Venecia y su carnaval

Episodio 23

Publicado el 22 de febrero de 2022

Venecia y su carnaval

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Dicen que mientras dure el carnaval de Venecia, que suele ocurrir a finales del mes de febrero, la ciudad pareciera ser un cuadro de Canaletto. Canaletto fue un pintor italiano que vivió entre los siglos XVII y XVIII y que se dedicó a llevar al lienzo a su ciudad natal, Venecia, y también a sus habitantes. Pero, ¿por qué esa comparación? ¿Qué distingue al carnaval veneciano de otros tantos que existen? ¿Y por qué hablar de él en un podcast sobre arte?

Ninguna de las tres voces del episodio estaba muy familiarizada con el carnaval veneciano cuando el tema llegó al podcast. Lo habían escuchado mencionar en muchas ocasiones y les había despertado mucha curiosidad, sobre todo sus máscaras. Cuando se pusieron a investigar, las atrapó, y creyeron que valía la pena. Dos de ellas han estado en Venecia, pero fue una estancia muy corta y no en épocas de carnaval.

Por qué la ciudad parece un cuadro de Canaletto

Un elemento distintivo de este carnaval es que las personas se disfrazan con trajes de siglos pasados, sobre todo del siglo XVII y del siglo XVIII. Son días en los que la ciudad retrocede en el tiempo y vuelve a ser aquella Venecia que Canaletto pintó en sus cuadros por allá por el siglo XVIII.

Quién era. El pintor se llamaba Giovanni Antonio Canal, y el apodo Canaletto —«pequeño Canal»— viene de ser hijo del también pintor Bernardo Canal, escenógrafo de teatro con quien se formó —la ficha de la National Gallery de Londres lo resume igual: hijo de un pintor de decorados teatrales—. Según la Wikipedia inglesa, nació en Venecia el 18 de octubre de 1697 y murió allí el 19 de abril de 1768, y la National Gallery titula su ficha, con las dos fechas, Canaletto (1697 - 1768). La fecha vale la pena mirarla despacio, porque lo que dice el episodio —que vivió entre los siglos XVII y XVIII— es exacto por tres años: nació en el XVII, y su obra entera es del XVIII. Quien lo empujó a la veduta, la vista urbana detallada pensada para el turista y el visitante extranjero, fue Owen Swiny, y la Wikipedia inglesa sitúa ese empujón a finales de la década de 1720. Su suerte, después, se llama Joseph Smith, comerciante y coleccionista inglés afincado en Venecia, que le hizo de intermediario con los compradores británicos y llegó a reunir cerca de cincuenta pinturas, ciento cincuenta dibujos y quince aguafuertes suyos, colección que acabó vendiendo al rey Jorge III. Canaletto trabajó en Inglaterra entre 1746 y 1756 —la National Gallery dice que visitó Inglaterra repetidamente en ese mismo tramo, y coincide con la Wikipedia inglesa—, pintando vistas de Londres —varias del nuevo puente de Westminster— y las casas y castillos de sus mecenas: Northumberland House, el castillo de Warwick y el de Alnwick.

Un documento de 1094 y un edicto de 1296

La tradición no se inicia en ese siglo, en el XVIII. A finales del siglo XI ya hay un escrito que menciona esta celebración. El primer documento que la declara como tal, como una fiesta pública, es del año 1296, o sea, del siglo XIII. Es una fiesta que tiene cientos y cientos de años, y eso habla del elevado valor histórico-cultural que posee.

Los dos documentos, y una tercera versión. La Wikipedia italiana data la primera noticia en un documento del dux Vitale Falier de 1094, donde se habla de diversiones públicas y donde el vocablo carnevale aparece citado por primera vez; y sitúa el primer documento oficial que declara el Carnaval de Venecia fiesta pública en un edicto de 1296, con el que el Senado de la República —el Consiglio dei Pregadi— declaró festivo el día anterior a la Cuaresma. Conviene copiar ese alcance tal cual: 1094 es la primera vez que se escribe la palabra, no la fundación de nada, y 1296 declara festivo un día, no inaugura una fiesta. La Wikipedia inglesa cuenta otro origen, como leyenda: el carnaval habría empezado tras la victoria militar de la República sobre el patriarca de Aquilea Ulrico II, en 1162, celebrada con bailes en la plaza de San Marcos. Las dos versiones conviven en las fuentes y no se resuelven entre ellas.

