Episodio 11Arquitectura
Rascacielos: la carrera por la altura
30 de noviembre de 2021

Este episodio entra en una manifestación que el podcast no había tocado hasta entonces: la arquitectura. Y quizá surja la pregunta de a qué viene eso en un podcast de arte, porque normalmente se asocia más con la pintura, el dibujo o la escultura. La respuesta es directa: desde la antigüedad la arquitectura está considerada una de las bellas artes. ¿Acaso no son verdaderas obras maestras el Partenón de Atenas o el Coliseo romano? Pues los rascacielos que hoy inundan las grandes ciudades también lo son.
¿Cómo se han levantado semejantes construcciones? ¿Desde cuándo comenzó esa carrera por la altura? ¿Hasta dónde será posible llegar?
¿El cielo es el límite?
Los expertos dicen que con un núcleo reforzado es posible llegar a construir megatorres de más de 1.500 metros, una altura que ni remotamente se ha alcanzado hasta ahora. De hecho, el que se supone que será el edificio más alto del mundo, la Jeddah Tower de Yeda, en Arabia Saudí, aún en construcción, alcanzará al menos 1.000 metros según la Wikipedia (en el episodio se dice 1.700): casi dos tercios de esa supuesta meta de 1.500.
Los profesionales de la construcción añaden que teóricamente no hay límites sobre cuán alto puede ser un edificio: todo depende de si hay espacio para crear bases de gran extensión.
Ahí está la primera idea que conviene retener, y no es la altura: es la base. Un rascacielos no se limita por arriba, se limita por abajo.
Y la pregunta con la que arranca la conversación —¿será verdad eso de que el cielo es el límite?— tiene, por tanto, una respuesta poco poética: el límite no está en el cielo, está en el solar.
Qué es —y qué no es— un rascacielos
Se habla de rascacielos o, como algunos los llaman, rompecuellos: arquitectura vertical que identifica la visualidad de ciudades como Nueva York, Shanghái o Dubái. Vistos de lejos, en conjunto dibujan una línea del horizonte artificial que se llama skyline.
Pero hay una definición, y es más estricta de lo que parece. Se considera rascacielos a partir de los 100 metros de altura, y tiene que estar habitado.
Ese segundo requisito es el que hace el trabajo. Un rascacielos no es solo una construcción de gran altura, porque si lo fuera las torres de comunicaciones también lo serían, y no lo son: solo están habitadas parcialmente. El hecho de que sea habitable es lo que lo distingue de otros edificios altos — ya sea como residencia, como sede de oficinas o de empresas.
El primero, y por qué fue entonces
Los enormes rascacielos de hoy no se parecen a los primeros, de finales del siglo XIX, en Chicago y Nueva York, que son las cunas del género. Realmente no se parecen en nada: el que se considera el primer rascacielos de la historia, el Home Insurance Building, construido en Chicago en 1885, tenía 10 pisos y 42 metros. Hoy sería un edificio bajito.
¿Y por qué justo entonces? Por dos motivos que tienen que coincidir.
El primero, la necesidad. El suelo edificable se encarecía cada vez más y había que aprovecharlo al máximo; Chicago y Nueva York ya eran ciudades densamente pobladas, con necesidades económicas y funcionales, y de ahí salen estos edificios dedicados sobre todo a actividades comerciales y oficinas.
El segundo, la capacidad. Ayudó la inclusión de materiales nuevos como el acero, el hormigón armado y el vidrio, y la bomba hidráulica. Y un elemento clave que parece obvio y en el que no solemos reparar: se inventó el ascensor.
Merece detenerse ahí, porque el episodio lo dice y tiene toda la razón: sin el ascensor, los rascacielos eran impensables. De nada sirve poder construir veinte plantas si nadie va a subir andando a la vigésima. La carrera por la altura no la gana quien sabe levantar más peso: la gana quien resuelve cómo llevar gente arriba.
Un siglo de estilos, en cuatro tramos
El siglo XX arrancó con rascacielos de estilo historicista, que retomaban en su exterior elementos del gótico, el barroco o el renacimiento; pero ya en los años 30 hay una fuerte influencia del art déco, y se construyen rascacielos famosísimos como el Rockefeller y el Empire State, ambos en Nueva York.
El Empire State, el edificio que escala King Kong, es para muchos el rascacielos más emblemático de toda la historia. Se construyó en 1931 y hasta 1972 tuvo el mérito de ser el más alto, con 381 metros.
Entre los años 40 y 80, los rascacielos se convierten en grandes cajas de cristal muy funcionales, siguiendo el llamado estilo internacional. El ejemplo de esa época es el World Trade Center de Nueva York, con sus torres gemelas de 110 pisos, inauguradas en 1973 y destruidas en el atentado del 11 de septiembre de 2001.
