El noble bohemio: Toulouse Lautrec

Episodio 51

Publicado el 22 de noviembre de 2022 · Duración: 12:57 min

El noble bohemio: Toulouse Lautrec

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Un noble con el cuerpo en contra

Toulouse-Lautrec nació en 1864 en el Hôtel du Bosc, en Albi, y pasó buena parte de su infancia en el Château du Bosc, la casa de su abuelo. Sus padres eran primos hermanos: en la nobleza de la época esas uniones se estilaban para evitar que el patrimonio familiar se dispersara. El problema es que los hijos de esas uniones nacían a menudo con problemas genéticos, y fue su caso: nació con una fuerte fragilidad ósea.

Siendo muy joven sufrió dos accidentes en los que se fracturó los fémures de ambas piernas, y eso le impidió seguir creciendo: midió un metro con 52 centímetros. La inmovilidad forzosa de aquellos meses agudizó su capacidad de observación y su pasión por el dibujo.

En 1882 se va a vivir a París, donde recibe clases en talleres de pintores, y poco después al barrio de Montmartre.

Cronista de Montmartre

En uno de los burdeles que frecuentaba, La Flor Blanca, llegó a tener una habitación permanente para observar a las prostitutas en su cotidianidad y pintarlas. Siempre las pintó con mucho respeto, sin juzgar lo que hacían, como seres humanos y de manera desprejuiciada.

Un cuadro lo resume: La Inspección Médica, donde dos mujeres esperan en fila, con los vestidos levantados, a que un médico las revise. De ellas no se desprende otra cosa que resignación. En el París de finales del siglo XIX la prostitución era legal: bastaba con sacar un carnet y pasar inspecciones médicas periódicas.

No solo iba a burdeles. Frecuentaba los bares de noche, se divertía, bebía, y hacía bocetos de lo que veía para trabajarlos al día siguiente en su taller. Por eso se le considera uno de los más grandes cronistas de su época.

Los personajes

En Cuadrilla de la Silla Luis XIIILa Quadrille de la chaise Louis XIII— incluyó a un inspector de la policía moral, al que llamaban padre pudor, cuya función era vigilar que las bailarinas no levantaran demasiado las faldas.

Pintó muchas veces a La Goulue —la codiciosa, o la glotona—, bailarina de cancán conocida también como la reina de Montmartre porque vaciaba de un trago las bebidas de los clientes. Y a su pareja de baile, Valentín el sin huesos, comerciante de vinos durante el día, que según se cuenta nunca cobró por bailar. Jane Avril fue otra bailarina que retrató varias veces.

Un estilo propio

Tiene la pincelada rápida y suelta de los impresionistas, pero impresionista no fue: le parecía una pintura fría, sin emoción, esa carrera a contrarreloj por capturar la luz al aire libre. Así que se fue hacia los interiores a captar escenas con la emoción de sus protagonistas. Se atrevía incluso a cortar figuras con los bordes del cuadro, algo muy novedoso entonces.

Con esa mirada arrasó en la publicidad: hizo carteles que eran obras de arte, donde las figuras pesaban tanto como el texto, y dejó una influencia enorme en la cartelística y el diseño posteriores. El primero fue un encargo del director del Moulin Rouge, un cabaret que él mismo frecuentaba.

El precio

Entre bares, cabarets y burdeles contrajo sífilis y se volvió alcohólico: acostumbraba a mezclar coñac con absenta. Con solo 33 años sufrió un delirium tremens y llegó a disparar con un revólver a unas arañas imaginarias que vio en la fachada de su casa. Su madre no tuvo más remedio que ingresarlo en un psiquiátrico; allí dibujó una serie para demostrar a los médicos que estaba en pleno uso de sus facultades, y los convenció. Pero no dejó de beber: mandó ahuecar su bastón para esconder alcohol dentro.

Murió con solo 36 años. Alcanzó, eso sí, algo que a otros les fue negado: fue reconocido en vida.

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