inteligencia artificial y arte

Episodio 76

Publicado el 7 de septiembre de 2023 · Duración: 19:29 min

Inteligencia Artificial: ¿enemiga del arte?

Escúchalo en:

ivooxApple Podcast logoSpotify

Imagina que estás en una exposición. Una obra te llama la atención por su misticismo, sus colores, su posible significado. Miras el pie de obra y lees que la ha hecho una inteligencia artificial. ¿Cómo te sientes? ¿Decepcionado? ¿Asustada?

Esa pregunta incómoda es todo el episodio. Porque está visto y comprobado que cuando alguien descubre que una obra fue generada por inteligencia artificial, las reacciones no suelen ser las mejores.

El caso que encendió la mecha

El Mauritshuis de La Haya, donde se expone habitualmente La joven de la perla de Johannes Vermeer —pintada hacia 1665—, prestó el cuadro al Rijksmuseum de Ámsterdam para una gran exposición dedicada al pintor.

Para no dejar el hueco vacío, el museo convocó un concurso: crear una obra nueva inspirada en ella. Se presentaron alrededor de 3.480 obras; el jurado dejó 170 finalistas en una pantalla y colgó cinco en la pared. Y entre esas cinco había una niña en la misma pose.

Su autor, el neerlandés Julian van Dieken, aclaró él mismo que la había creado con Midjourney y retocado después en Photoshop. Ahí se dispararon las alarmas.

En las redes del museo mucha gente estuvo en desacuerdo: les parecía injusto que una inteligencia artificial compitiera con personas que sí habían dedicado tiempo y esfuerzo a pintar. Algunos fueron más lejos y afirmaron que las imágenes obtenidas así no son arte.

El museo se defendió con el reglamento: el punto de partida era crear una obra nueva inspirada en Vermeer, y los medios eran totalmente libres.

Qué es, en concreto, "arte hecho con inteligencia artificial"

Conviene empezar por el principio. La inteligencia artificial es un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas, buscan imitar el funcionamiento del cerebro humano, apoyándose en buena medida en la investigación sobre las redes neuronales.

Traducido al arte: son obras creadas por una máquina, pero esa máquina pasó antes por un proceso de aprendizaje automático en el que sí estuvo presente el ser humano. La información que la máquina ha hecho suya la recopilaron personas, y son personas las que le dan instrucciones. El proceso de creación, eso sí, es obra de la máquina.

Ese matiz es el que sostiene todo lo que viene después.

El retrato que Christie's vendió por 432.500 dólares

La primera obra hecha con inteligencia artificial vendida en una casa de subastas fue el Retrato de Edmond de Belamy, del colectivo francés Obvious, en Christie's en 2018. Se remató en 432.500 dólares, cuando la estimación previa iba de 7.000 a 10.000.

El colectivo introdujo en un programa datos de 15.000 retratos pintados entre los siglos XIV y XX, tomados de la base de datos WikiArt. El algoritmo fue imitándolos, generando otros nuevos, y se fueron escogiendo los mejores hasta llegar al resultado final.

El nombre esconde un chiste: Belamy es un juego con Ian Goodfellow, el inventor de las redes generativas antagónicas que hacen posible este tipo de obra. En francés, bel ami significa "buen amigo".

Y trajo un conflicto nuevo. La obra no está firmada: lo que aparece en ella es la fórmula del algoritmo que la creó, y ese algoritmo no lo había escrito Obvious. Era código abierto de Robbie Barrat, que entonces acababa de terminar el instituto. Muchos se preguntaron quién debía llevarse el crédito, o incluso los beneficios de la venta. Que la licencia fuera libre no cerró la pregunta: la abrió.

Un Rembrandt nuevo, impreso en relieve

The Next Rembrandt es otra pintura impresionante generada con inteligencia artificial. La realizaron el grupo ING y Microsoft entre los años 2015 y 2016, junto con la agencia J. Walter Thompson, la Universidad Técnica de Delft y dos museos: el Rembrandthuis y, otra vez, el Mauritshuis. Se presentó en Ámsterdam en abril de 2016, tras dieciocho meses de trabajo.

La inteligencia artificial fue entrenada con imágenes de cuadros del artista holandés, sus 346 pinturas conocidas, y con ellas dedujo el retrato más "Rembrandt" posible: un hombre de treinta y tantos, con vello facial, ropa oscura con cuello, sombrero y la cara girada a la derecha. Cuando el algoritmo ya estaba familiarizado con el estilo del pintor, creó un Rembrandt nuevo que se pintó con una impresora 3D, en capas, para imitar el relieve de la pincelada.

El resultado parece pintado por el mismísimo Rembrandt.

La sinfonía que Beethoven dejó a medias

Beethoven dejó inacabada su Décima Sinfonía. Con motivo del aniversario 250 de su nacimiento, el Instituto Karajan de Salzburgo, en Austria, se propuso completarla con ayuda de inteligencia artificial.

