
Episodio 66
Publicado el 4 de mayo de 2023 · Duración: 11:13 min
Nuevamente... "a lo clásico"
"¡Volvamos a la Antigua Grecia!" Eso dijeron en Francia a mediados del siglo XVIII, y la idea tuvo muchísima aceptación. ¿Se hizo de veras, y cómo? ¿Por qué volver al pasado justo en aquel momento? Se volvió, y bien: gracias a esa idea surge uno de los grandes estilos de la historia del arte, el neoclasicismo.
Un movimiento artístico y literario sereno, equilibrado, que en una línea cronológica de la historia del arte va después del barroco y del rococó, siempre teniendo en cuenta que no es que se acabe un movimiento y empiece otro de golpe: son procesos graduales que van apareciendo e incluso coexistiendo. Surge en Francia y se fue expandiendo poco a poco por toda Europa y hasta por América.
Un nombre que lo dice todo, y un "nuevamente" que hay que explicar
El propio nombre da pistas: el prefijo neo significa nuevo, y por lo tanto nuevo clasicismo. Nuevamente se volvía al pasado grecolatino, y el "nuevamente" importa: en el Renacimiento los artistas ya se habían interesado por la antigua Grecia y por Roma, por la manera tan exacta en que representaban la naturaleza y por sus estudios anatómicos. Pero en el neoclasicismo se vuelve a esa antigüedad clásica por otros motivos.
Cuándo, y contra qué
Comienza en Francia más o menos a mediados del siglo XVIII y se extiende hasta la mitad del siglo XIX aproximadamente. Abarca el periodo de la Revolución Francesa, que proclamaba libertad, igualdad y fraternidad, y el del Imperio napoleónico. A nivel de intereses no tenía nada que ver con el barroco ni con el rococó, que eran los estilos que predominaban cuando surgió. A esos estilos se les tildaba de excesivos y recargados; del barroco se criticaba su apego a la iglesia, y al rococó se le consideraba superfluo, reiterativo y se le relacionaba con la corrupción aristocrática.
Eran los tiempos de la Ilustración, un movimiento filosófico que defendía la razón y el conocimiento como vía para fomentar el progreso, y además de la Revolución Francesa estaba ocurriendo la Revolución Industrial, que modificaba los modos de producción, la organización social, todo. Había que tomar nuevos rumbos también en el arte, y para eso estaba el neoclasicismo.
Por qué mirar atrás: un oasis
Vuelve al pasado grecorromano porque lo idealiza, a nivel estético y a nivel moral. En medio del desenfreno y del exceso de decoración del barroco y del rococó, miraron a la antigüedad clásica y vieron un oasis. Una manera de hacer arte simétrica, equilibrada, proporcionada, cuyos códigos de representación transmitían el ideal que se quería defender: el predominio de la razón, de la mesura, de la pureza, los postulados sobre los que se quería construir la sociedad moderna.
Y no es casual que pusieran los ojos ahí: justamente por aquellos años se habían descubierto las ruinas de Herculano y Pompeya, que fueron toda una sensación. El pasado se traía al presente.
Las fechas encajan con el episodio: Carlos de Borbón, rey de Nápoles y Sicilia, ordenó empezar a excavar por túneles en Herculano en 1738, y en 1748 trasladó a los obreros a la zona de Torre Annunziata, donde la ceniza y el lapilli eran más fáciles de excavar: era Pompeya. Una década entre una y otra, y las dos en pleno arranque del neoclasicismo.
Desde el presente, con ese lenguaje del pasado, organizado y metódico, los artistas empiezan a crear obras que ayudaran a inculcar valores a las personas, para construir esa sociedad racional, culta y progresista que tanto se anhelaba. Y en todas las manifestaciones: pintura, escultura, arquitectura, música, literatura.
Qué hicieron los artistas: David
La mayoría eran artistas comprometidos políticamente con los ideales de la Revolución Francesa y de la Ilustración, así que no extraña que trataran la libertad, el heroísmo, el espíritu de sacrificio, el autodominio, relacionados con la historia grecolatina, la mitología romana y, por supuesto, con la historia del republicanismo y de la Revolución Francesa, en auge en ese momento. Del arte de la antigüedad toman precisamente ese espíritu de solemnidad, de victoria.
El nombre que no puede faltar es Jacques-Louis David, conocido como el pintor de la Revolución Francesa, el pintor neoclásico por excelencia.