Borrar las clases sociales durante unos días

El carnaval surge con la idea de que durante unos días se borraran las clases sociales, o sea, los límites, las barreras, y todas las personas fueran iguales. Al estar disfrazadas con trajes y con máscara no se sabría quién era quién, así que podía pasar cualquier cosa. Las clases bajas tomaban un respiro durante esos días: descansaban, se recreaban, y la nobleza por su parte se disfrazaba e iba a desatar sus pasiones en el pueblo, se concretaban amores imposibles. Era como despojarse de la hipocresía y de las normas sociales y hacer lo que viniera en gana, porque nadie te iba a juzgar: estabas en el anonimato gracias al disfraz.

Aunque algunos dicen que aquella supuesta igualdad social era relativa. El carnaval incluía gigantescas fiestas en los lujosos palacios privados venecianos, a los que las clases más bajas no podían asistir. Y también se comenta que el gobierno aprovechaba esta cobertura para infiltrarse en los festejos y, en medio de la euforia, enterarse de lo que el pueblo pensaba sobre sus decisiones.

El anonimato como institución. La Wikipedia inglesa recoge que durante el Carnaval quedaban suspendidas las leyes suntuarias, de modo que la gente podía vestir como quisiera en lugar de hacerlo según las reglas fijadas por ley para su oficio y su clase social, y cita la tesis del historiador James H. Johnson de que cubrirse la cara en público fue una respuesta específicamente veneciana a una de las jerarquías de clase más rígidas de la historia europea. La Wikipedia italiana añade la lectura de arriba abajo: la institución del Carnaval por parte de las oligarquías venecianas se atribuye a la necesidad de conceder a los estratos más humildes un periodo dedicado por entero a la fiesta —un panem et circenses—, durante el cual llegaba a autorizarse incluso la burla pública de las autoridades y de la aristocracia, tolerada como válvula de escape de las tensiones internas de la República.

Que fuera una válvula no quiere decir que fuera libre, y el rastro de eso son las prohibiciones. Las primeras fuentes documentadas sobre el uso de máscaras en Venecia, siempre según la Wikipedia inglesa, son del siglo XIII, y llegan en forma de delito: el Gran Consejo castigó a los enmascarados que lanzaban los ovi odoriferi, cáscaras de huevo rellenas de agua de rosas que los jóvenes tiraban a sus amigos o a las muchachas que les gustaban, y que a veces iban llenas de tinta o de sustancias dañinas. El mismo documento prohibía jugar dinero a quien fuera enmascarado, en una ciudad donde el juego en público solo era legal durante el Carnaval. Una ley de 1339 prohibió además los disfraces vulgares, visitar conventos con la cara tapada, pintarse el rostro y ponerse barbas o pelucas postizas. Y la Wikipedia italiana añade dos normas tardías que dicen mucho de para qué servía de verdad la careta: en 1703 se prohibió del todo entrar enmascarado en las casas de juego, porque los jugadores usaban el anonimato para escapar de sus acreedores; y en 1776 se prohibió lo contrario, que las mujeres casadas fueran al teatro sin máscara, para proteger su honorabilidad.

El siglo XVIII: esplendor, Casanova y un cuaderno de Goya

Lo innegable es que el siglo XVIII fue el de mayor esplendor para el carnaval de Venecia. Ahí es cuando alcanza su mayor relevancia, y en parte fue para atraer la atención hacia la ciudad, porque si bien Venecia había sido un factor clave en el comercio entre Oriente y Occidente y una de las ciudades-estado más poderosas de Europa durante años, después de que los europeos llegaron a América todos los ojos se dirigieron hacia allí. El carnaval fue un modo de hacer que las personas repararan nuevamente en Venecia.

