Top 4 de obras atacadas

Episodio 37

Publicado el 22 de junio de 2022 · Duración: 15:00

Top 4 de obras atacadas

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Ninguna obra de arte importante está a salvo, y menos si se encuentra expuesta en un museo. Cada cierto tiempo hay alguien que simplemente decide desatar su furia, enojo o frustración contra una obra maestra de la historia del arte. Un verdadero art attack. Y parece que es algo más común de lo que se puede imaginar. ¿Por qué lo hacen?

Este episodio a cuatro voces recorre el top 4 de obras de arte que han sufrido ataques por parte del público. Y no llega por casualidad: en mayo de 2022 acababa de ocurrir un ataque a una obra famosísima que sonó bastante en las noticias. Ese es el plato fuerte del top.

Son cuatro casos, cuatro museos y cuatro motivos completamente distintos: un Monet del Museo de Orsay que recibió un puñetazo de madrugada, una Venus de Velázquez acuchillada por una sufragista en la National Gallery, un Rembrandt del Rijksmuseum con el que se ensañaron tres veces en ochenta años, y la inquilina más vigilada del Louvre, blanco favorito de todo el que quiere que el mundo lo mire.

4. El puñetazo a «El puente de Argenteuil», de Monet

La cuarta obra del top es «El puente de Argenteuil», de Claude Monet. Nos vamos, por tanto, al impresionismo. Monet la pintó en 1874, durante los años que vivió en la localidad de Argenteuil —adonde se había mudado en 1871, y donde se quedó unos cuatro años—, y en ella se ve un paisaje con el río, el puente y los barcos. La pieza está hoy en el Museo de Orsay, en París.

El ataque ocurrió en 2007, en la noche del 6 al 7 de octubre, durante la Nuit Blanche: esa noche de explosión artística en la que París abre gratuitamente museos, galerías e instalaciones culturales hasta tardísimo. El Museo de Orsay, sin embargo, estaba cerrado. A la Nuit Blanche se sumaba además que aquella misma tarde Francia le había ganado a Nueva Zelanda un partido de rugby —el cuarto de final del Mundial, 20 a 18, en el Millennium Stadium de Cardiff—, así que había muchísima vida en las calles.

Un grupo de entre cinco y seis personas que habían bebido forzó una salida de emergencia que daba al muelle Anatole-France y entró en el museo cerrado. A uno de ellos se le ocurrió darle un puñetazo al cuadro. El golpe dejó un desgarro en forma de T de unos diez centímetros de largo por tres de alto. Sonó la alarma y los guardias llegaron antes de que ocurrieran más daños, pero la obra quedó rasgada y hubo que restaurarla. Los intrusos fueron detenidos el 9 de octubre y presentados ante una jueza de instrucción el 11; la fiscalía no pidió prisión preventiva.

El episodio se detiene en lo que más incomoda del caso: cómo es posible que unas personas ebrias entraran por la fuerza en una instalación tan importante. Incidentes como este obligan a preguntarse cuán eficaces son los sistemas de seguridad de los grandes museos y galerías, y no solo los de este.

3. Las siete cuchilladas de una sufragista a «La Venus del espejo»

El número tres es «La Venus del espejo», la obra que el pintor español Diego Velázquez realizó a mediados del siglo XVII —está fechada entre 1647 y 1651— y que se conserva en la National Gallery de Londres. Velázquez pintó a Venus recostada, de espaldas al espectador, contemplándose en un espejo que sostiene Cupido.

En parte fue su belleza la que provocó el ataque, en 1914. El día antes, Emmeline Pankhurst, líder del movimiento sufragista británico, había sido detenida en una protesta por el derecho al voto de la mujer. Al día siguiente, el 10 de marzo de 1914, una de sus compañeras, Mary Richardson, entró en la National Gallery y acuchilló el cuadro siete veces. El arma no fue una navaja sino un hacha corta de carnicero, y los cortes se concentraron en la zona entre los hombros de la figura. La prensa de la época la apodó Slasher Mary, «Mary la navajera».

La elección de la obra no tuvo nada de casual, y ella misma lo dejó por escrito: «He intentado destruir el cuadro de la mujer más bella de la historia mitológica como protesta contra el Gobierno por destruir a la señora Pankhurst, el personaje más bello de la historia moderna». Su intención como sufragista era atacar un símbolo de la cosificación de la mujer, la mujer vista como objeto de deseo a lo largo de la historia. Dañó una obra bien famosa para que su protesta se hiciera sentir.

Mary Richardson fue condenada a seis meses de prisión, el máximo que permitía entonces la ley por la destrucción de una obra de arte, y el cuadro fue restaurado: los siete cortes los reparó Helmut Ruhemann, jefe de restauración de la National Gallery.

2. «La ronda de noche», el cuadro con el que se ensañaron tres veces

El número dos es otra obra barroca: «La ronda de noche», una de las piezas más conocidas del holandés Rembrandt, pintada en 1642 y que está en el Rijksmuseum de Ámsterdam, en Holanda. El lienzo es, en realidad, un depósito permanente del Museo de Ámsterdam.

