De Cádiz a La Habana

Episodio 47

Publicado el 11 de octubre de 2022 · Duración: 8:55 min

De Cádiz a La Habana

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El 12 de octubre es una fecha que no se puede pasar por alto, ni desde Cuba o desde otros países de Latinoamérica, ni desde el otro lado del Atlántico, en España. Y es una fecha que remueve muchas polémicas: están los que dicen que España debería pedir disculpas por los horrores que se cometieron durante la conquista, y están los que piensan que no deberíamos hablar de descubrimiento de América, sino de un encuentro entre dos culturas.

La posición del episodio es otra: a estas alturas conviene centrarse en la herencia y en detectar aquellos puntos que, más allá de separarnos, nos unen. Y para eso parte de una vivencia concreta: visitar Cádiz y quedarse atónita ante el parecido que esa ciudad tiene con La Habana. Se lo habían comentado, pero nunca pensó que el parecido fuera tanto: por momentos le parecía estar en La Habana.

No es una impresión aislada. De hecho, se han rodado películas en Cádiz para simular que se está en La Habana: una de James Bond, protagonizada por Pierce Brosnan y Halle Berry.

Es Muere otro día (Die Another Day, 2002). Cuba llevaba décadas fuera del alcance de una producción así, de modo que los responsables tuvieron que buscar una localización que hiciera de capital cubana y se quedaron con Cádiz. Las escenas de La Habana y de la isla ficticia de Los Órganos se rodaron en La Caleta: ahí sale Halle Berry del agua, con el balneario haciendo de hotel, y el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián hacen de clínica de terapia génica. Los dos reaparecen más abajo en este mismo episodio como fortalezas. Se rodó a principios de 2002 y el sitio era frío y ventoso: se han difundido imágenes de la actriz envuelta en toallas gruesas entre toma y toma.

Dos ciudades que nacieron con milenios de diferencia

Se parecen, pero nacieron en fechas lejanísimas. La Habana, cuyo nombre original fue Villa de San Cristóbal de La Habana, fue fundada en 1519 por el español Diego Velázquez. Cádiz, en cambio, es la ciudad más antigua de Europa occidental, con restos arqueológicos de hace unos 3.100 años.

Las dos fechas piden matiz, y el matiz es interesante.

La Habana se fundó en realidad dos veces. La primera, en 1514, por una expedición al mando de Pánfilo de Narváez siguiendo órdenes del adelantado Diego Velázquez de Cuéllar; fue la sexta villa fundada por los españoles en Cuba, y estaba en la costa sur, cerca de la desembocadura del río Mayabeque. Hubo al menos dos emplazamientos antes del definitivo. En 1519 la villa se trasladó junto al llamado Puerto de Carenas, la bahía que hoy es el puerto de La Habana, y esa es la fecha que da la propia UNESCO como fundación. Así que el episodio no se equivoca: da la fecha del sitio actual, y Velázquez fue quien lo ordenó.

Cádiz fue fundada por navegantes fenicios llegados de Tiro hacia el siglo XI a.C. con el nombre de Gadir, que significa "lugar o recinto cerrado". El Ayuntamiento de Cádiz la define con cuidado: "la ciudad más antigua de Occidente de la que se tienen referencias". Lo de los 3.100 años corresponde a esa fundación tradicional; los restos arqueológicos hallados son algo posteriores. El yacimiento Gadir, bajo el Teatro de Títeres, conserva tramos de dos calles y ocho viviendas fenicias del siglo IX a.C., y ha dado los primeros restos humanos de fenicios del siglo VI a.C.

Lo que pasa es que las dos se desarrollaron plenamente entre los siglos XVI y XVIII, así que de alguna forma crecieron en paralelo.

El puerto que las cosió

Ya en el siglo XVI Cádiz estaba bajo el control de la corona española, y al tener costa atlántica y una posición geográfica privilegiada fue uno de los puertos empleados para el comercio con las colonias de América. Llegó a ser un puerto que conectó con todo el Caribe, Cuba incluida.

Conviene precisar quién mandaba en ese comercio. La Casa de la Contratación, que controlaba el tráfico con las Indias, se fundó en Sevilla en 1503 y allí estuvo el monopolio durante dos siglos. Cádiz fue ganando terreno por pura física: los barcos crecían y el Guadalquivir perdía calado. En 1680 se fijó en Cádiz la cabecera de las flotas de Indias —es decir, su arribo y su descarga—, y en 1717 la propia Casa de la Contratación, con su Audiencia, fue trasladada allí por Felipe V, el 12 de mayo. O sea: en el XVI Cádiz era uno de los puertos, como dice el episodio; la cabecera de las flotas no lo fue hasta el último tercio del XVII, y la sede de las instituciones indianas, hasta el XVIII.

