Episodio 62Arquitectura
¡Miremos hacia abajo!
23 de marzo de 2023 · 24:39 min

Miramos el arte en las paredes y hasta en los techos. Pero ¿qué hay con los pisos? Porque sí: hay pavimentos artísticos que los seres humanos han ido creando de la mano de los avances tecnológicos. Así que este episodio mira hacia abajo — no por tristeza, sino para apreciar el arte.
Y lo hace con la primera invitada del podcast.
Quién mira los pisos
Sandra García es historiadora del arte y lleva un perfil de Instagram que se llama Los pisos que piso, donde fotografía las superficies por las que camina cuando tienen una apariencia llamativa.
La idea, confiesa, no fue suya: se la sugirieron unos amigos, y nació en plena pandemia, como tantos proyectos. Cuando ya se permitía salir pero el transporte seguía limitado, caminaba muchísimo, cambiaba de ruta, y en esos cambios aparecían pisos nuevos. Empezó haciendo fotos de los pies sobre el suelo, el famoso «feetie» —selfie, pero con pies—, y a subirlas a sus historias. La sorpresa fue la respuesta: gente mandándole fotos de sus casas, de sus trabajos, diciéndole «me acordé de ti».
El nombre se lo puso el diseñador Michael Sánchez, que en una reacción a una de sus historias escribió el hashtag #lospisosquepiso.
Y hay un detalle que explica por qué este episodio existe: ella no quería que fuera solo un perfil de fotos de pisos, así que empezó a buscar la historia, cómo se fabrican, el lugar — y a acompañar cada imagen con un fragmento de canción, un poema o una carta. Como el piso de motivos florales en rojo que acompañó con unos versos de la poeta española Gloria Fuertes:
Ni me subí, ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas.
Desde cuándo hay arte en el suelo
La respuesta es: desde la antigüedad misma. Hay que situarse en Creta y Grecia, civilizaciones que usaban el mosaico para decorar paredes y que, desde alrededor del año 1000 antes de nuestra era, está registrado que empezaron a usarlo también en los pisos. Uno de los ejemplos son los yacimientos de la isla de Delos, en el mar Egeo, con unos mosaicos de suelo preciosos.
Luego llegaron los romanos, que tomaron casi todo lo que había hecho Grecia para elevarlo, y con el mosaico no fueron la excepción: perfeccionaron la técnica hasta estar seguros de que la superficie aguantaba pisadas continuas. Fue entonces cuando el mosaico pasó a tener todo el protagonismo en los suelos, y se convirtió en una de las señas de las villas y de los domus, la casa romana.
La intención era crear un efecto de alfombrado: simular una alfombra, pero pétrea. Y los diseños iban desde motivos geométricos sencillos hasta composiciones que narraban historias completas, cotidianas o mitológicas.
Lograron tal resistencia que llegaron hasta nuestros días, y no solo en yacimientos protegidos, sino en los grandes museos del mundo. De hecho, siguen apareciendo: el episodio menciona el hallazgo en un hotel de lujo de Turquía de un mosaico romano inmenso, con emperatrices en oro y patrones ornamentales, estimado en el año 526. Es frecuente que aparezcan en los países del antiguo Imperio romano, lo mismo en obras de mantenimiento que abriendo un hueco.
Los dos ejemplos mayores: la Villa del Casale, en Sicilia, con alrededor de 3.500 metros cuadrados cubiertos de mosaico —escenas de cacería y de juegos deportivos—, y los mosaicos de Pompeya.
Por qué esto cuenta como arte
Y aquí está el argumento que justifica el episodio entero: el mosaico fue considerado un arte desde aquel entonces, y los mosaicistas eran tenidos por verdaderos artistas. Tanto, que los romanos creían que fabricar un mosaico era un arte tan exquisito que solo podía ser producto de la inspiración directa de las musas.
O sea que la idea de que el suelo es un soporte menor es nuestra, no suya.
Cómo se hacía
El proceso, resumido:
Los mosaicos se confeccionan con diminutos cubos —no laminitas: cubos volumétricos— de mármol, piedra caliza, terracota, y también vidrio, cerámica, metal y hasta oro. A esas piezas se les llama teselas.
