Episodio 01Mercado del arte
NFT... ¿moda o futuro?
21 de septiembre de 2021

Este fue el primer episodio de Uy, el arte, y arrancó con el tema que más agitaba el mundo del arte en aquel momento: los NFT. Hacía unos cuantos meses que existía una especie de furia NFT, hasta convertirse en un boom mediático.
La pregunta con la que se cierra el episodio es la que da título a todo esto: ¿es solo moda pasajera, o el futuro?
Cinco años después, esa pregunta tiene respuesta, y está al final de esta página. Pero conviene llegar a ella por el camino que trazó el episodio, porque lo que explica sigue siendo exacto.
El caso que lo detonó todo
Existe un artista estadounidense cuyo seudónimo es Beeple, que durante años había estado colgando en internet, a diario, una obra digital de su autoría — la mayoría en Instagram. Las llamaba sus everydays. Es diseñador gráfico de profesión, ha trabajado con Ariana Grande, Justin Bieber y Nicki Minaj en la visualidad de grandes espectáculos, y ha colaborado con marcas como Apple, Samsung y Louis Vuitton.
Y sin embargo, hasta poco antes no era un artista especialmente reconocido: sus obras impresas se vendían por unos 100 dólares.
A finales de 2020 empieza a interesarse por los NFT y se lanza vendiendo algunos al precio simbólico de un dólar cada uno. Los compradores muy pronto empezaron a revenderlos, y en una semana cada NFT había aumentado su valor descomunalmente. Eso llamó la atención de Christie's, una de las casas de subastas más prestigiosas del mundo, que por primera vez en la historia subastó una obra en este formato.
El resultado fue totalmente inesperado: en marzo de 2021, el NFT se vendió en más de 69 millones de dólares. La obra se llama Everydays: los primeros 5.000 días, y es un collage digital que reúne las 5.000 piezas que había ido subiendo día tras día.
De cien dólares la lámina a sesenta y nueve millones el archivo. Ese salto es el que hay que tener en la cabeza para entender todo lo demás.
Y hay algo sobre esa subasta que el episodio no menciona, y que cambia bastante cómo se lee:
Según la Wikipedia en inglés, el artista se llama Mike Winkelmann, y la cifra exacta fue de 69,3 millones de dólares. Lo compró Metapurse, un estudio de NFT y fondo cripto financiado por un tal Metakovan — seudónimo del inversor Vignesh Sundaresan, radicado en Singapur.
El comprador no era un coleccionista neutral. Según Wired (12 de marzo de 2022), Sundaresan poseía además el 59 % de los tokens B20, unos tokens respaldados precisamente por una colección de obras de Beeple. Los B20 salieron al público el 23 de enero a 36 centavos y llegaron a 23,62 dólares, una subida del 6.461 %, apenas un par de días antes de que terminara la subasta de los 69 millones.
Dicho claro: quien pagó el precio récord tenía un interés financiero directo en que ese precio fuera récord.
Conviene tenerlo presente al leer el resto, porque es exactamente la especulación que el propio episodio señala más adelante como el motivo de preocupación — presente ya en la transacción fundacional que todo el mundo cita.
Qué es exactamente un NFT
NFT son las siglas en inglés de Non-Fungible Token: un token no fungible. Dicho así no dice nada, de modo que el episodio lo desarma por partes, y lo hace muy bien.
Token. No son algo nuevo, existen desde hace mucho: son unas especies de fichas que sustituyen al dinero real — tienen valor, pero no son monedas ni billetes. Como las fichas de un casino, que son pedacitos de plástico y representan dinero. Con internet aparecieron los tokens virtuales, y en ese contexto se llama token a productos digitales: monedas, memes, sellos, obras de arte. Por eso se oye que alguien «tokenizó» un meme: lo convirtió en un producto digital encriptado con un valor.
No fungible. Algo es fungible cuando puede cambiarse por otro del mismo valor. El dinero lo es: si cambias un billete de 20 dólares por otro de 20, o por dos de 10, no pierdes nada. En cambio, algo es no fungible cuando tiene características únicas y por tanto no puede intercambiarse: una obra de arte, con sus trazos originales, su fecha, su subjetividad.