La muerte de Marat. Marat fue un líder revolucionario francés apuñalado por una mujer de la facción opuesta mientras trabajaba dentro de su bañera, y ese es justo el hecho que recrea David, que era además amigo suyo. Es una obra donde las figuras tienen los contornos claros y bien definidos, todas las superficies están bien acabadas y no se distinguen las pinceladas, y no hay escenas secundarias ni elementos decorativos que distraigan ni recarguen. Todo muy bien pensado, realmente calculado: la parte superior del lienzo no tiene elementos. Una representación muy austera que le sirve a David como metáfora de la austeridad con la que vivió este político amigo suyo, y con la anatomía de Marat siguiendo los cánones de la antigüedad clásica. La obra resume varias características generales de la pintura neoclásica.
El cuadro es Marat assassiné (1793), óleo sobre lienzo de 165 × 128 cm, y se conserva en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas (inv. 3260), donde entró en 1893 por legado de Jules-David Chassagnol. En la caja de madera que hace de mesa lleva la dedicatoria "À MARAT, DAVID, L'AN DEUX": el año dos del calendario revolucionario. La mujer del episodio es Charlotte Corday, y el asesinato fue el 13 de julio de 1793.
También era común pintar el pasado grecorromano, la moda del momento, con su arquitectura característica. El juramento de los Horacios, también de David: el padre Horacio entrega las armas a sus tres hijos y estos prometen dar la vida por la patria. Una composición simétrica, sobria, sin las emociones desbordadas del barroco y del rococó; todo mucho más frío, todo muy contenido.
Le serment des Horaces (1784) mide 3,30 × 4,25 metros y está en el Louvre (INV 3692). Lo encargó Luis XVI a través del conde d'Angiviller, director de los Edificios del Rey, a finales de 1781 o principios de 1782; el tema inicial era Horacio vencedor y David lo cambió por el juramento. Se mostró primero en su taller de Roma en agosto de 1785 y después en el Salón de 1785 del Louvre, con el número 103 del catálogo. El Louvre conserva también el boceto (RF 47), un óleo de 26,5 × 37,5 cm que David regaló al pintor François-André Vincent.
Canova y la arquitectura
Igual sucede con la escultura. Hay una obra hermosísima del neoclasicismo, Eros y Psique, hecha en mármol por Antonio Canova: un amor mitológico tratado con sutileza en las emociones y simetría formal, exaltando la belleza ideal tal como sucedía en la antigüedad clásica.
En el Louvre se titula Psyché ranimée par le baiser de l'Amour, Psique reanimada por el beso del Amor. El momento es el del mito: Psique ha aspirado los vapores de un frasco prohibido y yace desfallecida; el Amor se precipita, la roza con una flecha y le da un beso para hacerla renacer. El museo destaca el dominio técnico del mármol: la ilusión de la textura de la piel, hasta la transparencia de las alas.
Durante el siglo XVIII y parte del XIX el neoclásico fue el estilo preferido para la arquitectura civil, aunque también se empleó en edificios religiosos, en menor grado. El resultado: construcciones muy simétricas, basadas en figuras geométricas, con planos y volúmenes puros, muy al estilo de la antigua Grecia.
Lo que se le puede criticar
Todos esos ideales revolucionarios que en sus inicios defendió el neoclasicismo se fueron encartonando poco a poco, perdiendo lo que tenían de genuinos y espontáneos, y se convirtieron en un instrumento que los gobernantes emplearon para sus intereses. El mismo David se convirtió en pintor de la corte de Napoleón, y para entonces lo que hacía era alabar al emperador con su arte: ahí está su Napoleón cruzando los Alpes.
David fue nombrado primer pintor del Emperador el 18 de diciembre de 1804, recién proclamado el Imperio. El Bonaparte cruzando el Gran San Bernardo es anterior, de 1800: lo encargó el rey de España y funcionó como el primer retrato oficial de Napoleón, todavía Primer Cónsul, replicado varias veces para uso oficial; el original está en Malmaison. Después vendrían La consagración de Napoleón (1805-1807, Louvre) y La distribución de las águilas (1810, Versalles). Y una paradoja que cuenta histoire-image.org: pese al cargo, no existe un retrato oficial de cuerpo entero de Napoleón por su primer pintor, porque el de 1805-1806 para el tribunal de Génova lo rechazó el propio emperador: "c'est un portrait si mauvais… que je ne l'accepte point". Tras la caída de Napoleón, David se exilió en Bruselas, donde murió el 29 de diciembre de 1825.
Por ley de la vida, y de la historia del arte, siempre llegó otro movimiento para cambiar las cosas y darle un nuevo giro: el romanticismo.
El podcast está en Instagram como @uyelartepodcast.
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- Al rococó, el estilo contra el que reaccionó el neoclasicismo, le dedicamos Exceso y provocación: el ROCOCÓ.
- Del movimiento que vino después a darle la vuelta a todo esto hablamos en ¿Te gusta el Romanticismo?.
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