Pero no solo se intercambiaban mercancías: también iban y venían personas, estrechando cada vez más los lazos con los años. En La Habana hubo, desde los inicios de la conquista, asentamientos de gaditanos —que es como se llama a los habitantes de Cádiz—, que aquí formaron nuevas familias, fundaron casas comerciales y trajeron sus costumbres y sus entretenimientos: las peleas de gallos, los carnavales, las comparsas.

Y ya finalizando el siglo XIX, Cádiz fue el puerto desde el que salían las tropas que venían a combatir contra los cubanos en la guerra de independencia. El propio Diario de Cádiz se encargaba de relatar esas partidas, e incluso tenía un periodista en La Habana dando cobertura a todo el conflicto.

El Diario de Cádiz nació el 16 de junio de 1867 de la mano del editor Federico Joly Velasco, y su cobertura de aquella guerra ha sido objeto de estudio académico: La guerra de independencia cubana a través de Diario de Cádiz, 1895-1898, de Manuel Baraja Montaña, publicado por la Editorial de la Universidad de Cádiz. El autor recurrió a la prensa por ser "la plasmación más inmediata de la vida local", y dentro de ella a este periódico porque, de la decena larga de publicaciones que había entonces, "ninguna alcanzaba la notoriedad del Diario", en una ciudad que "habría de ser una de las áreas más directamente afectadas".

Y en la dirección contraria: hubo españoles que se sumaron a las filas del Ejército Libertador, y entre ellos algunos gaditanos. Poquitos, pero los hubo.

El malecón que está en Cádiz

Lo que más impacta al llegar: el centro histórico de Cádiz colinda por uno de sus lados con el Atlántico, en una zona que se conoce como Campo del Sur, y justo ahí hay un paseo marítimo que recuerda muchísimo al malecón habanero.

Para quien escuche desde fuera de Cuba: el malecón es un muro construido a lo largo del borde marítimo de La Habana en la primera mitad del siglo XX, y es además un lugar de reunión, lo mismo para conversar con los amigos que para las parejas, o en solitario para pensar o relajarse frente al mar. Tiene múltiples funciones.

El malecón tardó más de lo que suena. El primer tramo se comenzó el 6 de mayo de 1901, por los ingenieros Mr. Mead y su ayudante Mr. Whitney bajo el gobierno interventor norteamericano del general Wood, y comprendía desde el Castillo de la Punta hasta los baños de los Campos Elíseos. Después siguió por etapas sucesivas durante cerca de cincuenta años: el cuarto tramo y final, de 1948 a 1958, lo llevó hasta la desembocadura del río Almendares. En total, ocho kilómetros. Y el proyecto del que nació, el del ingeniero cubano Francisco de Albear, iba más allá de un simple paseo: bajo la avenida preveía una larga sucesión de 250 bóvedas que podían servir de línea de ferrocarril y almacén para el puerto, o de línea defensiva militar.

El parecido es impresionante sobre todo para los cubanos, porque el malecón es un lugar muy querido y muy visitado, quizás de los que más nostalgia dan cuando se está fuera. Llegar a Cádiz y ver aquel pedacito de malecón es una sensación rarísima y muy linda. No por gusto a ese tramo de Cádiz algunos le dicen pequeña Habana o Little Havana.

No es una ocurrencia del episodio: el Campo del Sur se conoce popularmente como "el malecón de Cádiz" y también como Little Havana. Lo que dispara la asociación son sus edificios de colores —rosas, azules y verdes claros— que contrastan con el blanco y la piedra ostionera del resto de la ciudad.

El vínculo tiene incluso himno propio. El escritor Antonio Burgos y el cantautor Carlos Cano habían viajado a La Habana cada uno por su lado y los dos habían vuelto, cuenta Burgos, con los ojos llenos "no de Cuba, sino de Cádiz". En el otoño de 1984 se fueron un fin de semana al Coto de Doñana a rematar la canción: Burgos ya tenía la letra y Cano fue componiendo la música verso a verso, y una hora después la habanera estaba compuesta. De esa coincidencia —la misma que le pasó a la conductora de este episodio— salieron las Habaneras de Cádiz, que grabó por primera vez Carlos Cano en su disco Cuaderno de coplas. Burgos siempre dijo que la letra "fue una declaración de amor a Cádiz".

Catedrales, calles y murallas

Otro parecido: la Catedral de Cádiz y la Catedral de La Habana, ambas en los centros históricos de sus ciudades, y con un aire de familia que salta a la vista en las fachadas.

Aquí hay un matiz que mejora el argumento del episodio en vez de estropearlo. La Catedral de Cádiz se empezó en 1722 con proyecto de Vicente Acero y no se dio por terminada hasta 1838: ciento dieciséis años y seis arquitectos. Por eso es un catálogo de estilos, y la propia catedral lo explica así: "se comienza en estilo Barroco" en su planta e interior, pero está "terminada en estilo neoclásico, en su fachada, torres, cúpulas". O sea que la fachada gaditana, estrictamente, no es barroca.