El desplazamiento del comercio. La entrada de la Wikipedia inglesa sobre la República de Venecia sostiene que a finales del siglo XII el tráfico comercial de los mercaderes venecianos se extendía por todo Oriente, y que a lo largo de sus mil cien años de historia la República se estableció como una de las grandes potencias comerciales y navales europeas. También que su vitalidad económica empezó a decaer desde el siglo XVI con el desplazamiento del comercio internacional hacia el Atlántico, y enumera entre las causas del declive del XVII la pérdida del comercio de especias y una industria textil que dejó de ser competitiva.

Y es en ese siglo, el XVIII, donde el famosísimo Casanova hace de las suyas en el carnaval, aunque él hacía de las suyas en época de carnaval y en época normal. No por gusto su nombre ha llegado hasta el día de hoy: a todo el que le dicen que es un Casanova, entiende el mensaje.

Giacomo Casanova nació en Venecia el 2 de abril de 1725 y murió en Dux, Bohemia, el 4 de junio de 1798. La Wikipedia inglesa lo describe como aventurero y escritor italiano, recordado sobre todo por su autobiografía, escrita en francés y publicada póstumamente como Histoire de ma vie, y recoge, citando el Merriam-Webster, que su apellido pasó a ser nombre común para el amante promiscuo, con primer uso escrito en inglés hacia 1852.

En ese mismo siglo XVIII, el episodio cuenta que Goya también va a disfrutar del carnaval y deja como recuerdo un cuaderno italiano con rostros con máscara de nariz ganchuda. El cuaderno existe y está identificado; la ciudad del carnaval y el número de rostros son otra cosa.

El Cuaderno italiano de Goya. Lo compró el Museo del Prado en octubre de 1993. Son ochenta y tres hojas de papel verjurado que Francisco de Goya empezó en Italia y siguió usando durante años, con dibujos, cuentas, ciudades visitadas y apuntes biográficos —entre ellos la fecha de su boda y el nacimiento de su primer hijo—. La ficha de la enciclopedia del Prado, firmada por Manuela B. Mena Marqués, sitúa la ocasión en Roma, no en Venecia, y con una reserva explícita. La frase, entera: «Destacan asimismo algunos apuntes de máscaras de carnaval o de personajes de la Commedia dell'Arte, pues Goya asistió, tal vez, en ese año 1771 a los carnavales de Roma, muy importantes entonces, o vio representaciones de los cómicos italianos». Esa misma ficha confirma que Goya sí pasó por Venecia: la lista de ciudades anotada en el propio cuaderno permite saber que se detuvo en Génova, Bolonia, Parma, Padua y Venecia, y que en Venecia le llamó la atención un Veronés de gran tamaño, seguramente Las bodas de Caná. La Fundación Goya en Aragón, por su parte, recoge la posición de la investigadora Anna Reuter, que da la presencia de Goya en las fiestas de carnaval de 1770 o 1771 por confirmada, pero deja abiertas las dos ciudades, Roma o Venecia. O sea: las fuentes no coinciden, y ninguna afirma sin reservas que Goya estuviera en el carnaval de Venecia.

En cuanto a los rostros, la Fundación Goya en Aragón cataloga dos hojas distintas: una con seis apuntes de cabezas con máscaras de la Commedia dell'arte, como Polichinela —dos de frente y cuatro de perfil, todas caracterizadas por una nariz protuberante de dimensiones desproporcionadas—, y otra con dos apuntes más de cabezas enmascaradas y un perfil de cabeza infantil. Las dos están fechadas hacia 1771 y las dos están en el Prado. Seis y dos; ninguna fuente de las que pude abrir habla de siete. Según Mena Marqués, Goya reutilizó después esas cabezas enmascaradas como modelo en su cuadro de gabinete Los cómicos ambulantes, de 1793-1794.

