museo louvre

Episodio 59

Publicado el 22 de enero de 2023 · Duración: 14:56 min

La historia detrás del LOUVRE

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Antes de ser museo fue una fortaleza

Dicen que ni cien días alcanzarían para ver el Louvre entero. Alberga la obra más famosa del mundo, la Mona Lisa, y es hoy el museo más visitado, pero no siempre cumplió esa función: tiene ochocientos años de historia y ha pasado por transformaciones que cuesta imaginar.

Se construyó como una sólida fortaleza para proteger de los ataques a la creciente ciudad de París, allá por el siglo XII. De esa función viene su nombre: procede de una palabra franca que significa lugar fortificado. La levantó el rey Felipe Augusto junto con el primer recinto amurallado de la ciudad, para defender las orillas del Sena de los invasores, en la orilla derecha del río. Todavía hoy pueden verse los restos arqueológicos de aquella fortaleza original en el nivel inferior del museo.

De fortaleza a residencia real

A lo largo de la Edad Media se renovó varias veces, hasta que en el siglo XIV Carlos V decidió convertirla en residencia real, y llegó a ser la más célebre de la Europa de su momento: aposentos, lugares de entretenimiento, una biblioteca real.

La guerra de los Cien Años dañó la edificación, y ya a principios del siglo XVI Francisco I la demolió para levantar una residencia mucho más grande y en estilo renacentista. Fue él quien invitó a Leonardo da Vinci a Francia, y por esa vía llegaron a la colección real piezas importantísimas como la Mona Lisa.

El megaproyecto se interrumpió con la muerte del monarca, y fue la reina Catalina de Médici quien dirigió después la construcción de un palacio a su medida: el Palacio de las Tullerías. Ya no existe, lo destruyó un incendio en 1871 y solo queda un fragmento, pero cumplió su propósito: le sirvió de retiro, lejos del tumulto de la corte y lo bastante cerca como para mantener su influencia política.

Los trabajos los continuó Enrique IV, y durante su reinado empieza lo que en la historia del Louvre se conoce como el gran diseño: eliminar los restos de la fortaleza medieval, ampliar el espacio y crear una gran galería entre el Louvre y las Tullerías. Enrique IV fue además un promotor constante de las artes: invitó a artistas y artesanos a vivir y trabajar en las plantas inferiores, una tradición que duró otros doscientos años, hasta Napoleón.

Vinieron después las reformas de Luis XIII y, en la segunda mitad del siglo XVII, el Rey Sol, Luis XIV, que aceleró la terminación de Versalles para que la familia real abandonara el Louvre.

1793: el palacio se abre al pueblo

Queda entonces una pregunta: ¿qué hacer con un palacio real donde ya no vive la familia real? Entre los nobles, intelectuales y artistas que allí residían empezó a circular la propuesta de convertirlo en museo.

El Louvre abrió al público como museo el 10 de agosto de 1793, en plena Revolución Francesa, y ocurrió algo inédito: por primera vez se nacionalizaron obras de colecciones privadas de la monarquía y la aristocracia, y las colecciones fueron creciendo con confiscaciones, victorias militares y donaciones. El acceso pasó a ser libre, sin limitaciones de estatus social o cultural, y por eso el Louvre se considera precedente de los museos nacionales actuales.

Napoleón y las pirámides

Napoleón, para empezar, rebautizó el museo con su propio nombre: Museo Napoleón. Y lo llenó de obras expoliadas por sus ejércitos en Egipto, Grecia, Asia y África. Al caer el régimen, algunas tuvieron que devolverse, pero otras se quedaron, como Las bodas de Caná de Paolo Veronese, clásico de la escuela veneciana y la obra más grande de todo el museo: seis metros de alto por casi diez de largo, más de setenta metros cuadrados. En 1806 mandó construir el Arco de Triunfo del Carrusel para conmemorar sus victorias, y acondicionó salas, oficinas y establos, concretando por fin aquel gran diseño que había proyectado Enrique IV.

Hay que saltar hasta la década de 1980 para el siguiente gran cambio, y con él nace el elemento más polémico de toda la historia del edificio: la pirámide de cristal. La diseñó el arquitecto Ieoh Ming Pei y se inauguró en 1988 para centralizar el acceso de los visitantes, que descienden por ella a un recibidor subterráneo. Hoy es un monumento icónico de París, pero desde el principio dio que hablar por el contraste entre lo clásico del museo y la modernidad del vidrio.

La segunda fase sumó un aparcamiento, un centro comercial y otra pirámide, esta vez invertida, terminada en 1993. No se apoya en el suelo: está suspendida, con la base cuadrada visible desde el exterior y las paredes por debajo del nivel del suelo, y funciona como claraboya que deja entrar la luz.

El Louvre fue además de los primeros museos en abrir franquicias: primero en Lens en 2012, cerca de la frontera con Bélgica, y en 2017 el Louvre Abu Dabi. De fortaleza militar a residencia real y de ahí al museo al que todos queremos ir, el complejo no ha parado de crecer.


Fe de erratas: en el episodio damos dos datos con imprecisiones. El Louvre abrió como museo el 10 de agosto de 1793, no el 8 de noviembre, y lo inauguró la Convención Nacional revolucionaria en el primer aniversario de la caída de la monarquía (fuente). Y Leonardo da Vinci no participó en las obras del Louvre: Francisco I lo invitó a Francia en 1516 y Leonardo murió en 1519, mientras que la reconstrucción del palacio no arrancó hasta 1546, con Pierre Lescot al frente (fuente).

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