
Episodio 88
Publicado el 28 de abril de 2024 · Duración: 13:22 min
El Manierismo y sus "maneras"
Este es un episodio especial: por primera vez, Gretel, Yenny y Greta graban separadas físicamente, aunque siguen siendo el mismo equipo. Una saluda desde Madrid, otra desde Miami y Greta desde La Habana. Tres países diferentes: España, Estados Unidos y Cuba. Ahora sí, un podcast internacional.
Y para entrar en materia, un poco de suspenso. En 1519 había muerto Leonardo da Vinci. En 1520 moría Rafael Sanzio. Miguel Ángel fallecería años después, en 1564. La ausencia de los maestros del Renacimiento se hacía sentir. ¿Qué quedaba para las generaciones de artistas que venían después? ¿Imitarlos, o seguir otro camino? La solución que hallaron tuvo un nombre peculiar: manierismo.
¿Cuándo empieza y cuándo termina?
Ya en la etapa final del Renacimiento fueron surgiendo nuevas preocupaciones en los artistas, y en ese contexto surge el manierismo. Las fronteras son difusas: un mismo artista puede incorporar esta manera de hacer en etapas posteriores de su trayectoria.
Algunos sitúan su nacimiento en 1520, muy pegado a la muerte de Leonardo y de Rafael. Otros dicen 1530, y otros, más tarde. Los estilos no nacen ni mueren en una fecha exacta: son fechas que se asumen por convención. Para el final, muchos lo fijan alrededor de 1600.
Fue relativamente corto si se compara con el Renacimiento, que duró unos dos siglos. Pero le bastó para entrar en cualquier línea cronológica de la historia del arte universal.
De «maniera» a insulto
¿Qué hicieron en Italia los sucesores de las estrellas renacentistas? Al principio, algunos trataron de imitarlas. Los resultados no fueron muy felices: igualar o superar a Leonardo, Miguel Ángel o Rafael no era sencillo.
De ahí viene el término. Se deriva de la palabra maniera, que significaba estilo, y los teóricos empezaron a usarlo en sentido peyorativo para los artistas que imitaban el estilo renacentista con poco talento. Decir de alguien que era un pintor manierista era una burla.
Conviene precisar cuándo se volvió burla. En el siglo XVI, Giorgio Vasari usaba «maniera» como simple sinónimo de estilo y también para el modo de componer de los mayores artistas del Renacimiento: hablaba de «la gran maniera» de Miguel Ángel, según resume la enciclopedia Sapere. Pero el sentido negativo asomaba ya en ese mismo siglo con Lodovico Dolce, según la Enciclopedia Treccani, y se consolidó en el XVII con la crítica de Giovan Pietro Bellori, que acusó a los pintores posteriores a Leonardo, Rafael y Miguel Ángel de artificiosidad y virtuosismo sin inspiración. Y la palabra «manierismo» como tal aparece, según la Enciclopedia Treccani, en el siglo XVIII, cuando Luigi Lanzi la usa para hablar de la decadencia del arte en manos de los seguidores de los grandes maestros.
Romper las reglas
En medio de aquellos intentos de imitación, hubo artistas que decidieron romper con las reglas clásicas y dar rienda suelta a la creatividad. Querían expresar emociones intensas y crear composiciones más complejas y dinámicas. Hacer arte a su manera y darle un chance a su subjetividad. Ese es el dato clave.
Figuras que se estiran: la Virgen del cuello largo
Los artistas empezaron a descuidar la proporción de las figuras. Por eso son tan comunes los personajes con extremidades alargadas, en posiciones un poco extrañas.
El mejor ejemplo está en la Galería Uffizi de Florencia: la «Virgen del cuello largo», de Parmigianino. La Virgen María aparece muy, muy estilizada. Tiene un cuello tan largo que da nombre a la obra. El niño Jesús es grande, desproporcionado. A la derecha de la Virgen hay un grupo de ángeles, pero a su izquierda el espacio está casi vacío, otra característica del manierismo.
Parmigianino no pretendía pintar la clásica obra renacentista de perfecta armonía y equilibrio. Buscaba cierto aire teatral. Los ángeles, la Virgen, el niño: todos tienen poses muy dramáticas.
Se la conoce en italiano como «Madonna dal collo lungo». Es un óleo sobre tabla de 216 × 132 cm, fechado entre 1534 y 1540. Se la encargó en 1534 Elena Baiardi Tagliaferri para la iglesia de Santa Maria dei Servi de Parma; el pintor se comprometió a terminarla en cinco meses, y cuando murió, en 1540, seguía inacabada en su taller. En ese lado casi vacío hay una figura diminuta que la web de los Uffizi identifica como San Jerónimo (la Wikipedia italiana duda entre un profeta y San Jerónimo). Datos de esa ficha y de la web de los Uffizi.
Espacios que no existen: el entierro del señor de Orgaz
A los manieristas tampoco les interesaba la perspectiva espacial. Se atrevieron a hacer obras planas, donde no importaba que las figuras o los espacios parecieran reales.