Merece la pena precisarlo, porque es justo lo que defiende el episodio: no la terminó una máquina a solas. Su director, Matthias Röder, reunió en 2019 un equipo de musicólogos e informáticos, con el compositor Walter Werzowa encargado de integrar lo que Beethoven había dejado escrito con lo que generaba el sistema. A la máquina se la nutrió con la música de Beethoven y la de otros compositores de su época, y a partir de ahí se completó la sinfonía siguiendo su estilo. Se estrenó en Bonn, la ciudad donde nació el compositor, el 9 de octubre de 2021.

Criaturas que bailan con los bailarines

Las artes escénicas también se han nutrido de todo esto. La compañía española Stocos, fundada por la coreógrafa y bailarina Muriel Romero y el compositor Pablo Palacio, incorpora a sus espectáculos criaturas virtuales que bailan con cierto grado de autonomía.

Interactúan con los bailarines por medio de sensores, en un sistema de captura de movimiento que convierte el gesto del cuerpo en sonido y en imagen. Y bailan con cierta originalidad porque la máquina que las genera estudió antes los movimientos de los intérpretes.

El cine: lo que se espera y lo que ya hace

En el séptimo arte se espera que la inteligencia artificial llegue a escribir guiones mediante generación automática de diálogo, algo que aún está en ciernes.

En lo que ya es experta es en otra cosa: evaluaciones previas de proyectos y guiones, clasificación de películas por edades y detección, dentro de un tráiler, de los momentos que más impactaron al público. Ahí sí es una colaboradora eficaz, porque entrega en minutos lo que a una persona le llevaría mucho más.

A Midjourney se le puede pedir cómo sería una película de los años ochenta al estilo de un cineasta actual —un Titanic dirigido por Greta Gerwig, la directora de Barbie, por ejemplo— y lo resuelve en poquísimo tiempo.

Y no olvidemos lo más cotidiano: detrás de las recomendaciones de plataformas como Netflix hay una inteligencia artificial que ha estudiado qué ves, cuándo, cómo y cuántas veces.

"La muerte del arte": ya vivimos esto con la fotografía

Muchos dicen que estamos viendo la muerte del arte delante de nuestros ojos. El argumento es que lo generado por una máquina es un producto de la tecnología y no de un humano, y por tanto frío, sin subjetividad ni emoción.

Son opiniones muy absolutas. Primero, porque como hemos visto también hay un humano detrás: el que guía la máquina, le mete la información, le da órdenes, elige, descarta y perfecciona después en Photoshop.

Y segundo, porque esto ya pasó. Cuando surgió la fotografía, muchos pensaron que sería el fin de la pintura: si el oficio consistía en imitar la realidad lo mejor posible, ¿qué sentido tenía seguir, si la fotografía la imitaba al pie de la letra?

¿Y desapareció la pintura? Todo lo contrario. Se reinventó. Los artistas empezaron a desfigurar la realidad y se abrió un crecimiento expresivo y formal enorme que tuvo su clímax en las vanguardias del siglo XX.

La comparación se sostiene sola: casi cualquiera puede hacer una foto, y no por eso todas las fotos que hacemos a diario son arte. Con la inteligencia artificial pasa igual. La herramienta puede estar en manos de todos, pero para construir una obra con ella hace falta detrás una persona con sensibilidad, creatividad e ingenio. Es decir, un artista.

Será un binomio máquina-artista, siempre que haya una idea que sustente la creación. Crear por crear o copiar por copiar no es arte: eso sí es frío y repetitivo, y eso sí lo hace la máquina sola.

Queda un cambio de fondo, y no es menor: la capacidad de producción pasará a ser mucho más rápida que la capacidad de consumir. Producir una película lleva muchísimo; verla, una o dos horas. Escribir un libro lleva mucho más que leerlo. Esos tiempos se van a descolocar.

Con todo, los temores están justificados, porque si la máquina ya pinta, compone sinfonías, pone a bailar criaturas en un escenario, escribe guiones y pone voz a los personajes, es normal preguntarse qué pasará con pintores, escultores, cineastas, guionistas y actores.

El invitado que contestó por escrito

En el episodio son cuatro, y no tres: al principio se anuncia un invitado que se queda callado casi todo el programa. Es ChatGPT. Se le hizo la pregunta directa —si la inteligencia artificial acabará con el trabajo de los artistas— y su respuesta se lee en voz alta.

Dijo que no. Que el arte es una expresión creativa y subjetiva que transmite emociones y cuenta historias de manera única; que la máquina genera a partir de patrones y datos, pero le falta la esencia de la experiencia humana y la interpretación personal que un artista aporta a su obra. Que sí se usa ya en la generación automática de música o en la creación de imágenes y diseños, pero que en lugar de reemplazar a los artistas conviene verla como una herramienta más que amplía las posibilidades creativas.

En resumen, según el propio invitado: puede complementar y enriquecer el trabajo de los artistas, pero difícilmente los dejará sin trabajo.

Sigue escuchando

Episodios relacionados