Y de los años 80 hacia acá ha habido una construcción desenfrenada, a partir de estilos como el high-tech, el posmodernismo y el deconstructivismo.
Los números, que son asombrosos
En Chicago hay una organización internacional dedicada a medir y estudiar los rascacielos: el Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano. Y según ella, el 84 % de los edificios de 200 metros o más que existen se construyeron después de 2001.
La comparación es todavía mejor: durante la década de 1991-2001 se construyó un promedio de 12 edificios de 200 metros o más al año. Entre 2011 y 2021, ese promedio fue de 112.
Casi diez veces más, en veinte años. La carrera por la altura no es una metáfora: es una curva.
Y hay un rasgo nuevo que caracteriza a los rascacielos residenciales de Nueva York: su delgadez, llegando a una proporción mínima de 1 a 10 entre el ancho de la base y la altura. Detrás hay progresos técnicos, sí, pero también las normas de Nueva York, que limitan más la superficie de construcción que la altura.
Otra vez la misma lección: la forma del edificio la decide el reglamento tanto como la ingeniería.
El top 3 del episodio, y cómo ha cambiado
El episodio avisa de que da el top «en este justo momento, porque mañana puede cambiar». Esto es lo que dijo:
- 3.º — la Makkah Royal Clock Tower, construida en 2012 en La Meca, Arabia Saudí, con 601 metros. Es una torre con un reloj de esfera en sus cuatro caras, y esas esferas tienen el récord de ser las más altas y grandes del mundo.
- 2.º — la Shanghai Tower, en China, con 632 metros. Su fachada curva y su forma en espiral simbolizan el surgimiento dinámico de la China moderna; se terminó en 2015 y está formada por nueve zonas con nueve jardines interiores.
- 1.º — el Burj Khalifa de Dubái, con 829,8 metros contando antenas, inaugurado en 2010. Está revestido con paneles de aluminio y acero inoxidable texturizado para resistir las temperaturas extremas del verano. Y es el doble de alto que el Empire State.
Y efectivamente, cambió:
El ranking de 2026, según la lista de los edificios más altos del mundo de la Wikipedia en inglés. El Burj Khalifa sigue el primero, con 828 metros. Pero en el segundo puesto hay un edificio que no existía cuando se grabó esto: Merdeka 118, en Kuala Lumpur, de 678,9 metros, terminado en 2023 e inaugurado en enero de 2024.
Eso empujó a la Shanghai Tower al tercer puesto y a la Makkah Royal Clock Tower al cuarto. En el quinto está ahora el Ping An Finance Centre de Shenzhen, con 599,1 metros, de 2017.
Y la Jeddah Tower, parada durante años, volvió a obras en enero de 2025, según esa misma lista. Cuando se termine, con sus más de 1.000 metros, destronará al Burj Khalifa.
Nótese lo que confirma esa actualización: en cinco años, el top 3 se movió entero salvo el primer puesto. La lista que el episodio da no era un dato: era una foto.
Por qué se construyen, que no es lo que parece
Aquí el episodio hace su mejor argumento, y conviene seguirlo.
Mucha gente dice que la principal razón es el máximo aprovechamiento económico del suelo, y por eso suelen agruparse en las zonas comerciales o residenciales donde el suelo vale más. Eso es cierto para un rascacielos normal.
Pero en los grandes rascacielos la motivación económica es prácticamente inexistente, porque el exceso de altura conlleva gastos aún mayores. Así que en esos casos la motivación es puramente publicitaria: esos edificios, sobre todo si logran la etiqueta de más alto de la ciudad o del país, adquieren relevancia y notoriedad, y dotan de una imagen de poder y pujanza económica a sus propietarios.
Por eso hay una competencia generalizada por la altura: los rascacielos se han convertido en elementos emblemáticos que marcan el prestigio de una empresa o de una ciudad, capaces de adquirir identidad propia. Son una alegoría del emprendimiento y del éxito expresada en lenguaje arquitectónico.
Esa es la respuesta a la pregunta con la que abre el episodio. Los rascacielos merecen catalogarse como arte no porque sean altos, sino porque llevan en sí la idiosincrasia de quienes los levantaron y un fuerte componente simbólico. Un edificio que cuesta más de lo que rentará, construido para que se vea desde lejos y diga algo sobre quien lo pagó, es muchas cosas — y una de ellas, inevitablemente, es una obra.
Y el top 3 lo confirma desde otro ángulo: uno en Arabia Saudí, otro en China y otro en Dubái. Asia y Medio Oriente van a la vanguardia, y los rascacielos ya no están sobre todo en Estados Unidos, como al principio. La carrera sigue; lo que cambia es quién corre.
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