Primero hay que lograr una superficie lisa, estable e impermeable. Una vez fraguada, se llamaba a un dibujante, que planteaba el boceto de la escena o de la figura geométrica. Revisado y aprobado por el dueño de la casa, entraban el musivario y el teselario, dos oficios especializados, que colocaban cada tesela en su posición. Después se añadía una capa fina de mortero que unificaba las figuras, y finalmente se pulía.
Con tantos profesionales implicados, el precio era elevadísimo: probablemente solo las clases más altas podían costearse un suelo de mosaico elaborado.
El salto de siglos: las baldosas hidráulicas
Aquí el episodio da un salto hasta el siglo XIX, a la Exposición Universal de París de 1867, donde la firma barcelonesa Garret, Rivet y Compañía presentó como novedad un tipo de losa que no requería cocción: sus materiales se consolidaban mediante prensas hidráulicas. De ahí el nombre.
La entrada Mosaic hidràulic de la Wikipedia catalana lo confirma: en la Exposición de 1867, Garret, Rivet y Cía presentó una baldosa consolidada por prensado, sin hornear, como alternativa al mármol. Entre las fábricas de Barcelona figuraban también Butsems y, sobre todo, Escofet, Fortuny y Cía, fundada en 1886, que sería la más presente en los edificios modernistas.
El método respondía a la necesidad de imitar un suelo que ya estaba de moda en Inglaterra, los pisos Minton, hechos a mano pieza a pieza —muy parecidos a los mosaicos— pero con una visualidad muy geométrica. La idea era conseguir lo mismo mucho más rápido: artesanal e industrial a la vez.
Y abarató los costes, porque con una misma plantilla o trepa se reproducía un diseño de manera ilimitada, cambiando además las combinaciones de colores.
Gaudí, y una baldosa en el MoMA
El resultado recuerda mucho al modernismo catalán, y no por casualidad: coincidieron en el tiempo y en el lugar, Barcelona. Los diseños se volvieron más atrevidos y complejos, y muchos diseñadores del modernismo catalán se hicieron diseñadores de baldosa hidráulica.
El propio Gaudí patentó un diseño conocido como loseta o panot, de forma hexagonal, que hoy puede pisarse en el Paseo de Gracia — y del que hay ejemplares en las colecciones de diseño industrial del MoMA.
El panot de Gaudí es de 1904, y sus motivos no son solo vegetales: el conjunto es marino: una estrella de mar, unas algas del género sargazo y un caracol fósil de la clase de los amonites. Y tiene una gracia añadida: el dibujo completo solo se ve juntando siete baldosas.
El MoMA de Nueva York conserva siete unidades en su colección de arquitectura y diseño.
Siete baldosas para ver un dibujo, y siete baldosas en el museo. Quien las colocó allí entendió la pieza.
Cómo se hace una baldosa hidráulica
El proceso, según lo cuenta la invitada, es tan manual como el romano:
Lo primero es que se confeccionan unas plantillas de metal, que son como unos moldes donde está la figura que se quiera representar, con los límites bien delimitados para que cuando caiga el pigmento no se mezclen. Se vierte en cada compartimento una mezcla de cemento con pigmento del color que toque. Encima se añade una primera capa y después un mortero de cemento con arena. Y todo eso pasa unos segundos por una prensa hidráulica: al momento tienes la baldosa.
Después viene el secado, que puede durar hasta un mes. Y se hacen una a una.
Los pisos de Cuba
Los pisos se concentran en zonas antiguas: Cienfuegos, Trinidad —donde están muy bien conservados—, y en La Habana el Vedado, La Habana
Vieja y el Cerro. En Cienfuegos, Sandra los vio durante años sin llegar a
fotografiarlos. En la Calzada del Cerro [16:39] son uno detrás de otro en
todos los portales.
El terrazo, que en Cuba se llama granito
Hay otro procedimiento: el revestimiento de terrazo, que en Cuba se conoce como piso de granito por su apariencia de fragmentos de piedra granulada. De ahí la frase de que una casa es buena porque tiene pisos de granito.
Sus orígenes están en el siglo XV, en pleno Renacimiento: en Venecia, los constructores empezaron a usar los restos de mármol que sobraban para cubrir las terrazas de sus casas. De terraza, terrazo.
