
Episodio 72
Publicado el 12 de julio de 2023 · Duración: 13:29 min
¿Arte sin tecnología?
Para crear arte no basta con el talento y la inspiración. Hacen falta los medios necesarios para concretarlo. Algunos nos parecen muy simples, como los pinceles o los lienzos, pero no siempre estuvieron ahí, y en su momento supusieron un gran paso adelante en la creación artística. ¿Cuánto ha ayudado la tecnología al arte?
Es un episodio pedido por oyentes, y llega en pleno debate: en los últimos tiempos ha habido avances tecnológicos muy impactantes que se han llevado al terreno artístico y han causado revuelo. Como siempre, hay detractores y defensores. Aquí se mira con todos los matices: no todo es bueno, bueno, ni malo, malo.
Una relación antiquísima
Cuando se habla de arte y tecnología, todo el mundo piensa en la era digital, y hoy sobre todo en la inteligencia artificial. Pero la vinculación del arte con la tecnología es antiquísima, y muchas veces ni se piensa en ello.
El pincel y el lápiz nos parecen simples, pero en su momento fueron muy revolucionarios. Son inventos tecnológicos y a la vez herramientas inseparables del arte más tradicional. Todas las manifestaciones artísticas, antiguas y contemporáneas, han evolucionado gracias a una base tecnológica, por sencilla que parezca.
Un ejemplo evidente: la Venus de Willendorf, escultura prehistórica, frente al David de Miguel Ángel. Tienen estéticas muy distintas, porque nacen en culturas y épocas diferentes, pero también porque las herramientas para tallar eran otras. Los utensilios de la prehistoria no tienen comparación con los del Renacimiento.
Hay una relación proporcional: a medida que una se perfecciona, la otra también. La tecnología le da al arte cada vez más alternativas para desarrollarse, y los artistas las toman o las dejan. No es una camisa de fuerza.
La cámara oscura, una heroína anónima
En el Renacimiento las artes florecieron y se buscaba la perfección en la representación, el parecido con la realidad. Esa búsqueda tuvo un apoyo tecnológico: la cámara oscura, que creaba un efecto óptico y permitía dibujos mucho más realistas. Casi una heroína anónima.
El procedimiento se fue perfeccionando con espejos cóncavos y lentes. Según el episodio, es muy probable que la utilizaran artistas como Brunelleschi, y después pintores como Caravaggio, Vermeer y Canaletto.
Los casos no son iguales. El de Canaletto está documentado: su contemporáneo Antonio Maria Zanetti escribió en 1771 que Canaletto enseñaba el uso correcto de la cámara oscura, y el Museo Correr de Venecia conserva una caja con el nombre «A CANAL» grabado que pudo ser suya. El de Vermeer es un debate abierto: muchos especialistas aceptan que la usó de algún modo, como defiende el arquitecto Philip Steadman en «Vermeer's Camera», pero no quedan dibujos ni inventarios que lo prueben. Y Brunelleschi, en su famoso experimento de perspectiva, no usó una cámara oscura, sino una tabla pintada con un agujero y un espejo enfrente, según explican Smarthistory y la Khan Academy.
La revolución del tubo de pintura
Con la Revolución Industrial se transformaron todas las ramas de la sociedad, y el arte no fue la excepción. Pasó algo muy interesante: el óleo empezó a venderse fabricado industrialmente y envasado en tubos de metal. Hoy parece lo más común, pero marcó un antes y un después en la historia de la pintura.
El artista ya tenía la pintura preparada: se acortaron los tiempos de creación y ganó libertad. Hasta entonces, el pintor estaba atado al taller, porque allí tenía que elaborar sus colores. Con los pigmentos en tubos podía moverse y pintar donde quisiera: caballete, lienzo y pinturas en mano, muchas veces al aire libre.
La Revolución Industrial arranca en el siglo XVIII, pero el tubo llegó en el XIX: lo patentó en 1841 el retratista estadounidense John Goffe Rand, que vivía en Londres. Era un tubo metálico plegable con tapón, y sustituyó a las vejigas de cerdo y las jeringas de vidrio en las que se guardaba la pintura.
De ahí viene en parte la obsesión de los impresionistas por pintar al aire libre e intentar captar la luz natural en el lienzo. Su forma de pintar, rechazada y abucheada en su momento, también fue posible gracias a nuevos componentes químicos de las pinturas, que permitían superponer las pinceladas. En la innovación de los impresionistas, la tecnología puso su granito de arena.
La fotografía, hija ilegítima de la tecnología
Hasta aquí, la relación entre arte y tecnología fue paralela, algo solapada. Pero llegó un momento en que hubo manifestaciones artísticas que se derivaron directamente de la tecnología. La primera, la fotografía.