En ella aparece la compañía del capitán Frans Banninck Cocq en el momento en que este da la orden de ponerse en marcha, mientras le explica algo a su teniente, Willem van Ruytenburch. Detrás de ambos se ven los arcabuceros agrupándose para partir. Es, sin duda, un símbolo del país.

Lo curioso es que no ha sido víctima de un solo ataque, sino de varios a lo largo del tiempo.

  • 13 de enero de 1911. Un cocinero de la Marina en paro trató de rasgar el lienzo con un cuchillo. La gruesa capa de barniz impidió que llegara a la pintura.
  • 1975. Wilhelmus de Rijk, un maestro de escuela sin trabajo, acuchilló el cuadro en zigzag con un cuchillo de pan y dejó decenas de cortes de hasta treinta centímetros. Dijo haber actuado por mandato divino. El cuadro fue restaurado, pero todavía se pueden ver los daños.
  • 1990. Un hombre le roció ácido con un pulverizador escondido. Los guardias intervinieron rápido y lo diluyeron con agua, de modo que el ácido solo llegó a penetrar la capa de barniz.

Son agresiones que suceden en fracciones de segundo y que resultan muy difíciles de prever.

1. La Gioconda, el blanco preferido de quien quiere que lo miren

El número uno, indiscutiblemente, lo tiene la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, la Gioconda del Museo del Louvre: la obra que, por mucha seguridad que tenga, es una de las que más ataques ha sufrido a lo largo de la historia del arte.

1956 fue su peor año. Un hombre le arrojó ácido, que dañó la parte baja del cuadro, y el 30 de diciembre de ese mismo año el boliviano Ugo Ungaza Villegas le lanzó una piedra con tal fuerza que rompió el cristal y desprendió una mota de pigmento junto al codo izquierdo. Fue por estos hechos que la Mona Lisa quedó tras un cristal blindado, y ahí sigue. Desde entonces ninguno de los ataques posteriores ha llegado a tocarla.

Porque los ataques han continuado.

  • Abril de 1974, Museo Nacional de Tokio. El cuadro estaba de visita en Japón y Tomoko Yonezu lo roció con pintura roja. Protestaba porque el museo había limitado a un día por semana el acceso de los visitantes que necesitaban asistencia, entre ellos las personas con discapacidad física; ella misma tenía la pierna derecha paralizada por una poliomielitis y caminaba con una férula. Estuvo detenida un mes y en junio de 1975 fue multada con 3.000 yenes.
  • 2 de agosto de 2009. Una mujer rusa a la que habían negado la ciudadanía francesa le lanzó una taza de cerámica comprada en la propia tienda del museo. Se hizo añicos contra el cristal.
  • 29 de mayo de 2022. El incidente más reciente en el momento de grabar el episodio, y un espectáculo surrealista. Un hombre de 36 años se disfrazó de anciana —peluca y pintalabios— y entró en silla de ruedas para llevar escondida una tarta que lanzó contra el cuadro —contra el cristal blindado, en realidad—; después lanzó rosas por la sala, ante los presentes. Gritaba: «¡Pensad en la Tierra! Hay gente que está destruyendo la Tierra. Pensadlo. Los artistas os lo dicen: pensad en la Tierra». Decía protestar por el cambio climático, porque él es artista y a los artistas se supone que les tiene que importar la tierra. La tarta dejó un manchón blanco de crema sobre el cristal; el cuadro no sufrió daño alguno.

La Fiscalía de París lo detuvo, lo envió a una unidad psiquiátrica de la policía e inició una investigación por daño a bienes culturales.

Por qué siempre les toca a las mismas obras

No hay relación directa entre la Mona Lisa y el cambio climático, más allá de ser un objeto ideal para captar la atención del mundo. Y ahí está el patrón que recorre los cuatro casos: mucha gente se aprovecha de la fama que tienen determinadas obras de arte para llamar la atención. En el mejor de los casos, sobre cuestiones que de verdad les preocupan. En el resto, por puro protagonismo: saben que son obras famosas, que si les pasa algo van a generar bastantes titulares, y lo ven como una manera de volverse virales.

El problema es que se atenta contra joyas de la historia del arte, piezas cuya pérdida sería un crimen, y que está penado por la ley.


Fe de erratas: el episodio presenta a quien atacó «La Gioconda» en Tokio en 1974 como «una señora en silla de ruedas» y, cuarenta segundos después, encadena el caso de mayo de 2022 diciendo «una señora en silla de ruedas nuevamente». Ese paralelismo no existe. Quien roció el cuadro con pintura roja en 1974 fue la activista japonesa Tomoko Yonezu, y caminaba: una poliomielitis contraída en 1951 le había dejado paralizada la pierna derecha y usaba una férula para andar. El atacante de 2022 sí llegó en silla de ruedas y disfrazado de mujer mayor, de modo que ese «nuevamente» une un caso real con otro que nunca lo fue. Lo demás que el episodio cuenta sobre los dos ataques es exacto.

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