Un ejemplo de altos quilates: «El entierro del señor de Orgaz», del Greco. En esta obra viola las reglas de la perspectiva. Crea un espacio artificial, y cuesta saber dónde se encontraban ubicadas las figuras. Las figuras no son naturalistas: tienen extremidades, tamaños y colores medio raros. Nada que ver con las expresiones dulces y serenas del Renacimiento.
Según la Wikipedia, El Greco lo pintó entre 1586 y 1588 para la parroquia de Santo Tomé de Toledo, donde sigue hoy. Es un óleo sobre lienzo de 4,80 × 3,60 metros.
El Greco estudió a los grandes que le antecedieron. El episodio le atribuye una máxima que circula mucho: aprender de los maestros, pero cuidar el estilo original que late en el alma de cada uno y deshacerse de quienes intenten robarlo. Esa frase se le atribuye en muchas webs, pero no hemos encontrado ningún texto del pintor ni de su época que la recoja.
El manierismo nació en Italia y luego se extendió por Europa. El Greco vivía en España y hacía arte manierista.
Rostros hechos de fruta: Arcimboldo
No se puede olvidar a uno de los manieristas más estrafalarios y originales. Era capaz de convertir un bodegón en una persona. Es Giuseppe Arcimboldo. Usaba muchos elementos decorativos y se hizo famoso por recrear rostros con naturalezas muertas.
Y jugaba con el espectador. En obras como «La canasta de frutas» pinta un bodegón que parece solo eso: manzanas, peras, uvas. Pero si se gira la obra 180 grados, aparece un rostro humano.
En italiano, «Testa reversibile con cesto di frutta»: óleo sobre tabla de 56 × 42 cm, de hacia 1590, hoy en la colección de French & Company en Nueva York, según la Wikipedia en inglés, que cita a Ferino-Pagden (2007).
También en arquitectura y escultura
El manierismo duró poco, pero se aprovechó al máximo. No se limitó a la pintura: también se hizo sentir en la arquitectura y en la escultura.
En las construcciones se mantienen elementos estructurales del pasado clásico: frontones, arcos de medio punto, órdenes clásicos en los capiteles. Pero con un propósito decorativo, para cargar el edificio de ornamentos. Y las plantas se prestaban a la confusión: no eran espacios fáciles de entender.
En escultura, algunas obras tienen una contorsión tan extrema que el espectador tiene que darles la vuelta completa para apreciarlas. Es lo que sucede con «El rapto de las sabinas», de Giambologna. A esa manera de representar las figuras se le llamó línea serpenteante, y se usó muchísimo en escultura y en pintura.
Según la Wikipedia en italiano, Giambologna talló el grupo en un solo bloque de mármol de unos cuatro metros, y la obra se colocó en 1583 en la Loggia dei Lanzi de Florencia. En italiano el recurso se llama figura serpentinata, y, como recoge la Wikipedia en inglés, lo teorizó Gian Paolo Lomazzo en su Trattato dell'arte della pittura, scoltura et architettura, de 1584.
¿Solo una transición?
Muchos dicen que fue solo un periodo de transición entre el Renacimiento y el Barroco. Pero fue mucho más que eso. Consiguieron tener su sello de originalidad.
¿Cómo se recibió esa originalidad en su época? Fue amada por algunos y odiada por otros: el tan común rechazo a lo nuevo. Muchos críticos dijeron que el manierismo era afectado y pretencioso.
Pero el tiempo demostró que sí tuvo muchos aciertos. Hubo que esperar unos cuantos siglos. Fue en el siglo XX cuando el manierismo se valoró como una manifestación original de un momento particular de la sociedad europea.
Esa revalorización la hizo sobre todo la historiografía alemana de las tres primeras décadas del siglo XX, con autores como Max Dvořák y Max J. Friedländer, que lo definieron como un estilo autónomo y anticlásico, según la Enciclopedia Treccani.
Un legado
Muchos artistas barrocos adoptaron la intensidad y el dramatismo del manierismo. El rococó se nutrió de su gusto por la ornamentación. Y las vanguardias artísticas del siglo XX también tienen sus puntos en común con él: no temían la artificialidad, la buscaban. No les interesaba copiar fielmente la realidad.
A los manieristas se les aplaude la valentía de salirse de las reglas. Pudieron quedarse de brazos cruzados imitando a los grandes del Renacimiento. Muchos no lo hicieron y exploraron nuevos caminos. Fue transición, sí, pero también un legado para los estilos y movimientos que vendrían después.
Y para terminar, tres deseos. Un retrato de Arcimboldo hecho con naturaleza muerta. Una temporada en la Villa Rotonda, la villa de Andrea Palladio a las afueras de Vicenza, según la Wikipedia inglesa. Y ver en persona «El rapto de las sabinas» desde todos los ángulos, sin perderse ningún detalle.
Sigue escuchando
- Del rococó, que se nutrió del gusto manierista por la ornamentación, hablamos en Exceso y provocación: el ROCOCÓ.
- De las vanguardias del siglo XX, que comparten con el manierismo la falta de miedo a la artificialidad, hablamos en La revolución de las VANGUARDIAS ARTÍSTICAS.
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