Capturar las imágenes tal como son había sido el sueño de muchos a lo largo de la historia, también de los artistas del Renacimiento. Y se hizo realidad gracias a experimentos con distintas sustancias químicas. Nicéphore Niépce usó una placa de peltre, betún de Judea y aceite esencial de lavanda, mientras que Louis Daguerre trabajó con cobre y vapores de yodo. Aquel invento captaba fragmentos de la realidad en imágenes fijas y permanentes.
El episodio atribuye el éxito del daguerrotipo a la sociedad entre los dos. La sociedad existió, desde 1829, pero Niépce murió en 1833 y el daguerrotipo fue obra de Daguerre en solitario: una placa de cobre plateada, sensibilizada con vapor de yodo y revelada con vapor de mercurio. El Gobierno francés lo presentó el 19 de agosto de 1839. La primera fotografía, la de Niépce, es de 1826 y usa su propio procedimiento, la heliografía.
Lo curioso es que nació desvinculada del arte, con un propósito más bien comercial. Pero enseguida empezó a afectarlo, porque venía a suplantar el objetivo que había tenido hasta entonces: el mayor parecido posible con la realidad.
En el siglo XIX, cuando un cliente encargaba un retrato, lo que querían los dos era que quedara lo más verídico posible. Con la fotografía, eso ya no hacía falta: ella lo hacía mejor. Así obligó al arte a replantearse su propia esencia y a explorar nuevos caminos, hasta la explosión de las vanguardias del siglo XX, a las que el parecido con la realidad dejó de interesar.
La fotografía también guardó la imagen de obras y monumentos que ya no existen. Y acabó siendo un medio para experimentar con la realidad, crear emociones y metáforas: una manifestación artística en sí misma. La llaman el octavo arte, porque aunque surgió antes que el cine, este obtuvo antes el estatus de arte: el séptimo.
El cine, hijo legítimo
El cine es otro lenguaje artístico, hijo legítimo de la tecnología, que nunca habría existido sin la electricidad y tantos otros avances.
Arte digital: del colibrí al NFT
En unos tiempos totalmente digitalizados, no es de extrañar que el arte se haya sumado: en vez de pinceles, tubos de pintura o cámara fotográfica, los artistas usan el ordenador. Es el arte digital, que emplea la tecnología como herramienta de creación y existe desde los años sesenta del siglo pasado.
Charles Csuri, considerado el padre del arte digital, ya trabajaba en 1964 con gráficos de computadora para hacer animación. Su primera obra fue «Hummingbird»: un colibrí dibujado solo con líneas. Generó en total 30.000 imágenes para conseguir 25 secuencias en movimiento.
«Hummingbird» es de 1967, y se hizo con programas en FORTRAN en el IBM 7094 de la Universidad Estatal de Ohio; el transcript habla de un IBM 1130. Las 30.000 imágenes se dibujaron directamente sobre película con un trazador de microfilm. El MoMA la compró, y fue una de las primeras obras generadas por ordenador de su colección.
Hoy, internet, la nanotecnología, la biotecnología y la realidad virtual abren nuevos caminos a la creación. El arte digital, en sentido general, es todo arte hecho con un ordenador, con posibilidades nunca vistas: el artista puede crear y transformar sus obras sin las limitaciones de los medios tradicionales, y a veces hasta el espectador puede modificarlas.
Hace pocos años apareció el NFT, que le añadió al arte digital la posibilidad de ser coleccionado. De eso trató el episodio número uno de ¡Uy! El arte.
¿Y la inteligencia artificial?
Más recientemente llegó la inteligencia artificial, un camino que a veces asusta. Muchos llegan a pensar que podría dejar sin trabajo a los artistas. Es un tema que da para un episodio completo, con mucha polémica alrededor, y que también han pedido los oyentes.
Lo que queda demostrado es que la tecnología no solo hace evolucionar una disciplina artística: también posibilita su nacimiento. ¿Arte sin tecnología? Imposible. Y esta conversación, de hecho, también se hace a través de la tecnología.
Sigue escuchando
- La continuación de este debate, ya con la inteligencia artificial de por medio, está en Inteligencia Artificial: ¿enemiga del arte?.
- Del NFT, que le dio al arte digital la posibilidad de ser coleccionado, hablamos en nuestro primer episodio, NFT... ¿moda o futuro?.
- De las vanguardias, a las que dejó de interesarles el parecido con la realidad, hablamos de manera general en La revolución de las VANGUARDIAS ARTÍSTICAS.
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