas se suelen exponer las piezas en la sala para que los interesados las vean. Hasta que llega el gran día.
VIP, BOP y la persona que sostiene la tensión
Las subastas de arte, como norma general, son de acceso público, y existen en el mundo cientos de casas que se dedican a esto. Pero en casas como Sotheby's y Christie's, donde se realizan las subastas más importantes a nivel mundial, hay que pagar entrada.
Y aquí llega el detalle más comentado del episodio. Las entradas se dividen internamente en VIP —las personas que se sientan en la sala principal— y en BOP, o sea, Very Ordinary People, personas ordinarias, a las que les corresponde la sala de los lados. El propio episodio pone la advertencia que hay que poner: estas muchas veces son estrategias internas de las casas; o sea, esas categorías como que no se revelan explícitamente, pero los conocedores del tema saben que así funcionan. Trátalo como lo que es: el dicho del gremio, no una política publicada.
Todo este show, en el que participarán VIPs y BOPs —que estos últimos de ordinarios no deben tener nada—, estará dirigido por un subastador: una persona, la mayoría de las veces carismática y profesional, que intenta mantener cierta tensión en la puja para hacerla más atractiva, y que a veces se acompaña de registradores que van anotando los remates y le avisan de nuevas pujas.
Fíjate en el verbo: mantener la tensión. No es adorno. Es el trabajo.
Al alza o a la baja: los dos sistemas
Casi siempre se emplea el sistema inglés, o de precio ascendente; subastas al alza, también se les llama. Esto quiere decir que las pujas se inician bajas y el subastador pide precios cada vez más altos.
Pero hay otro, y es exactamente el contrario: también están las subastas a la holandesa, donde se parte de un precio alto que poco a poco va bajando. Aunque realmente las más comunes son las del precio ascendente.
Ocho monedas en una pantalla y cinco maneras de pujar
En medio de toda la adrenalina de la puja, las grandes casas tratan de facilitarle al máximo las cosas a los postores. Así que colocan en la parte delantera de la sala una gran pantalla que proyecta cada puja simultáneamente en libras esterlinas, dólares americanos, euros, francos suizos, dólares de Hong Kong, yenes japoneses, rublos rusos y yuanes. Las conversiones están automatizadas.
Esa pantalla es un mapa del mercado: cada divisa es una plaza desde la que se espera que alguien puje.
Cuando los postores llegan a la sala deben registrarse y tomar una paleta con el número de identificación, aunque se dice que los más prestigiosos no tienen necesidad de hacerlo. En esa sala lo mismo puede haber directores de prestigiosos museos a nivel mundial, coleccionistas súper renombrados, agentes que pujan a nombre de reconocidos coleccionistas, famosos marchantes o nuevos compradores que se inician en este mundo.
Y no hace falta estar allí. Tampoco es necesario que los compradores estén físicamente en la sala; hoy día sobran las alternativas. El episodio enumera cuatro:
Por teléfono. Te registras, dices qué piezas te interesan antes de que empiece la subasta y te llamarán unos cinco minutos antes de que la pieza que te interesa salga, para estar preparados. Cuando sale, un empleado de la casa te va diciendo cómo van las pujas y comunicas las tuyas. Por eso en las subastas de los últimos tiempos vemos a tantas personas hablando por teléfono.
En línea. Simplemente te registras y entras a una plataforma que ya casi todas estas casas tienen, y desde allí tú misma controlas tus pujas.
La puja silenciosa. Le dejas a la casa de subastas una cantidad por escrito hasta la que estarías dispuesto a pujar para comprar la obra que quieres.
Por representante. Otros optan por pedirle a un agente que los represente en la sala.
Y cuando cae el martillo no se acabó: una vez finalizada la puja, la casa recoge el dinero del pago, se ocupa de la entrega de las obras y cobra comisiones.
Dos ventas que hicieron saltar la banca
Algunas subastas en los últimos tiempos han llegado a ser escandalosas por la peculiaridad de las obras que se han vendido a precios exorbitantes. El episodio cita dos, sin detenerse: el NFT de Beeple, del que hablábamos en el primer episodio de este podcast, y una obra que al ser vendida se autodestruyó, de Banksy, un artista del que también hemos estado hablando.
Vale la pena tenerlas con sus cifras, porque son las dos ventas que explican por qué este episodio existe:
El NFT. Everydays: The First 5000 Days, de Beeple, se vendió en Christie's el 11 de marzo de 2021 por 69,3 millones de dólares. La puja había abierto en 100 dólares el 25 de febrero. Según The New York Times y ARTnews, a falta de segundos iba por debajo de 30 millones; una cascada de pujas de última hora forzó dos minutos de prórroga y llevó el martillo a 60 millones (69,3 con comisiones). Fue el primer NFT puramente digital vendido por Christie's y convirtió a su autor, de la noche a la mañana, en uno de los artistas vivos más caros del mundo.
La trituradora. En 2018, Girl with Balloon de Banksy empezó a destruirse sola en plena sala de Sotheby's, justo después de venderse por 1.042.000 libras (unos 1,37 millones de dólares); el mecanismo escondido en el marco se paró a mitad de la imagen. Lo que quedó se rebautizó Love is in the Bin y volvió a salir a subasta en Sotheby's el 14 de octubre de 2021: 18.582.000 libras, unos 25,3 millones de dólares. Triplicó con creces su estimación máxima. La obra rota valió casi dieciocho veces lo que la obra entera.