La analogía que usa el episodio es la mejor del capítulo: si le prestas tu Van Gogh a una amiga para una exposición, cuando acabe no querrías que te devolviera otra cosa. Eso es la no fungibilidad, explicada sin una sola palabra técnica.
Juntando las dos mitades: un NFT es un producto digital encriptado con un valor único e irrepetible. Beeple tomó su collage, lo tokenizó y certificó que ese era el original; lo que se subastó fue ese certificado. Por tanto, quien compra un NFT obtiene un certificado de propiedad digital.
¿Y cómo se verifica que sea original? La compraventa se hace con criptomonedas, y el certificado de la transacción queda registrado mediante la tecnología blockchain, o cadena de bloques, que crea copias de ese certificado en una red de ordenadores de todo el mundo, no en uno solo: alguno puede fallar, pero siempre estará en muchos otros.
Lo que se llegó a vender
- El meme de la niña desastre —la que mira con carita pícara mientras al fondo arde una casa—: la propia protagonista, ya adulta, lo convirtió en NFT y lo vendió por unos cuantos cientos de miles de dólares.
- El primer tuit de la historia, vendido como NFT por nada menos que 2,9 millones de dólares. Lo había escrito uno de los fundadores de Twitter y decía, en inglés, que solo estaba configurando su twttr. Cinco palabras con dueño.
- El primer artículo de The New York Times distribuido como NFT —una columna de Kevin Roose de marzo de 2021; el episodio habla del primer artículo publicado—, vendido por unos cuantos cientos de miles.
- El meme del Nyan Cat, que algunos consideran el primer meme de la historia: casi 600.000 dólares por un gif de un gato con cuerpo de galleta volando por el espacio.
- Y un vídeo de Beeple de diez segundos, que cualquiera puede ver en internet, que un inversor revendió por 6,6 millones.
Las fichas, con nombre y cifra, porque detrás de cada meme hay una persona:
| obra | autor | cuándo | precio |
|---|---|---|---|
| Nyan Cat | Chris Torres, que lo creó en 2011 | feb. 2021, en Foundation | 300 ETH ≈ 587.000 $ |
| Disaster Girl | Zoë Roth, la niña de la foto | 17 abr. 2021 | 180 ETH ≈ 486.716 $ |
| columna de The New York Times | Kevin Roose | mar. 2021, en Foundation | 350 ETH ≈ 565.915 $ |
| Crossroads, el vídeo de 10 s | Mike Winkelmann (Beeple) | feb. 2021, en Nifty Gateway | 6,6 millones $ |
Fuentes: Gizmodo (Nyan Cat), la Wikipedia (Disaster Girl), Benzinga vía Yahoo (la columna de Roose) y ARTnews (Crossroads).
Dos apuntes sobre esa tabla que valen más que las cifras.
El primero: según Reuters, Crossroads se había comprado en octubre de 2020 por casi 67.000 dólares (66.666,66, según la Wikipedia). Se revendió por 6,6 millones unos cuatro meses después. Noventa y nueve veces más. Esa es, con números, la especulación que el episodio señala unos minutos más tarde.
El segundo, y es el bueno: según la Wikipedia, Zoë Roth se lleva un 10 % de royalties de cada reventa futura de su propio meme. Es exactamente el mecanismo que el episodio celebra más abajo, funcionando para una persona real y para una imagen suya que dio la vuelta al mundo.
Y según la propia columna de Roose, recogida por Benzinga vía Yahoo, la columna del Times fue el primer artículo en casi 170 años de historia del periódico distribuido como NFT; lo recaudado fue al Neediest Cases Fund.
La pregunta incómoda
Esa última cifra lleva a la duda de fondo: muchas de esas obras están en internet, al alcance de todos. Las de Beeple están en Instagram. Entonces, ¿qué beneficio aporta comprar el NFT?
La respuesta honesta del episodio: en la mayoría de los casos, quien lo adquiere solo posee un certificado que afirma que es el propietario, lo que no impide que otros la vean, la consuman y la sigan distribuyendo. Eso sí, puede revenderlo, muchas veces más caro.
El motivo «más noble», dice el episodio, es la exclusividad. Puede haber un sinfín de reproducciones de la Gioconda, pero la de Leonardo es la que todo el mundo idolatra; las obras digitales, en cambio, se duplican sin límite, y el NFT viene a dar la posibilidad de ser dueño de una certificada por el autor. Por eso mucha gente dice que es como comprar una copia autografiada.