La Catedral de La Habana sí lo es: su construcción comenzó en 1748 como oratorio de los jesuitas, y el 9 de diciembre de 1777 la sede catedralicia se trasladó a aquella iglesia de los jesuitas todavía a medio construir. De ella escribió Joaquín Weiss, en Arquitectura Colonial de La Habana, que "el edificio de la Catedral va mucho más allá que cualquier otro monumento del sobrio barroco habanero".

Y sin embargo el parecido que percibe el episodio es real, solo que el motivo es otro: las dos fachadas se quiebran en planos cóncavos y convexos. De la gaditana dice la propia catedral que "la fachada principal está realizada con mucho movimiento a base de formas cóncavas y convexas"; de la habanera, Weiss destaca "la concavidad del muro de fachada, con sus columnas dispuestas en ángulo" y "el contorsionismo de sus líneas", que la hermanan "a las obras más radicales de la escuela barroca". Es ese movimiento, y no la etiqueta del estilo, lo que hace que una recuerde a la otra.

A nivel urbanístico también se parecen: las calles de los dos centros históricos son estrechas y las dos fueron ciudades amuralladas, igual que ocurre entre otras ciudades de Andalucía y La Habana.

Cuatro fortalezas, dos siglos

Varias fortalezas defensivas también se dan un aire. En el siglo XVI se construyó en Cádiz el Castillo de Santa Catalina, con forma de pentágono, que mandó levantar Felipe II para protegerse del poderío que ya habían alcanzado los ingleses; y en ese mismo siglo se construyó en La Habana el Castillo de los Tres Reyes del Morro, también una fortaleza defensiva, pero de polígono irregular. A pesar de esa diferencia, ambas levantan sus muros sobre terreno rocoso muy pegado al mar y se adaptan a las irregularidades del terreno.

Las dos fechas y los dos porqués, que encajan como un guante:

Santa Catalina nació de un desastre. En 1596 la bahía de Cádiz sufrió un asalto angloholandés, y Felipe II ordenó por real cédula reforzar la plaza. El proyecto fue del ingeniero militar Cristóbal de Rojas, aprobado por el rey en 1598; de planta pentagonal, en la parte que da al mar dibuja una estrella de tres puntas. Rojas murió en la ciudad antes de terminarlo.

El Morro se empezó el 31 de mayo de 1589 con proyecto del ingeniero Bautista Antonelli, que había llegado a La Habana el 12 de julio de 1587 para diseñar el sistema defensivo de la ciudad, y no se dio por acabado hasta 1630 o incluso 1640. Su forma es "un polígono irregular que se ajusta a una larga lengüeta que sale al mar": la irregularidad no es un capricho, es la roca. Fue la custodia principal de la ciudad hasta que se levantó La Cabaña.

Y están también San Carlos de la Cabaña, en La Habana, y el Castillo de San Sebastián, en Cádiz, que tienen sus puntos en común y que casualmente se construyeron los dos en el siglo XVIII.

Casualidad, la justa: los dos son hijos del mismo siglo de guerras navales. San Sebastián se empezó en 1706, sobre un pequeño islote en la playa de La Caleta, y la fortaleza edificada entonces presentaba una planta poligonal de nueve lados, con parapetos para la artillería y un foso salvado por dos puentes levadizos. La Cabaña se empezó a edificar en noviembre de 1763, el año en que los ingleses devolvieron La Habana después de haberla tomado, y los trabajos culminaron en diciembre de 1774: 700 metros de polígono exterior y diez hectáreas de terreno, la mayor fortaleza militar construida en Cuba y en el continente americano.

Son un ejemplo de ese encuentro entre dos culturas donde una va absorbiendo de la otra y viceversa, y esas herencias se ven reflejadas en el urbanismo y en la arquitectura, y en el arte en general. Cuba, al ser una excolonia de España, está muy permeada por esa cultura.

El detalle que no cuadra

El episodio cierra con un último dato parejo: que las dos están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La Habana Vieja y su sistema de fortificaciones está inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial desde 1982, con los criterios (iv) y (v). La ficha de la UNESCO enumera ese sistema de fortificaciones que protegía La Habana, su puerto y su astillero, y ahí están la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el Castillo de los Tres Reyes del Morro y el Castillo de San Salvador de la Punta. Los mismos de los que se acaba de hablar.


Fe de erratas: Cádiz no está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La lista de bienes españoles inscritos que publica la Delegación Permanente de España ante la UNESCO recoge cincuenta bienes y Cádiz no figura entre ellos. La ciudad tiene la protección española de Conjunto Histórico y ha presentado argumentos para optar a la declaración —apoyados en su casco amurallado, en su etapa hispano-colonial y en haber albergado las Cortes que redactaron la Constitución de 1812—, pero la candidatura no ha prosperado todavía. Quien sí está inscrita, y desde 1982, es La Habana Vieja.

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