De hecho, quizás haremos un episodio para hablar con más calma de todas estas ventas, dicen aquí. Lo hicieron: seis semanas después.
La pregunta incómoda: ¿mercado o espectáculo?
Y entonces llega la pregunta que da sentido al episodio entero. ¿Crees que las subastas, sobre todo las que se realizan en estas grandes casas como Sotheby's y Christie's, se han convertido en alguna medida en shows sensacionalistas o frívolos, más que en lugares donde se promueva el arte de calidad?
La respuesta no esquiva nada. Las casas de subastas han alcanzado tanto prestigio que se han convertido en agentes de legitimación comercial y en un elemento de distinción social. Hasta el punto de que hay personas a las que les interesa más adquirir una obra de Christie's que de un artista en específico: llega a dar más estatus a veces el nombre de la casa que el de la propia obra en venta.
De ahí sale el diagnóstico: dentro de estas grandes casas se ha creado como un aura especulativa que ha ocasionado que los mayores precios dentro del mercado del arte procedan precisamente de las subastas. Y no siempre lo que alcanza elevadísimos precios es el arte de mejor calidad.
El mecanismo por el que eso pasa está contado con una precisión que agradece cualquiera que trabaje en esto. Los resultados de ventas de estas casas aparecen en los principales medios de comunicación internacional. Entonces los propios coleccionistas y los mismos artistas, a veces solapadamente, van hipervalorizando determinadas obras o tendencias artísticas hasta convertirlas en modas. Todos quieren adquirirlas, mientras que otros estilos o tendencias de igual o mayor calidad, artísticamente hablando, quedan relegados.
Léelo otra vez: la prensa amplifica el precio, el precio crea la moda, la moda sube el precio. El circuito se alimenta solo, y lo que queda fuera no queda fuera por malo.
Lo que sí hay que reconocerles, y lo que no
El episodio no se queda en la crítica fácil. Si hay algo que destacar en estas casas es el nivel de preparación de sus expertos en diferentes campos; no en vano se han ganado convertirse en voces autorizadas a nivel mundial. También representan una garantía en términos de legalidad y autenticidad de las piezas que venden.
Aunque los escándalos nunca faltan. Christie's y Sotheby's han sido cuestionadas en los últimos tiempos porque han subastado obras que son patrimonio de la humanidad, como es el caso de objetos precolombinos, que encierran en sí un inmenso valor cultural.
Y el problema de fondo es la trazabilidad. Muchos se cuestionan la procedencia de estas piezas y su autenticidad, porque se dice que se adquirió de tal galería, que a su vez lo adquirió de tal coleccionista, pero llega el momento en que el rastreo se torna nebuloso. Entonces se acusa a estas casas de vender piezas arqueológicas de procedencia dudosa, algunos países les han hecho reclamaciones y entran en procesos legales.
Y esto no era un ejemplo abstracto cuando se grabó el episodio: estaba pasando esa misma semana. En febrero de 2021, Christie's celebró en París la venta Quetzalcóatl, serpiente emplumada —39 lotes de colecciones privadas europeas, 2,5 millones de euros recaudados— pese a las protestas de México; el Instituto Nacional de Antropología e Historia había presentado denuncia ante la fiscalía mexicana en enero. Y el 28 de octubre de 2021, a cinco días de que saliera este episodio, México expresó su «profundo rechazo» a una segunda venta parisina, Pre-Columbian Art & Taino Masterworks: según El Universal, de sus 139 lotes, 87 se atribuían a culturas mexicanas, y el Instituto dictaminó 72 auténticos y 15 de manufactura reciente.
La respuesta de la casa es la que ilustra el problema entero: ante la venta de febrero, sostuvo que las piezas se habían vendido de forma legítima en el marco de un procedimiento de venta pública transparente y conforme a la ley, y que no había recibido ninguna prueba que permitiera cuestionar la legalidad de la venta. Ahí está el nudo: legal y legítimo no son la misma palabra, y el rastreo que se vuelve nebuloso es justo lo que impide demostrar la diferencia.
Fíjate en la ironía: la institución nació clavando una lanza para certificar que la venta era legítima, y su punto débil sigue siendo exactamente ese.
El mapa no acaba en Londres
Durante el episodio hemos mencionado sobre todo a las casas inglesas Sotheby's y Christie's porque son las dos más famosas, más mediáticas. De hecho, Londres es una de las capitales que lidera el mercado del arte en Europa. Pero países como Estados Unidos también tienen una gran tradición en la celebración de subastas de arte y de todo tipo de objetos, y hay importantes mercados en China, Francia y Alemania.
El episodio se despide dejando la puerta abierta: por lo pronto salimos de este mundillo, pero seguiremos tras las pistas de los escándalos, las ventas en cifras astronómicas y también analizando de cerca interesantes fenómenos a través de estas reconocidas firmas.
Y lo cumplieron. Este episodio salió el 2 de noviembre de 2021; seis semanas después, el 14 de diciembre, el podcast dedicó un episodio entero a repasar los récords de ventas de ese año, con Beeple, el Botticelli de 92 millones, el oso de Da Vinci, la colección Macklowe y la Frida Kahlo más cara de la historia. Aquí está el manual de cómo funciona la máquina; allí, lo que la máquina hizo en un solo año.
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