Es una mezcla de cemento con pedacitos de mármol, otras piedras e incluso cristales, muy parecida al mosaico — con la diferencia de que no se coloca pieza a pieza: se vierte, y se hace in situ, en el lugar de la obra. Y lo que marca la diferencia es el pulimento: como las piedrecitas quedan irregulares y puntiagudas, hacen falta varias fases hasta lograr la superficie brillante.
El Prado, la Casa Mion y el Teatro América
Y ahora la escala. El Paseo del Prado de La Habana, que tiene casi un kilómetro, está hecho completamente con terrazo in situ, de distintos colores. Se terminó en 1928, y su pavimento estuvo a cargo de una compañía afamada: la Casa Mion, a la que se deben muchísimos otros pisos habaneros que pueden considerarse obras de arte.
¿Quién fue Mion? Luigi Mion, naturalizado Luis, un emigrante italiano establecido en La Habana a inicios del siglo XX, que venía de un linaje de obreros especializados en terrazos e importó esa tradición a Cuba. Abrió su taller en la capital, y todavía puede encontrarse la firma Casa Mion o L. Mion en algunos de esos pisos.
Suya es también una joya del déco cubano: el suelo de granito del Teatro América, donde se recrea un globo terráqueo rodeado por los doce signos del zodíaco, combinando terrazos de distintos colores.
La Rampa: una galería a cielo abierto
El ejemplo mayor está en las aceras de La Rampa, el tramo de la avenida 23 del Vedado: un conjunto de losas de granito diseñadas por artistas y arquitectos cubanos de la vanguardia. El episodio nombra, entre otros, a Lam, Amelia Peláez y Mariano Rodríguez, y sitúa el proyecto en un congreso internacional de arquitectura celebrado en Cuba en 1963.
El congreso es el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), celebrado en La Habana del 29 de septiembre al 3 de octubre de 1963, con el tema «La arquitectura en los países en vías de desarrollo», según Carranza (2014).
Entre los artistas estaban Wifredo Lam (1902-1982), Amelia Peláez (1896-1968), Mariano Rodríguez, René Portocarrero (1912-1985), Luis Martínez Pedro (1910-1989), Sandú Darié (1908-1991), Hugo Consuegra y Cundo Bermúdez. Intervinieron los arquitectos Fernando Salinas y Eduardo Rodríguez, y los mosaicos los ejecutó en granito integral la empresa cubana ORNACEN.
Son 15 diseños y 180 mosaicos, extendidos desde la calle J hasta Infanta, según Juventud Rebelde (2017), que recoge también a los arquitectos y a la empresa.
Las aceras se ampliaron como parte de las obras del congreso, y en esa ampliación se metió el proyecto de arte bajo los pies. Los diseños fueron exclusivos para aquello, y se trasladaron tal cual desde los bocetos de los artistas. Hoy, lamentablemente, la mayoría de los tramos no están en buenas condiciones.
Conviene subrayar lo que aquello significó, porque es raro: fue una época en la que el arte se vinculaba mucho con la arquitectura, hasta el punto de que los mejores pintores del país aceptaron que su obra se pisara.
¿Y hoy?
¿Sigue habiendo interés por los pisos artísticos? La respuesta de la invitada es que sí, y que depende de los gustos y también de los bolsillos. Hay quien ve la casa como un producto completo, un objeto acabado, y quien deja el suelo como último detalle.
Y las modas son cíclicas: ha habido un revival de la baldosa hidráulica. Aunque no siempre pueda adquirirse la original hecha a mano, hay variantes impresas, en vinilo o industriales, que respetan esos patrones caleidoscópicos y modernistas.
Que es, en el fondo, lo que hace este episodio: enseñar a mirar una cosa que está bajo los pies de todo el mundo, todos los días, y que casi nadie mira. Como decían los romanos, ahí había un oficio que merecía musas.
Una precisión sobre un dato que damos en el episodio: al describir el panot que patentó Gaudí decimos que reproduce motivos vegetales, y solo uno de los tres lo es, un alga: el conjunto es marino. El diseño, de 1904, combina una estrella de mar, unas algas del género sargazo y un caracol fósil de la clase de los amonites, y tiene además la particularidad de que el dibujo completo solo se aprecia juntando siete baldosas. Lo recoge la entrada Loseta Gaudí de la Wikipedia en español.
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