Y el motivo menos noble, que el episodio no se calla: comprarlos para revenderlos a precios exorbitantes, creando un mercado y, con él, un área de especulación. Esa situación, dice, es la que preocupa a muchos.
Lo que sí era una buena idea
Hay un aspecto en el que los NFT ofrecían algo genuinamente nuevo para los artistas, y conviene no perderlo de vista: cada vez que la obra cambia de propietario, el artista recibe ganancias. La blockchain guarda las trazas, todas las ventas futuras quedan registradas, y el autor puede cobrar cada vez que su obra cambia de manos.
Por el método tradicional, con excepciones, una vez que el artista vende una obra ya no recibe nada más por ese concepto. En ese sentido, los NFT eran mucho más generosos con los artistas.
Las dudas que el episodio planteó en 2021
Y aquí está lo que hace que esta show note merezca leerse hoy, porque el episodio acertó en casi todo lo que advirtió:
- La burbuja. «Hay quienes los ven como una burbuja que puede explotar en cualquier momento», porque cuando se ven esos precios es normal pensar en especulación y enriquecimiento a corto plazo. Y una frase que vale su peso: las burbujas no se sabe que son burbujas hasta que explotan.
- Los primeros síntomas. «Ya se registra una baja de las ventas en los NFT, que puede ser indicador de que ya haya estallado».
- El problema medioambiental, por depender de muchos ordenadores en red con un flujo eléctrico constante.
- Las estafas y engaños, porque el entorno no estaba regulado y ya había habido ventas de NFT por personas que no eran los autores y sin su permiso.
Y la conclusión con la que se cerró: «yo opino que los NFT llegaron para quedarse», y su futuro dependerá de lo que los artistas hagan con ellos y de la calidad de sus propuestas.
Cinco años después: lo que pasó
Este episodio se publicó el 21 de septiembre de 2021. Esto es lo que ocurrió con aquella pregunta.
El mercado se desplomó, y con números. El volumen de negociación de NFT, de todo el mercado y no solo del arte, cayó un 97 % en 2022: de 17.000 millones de dólares en enero a 466 millones en septiembre, según datos de Bloomberg que recogió PetaPixel. Las 20 principales colecciones de arte perdieron un 95 % en volumen y ventas, según DappRadar (mayo de 2025).
El precio medio de una venta cayó un 92 % desde mayo de 2022: de 3.894 dólares a 293 en julio, según Chainalysis.
Y la gente se fue: los operadores activos de NFT de arte pasaron de 529.101 en 2022 a 19.575 en el primer trimestre de 2025, un 96 % menos, según DappRadar.
Pero hay un caso concreto que lo resume mejor que cualquier porcentaje, y es precisamente uno de los que el episodio celebró:
El primer tuit de la historia. Según CoinDesk (13 de abril de 2022), lo compró Sina Estavi en marzo de 2021 por los 2,9 millones que cuenta el episodio. En abril de 2022 lo sacó de nuevo a subasta pidiendo 48 millones.
La puja se cerró con siete ofertas. La más alta fue de 0,09 ETH, unos 280 dólares. La más baja, de unos 6.
De 2,9 millones a 280 dólares en trece meses. Esa es la respuesta a la pregunta del episodio, y no hace falta adornarla.
Conviene decir, en honor a quienes grabaron esto, que no apostaron a ciegas. El episodio opinó que los NFT llegaron para quedarse, pero enumeró las razones para desconfiar —la especulación, la falta de regulación, las estafas, el coste energético— y dejó dicho que las burbujas solo se reconocen al estallar. Incluso señaló que ya se veía una caída de ventas. Le faltó saber que el pico de verdad aún estaba por llegar, en enero de 2022.
Y queda en pie lo que de verdad era bueno de la idea: que un artista pudiera cobrar cada vez que su obra cambia de manos. Ese problema —que el creador no ve un céntimo de las reventas— sigue sin resolverse. La tecnología que lo prometía se hundió arrastrada por el uso que se le dio.
Como dijo el propio episodio: su futuro dependería de lo que los artistas hicieran con ellos. No dependió de los artistas.
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