De la caída de la República a 1979

Después de la ocupación de Napoleón el carnaval queda suspendido, porque aquello de usar máscaras y del anonimato se consideraba peligroso, propicio para conspiraciones. Fue un largo periodo de inactividad para el carnaval. Y ya cercano a la actualidad, en 1979, las autoridades y los ciudadanos deciden retomar esta fiesta, que era una tradición con tanta historia, y lo logran. Entonces surge el carnaval de Venecia moderno, que es lo que ha llegado a nuestros días.

El año exacto y quién lo prohibió. Las dos fuentes coinciden en la fecha y discrepan en el sujeto. La Wikipedia italiana dice que fue en 1797, con la caída de la República de Venecia y la ocupación francesa de Napoleón Bonaparte, y con la austriaca que vino después, cuando la tradición se interrumpió en el centro histórico por temor a rebeliones y desórdenes; añade que en las islas mayores de la laguna, como Burano y Murano, los festejos siguieron su curso en tono menor. La Wikipedia inglesa da el mismo año pero atribuye la prohibición al emperador Francisco II —el austriaco—, y matiza que la fiesta reapareció gradualmente a lo largo del siglo XIX, aunque solo por periodos cortos y sobre todo en fiestas privadas. La precisión que conviene retener es la del año: 1797 es siglo XVIII, no XIX; el XIX es el siglo que se pasa entero sin carnaval público. De la vuelta, las dos coinciden: 1979. La italiana detalla que resurgió gracias a la iniciativa de algunas asociaciones de ciudadanos y al respaldo logístico y económico del Ayuntamiento de Venecia, el Teatro La Fenice, la Biennale y las entidades turísticas; la inglesa apunta que el Gobierno italiano quiso recuperar la historia y la cultura de la ciudad usando el Carnaval como pieza central. Frente a las seis semanas que llegó a durar el antiguo, el moderno se concentra en once días, del sábado anterior al Jueves Gordo al Martes de Carnaval.

El carnaval moderno tiene a la Plaza de San Marcos como el centro de la celebración, una celebración que abarca todas las calles y los canales, con desfiles, colores y creatividad.

Qué tiene de artístico un carnaval

Y entonces llega la gran interrogante: ¿por qué hablar del carnaval de Venecia en un podcast sobre arte? La respuesta llega desde Valencia, en la tercera voz del episodio.

El carnaval veneciano es una mezcla de diferentes manifestaciones artísticas. Hay danza, música, confección de disfraces que poseen un alto valor estético y, en general, una gran atmósfera teatral, que viene dada sobre todo por el uso de las máscaras, que son ese elemento que distingue a esta celebración. De hecho, algunos llaman a Venecia la ciudad de las máscaras durante estos días de carnaval.

De dónde vienen las máscaras: la commedia dell'arte

Muchas de estas máscaras proceden de la comedia del arte, un género teatral que surgió en Italia en el siglo XVI y que se representaba en plazas, mercados, lugares públicos, porque era un teatro para las clases más bajas. A los actores se les daba un sencillo argumento previo y ellos improvisaban todo lo demás sobre la base del humor y el ridículo, con los temas amorosos, los amores enrevesados y las situaciones absurdas, y con algo muy importante: los personajes tipo. De ahí surgen Arlequino, Colombina, Pantalone y Pulcinela, entre muchísimos otros. Eran personajes que se hicieron populares desde el siglo XVI, y los venecianos comenzaron a disfrazarse como ellos, eligiendo para disfrazarse a aquel con el que más se identificaban.

Arlequín era un campesino ingenuo, romántico, glotón, que al principio vestía de blanco, pero después se le fueron agregando remiendos a su vestimenta hasta llegar al traje de rombos con el que hoy lo conocemos. Colombina es la amante de Arlequín, tiene un traje similar, es divertida y representa el sentido común, y además es la criada de Pantalone, que a su vez es un mercader rico y avaro que luego se convierte en noble y representa a aquel anciano enamoradizo que se cree joven todavía. Cada uno de estos personajes tiene su simbolismo, y hasta parentescos entre ellos. También está el doctor Balanzone, que representa a aquellas personas que tienen conocimientos de enciclopedia pero en realidad son ignorantes, o Pulcinela, que lo mismo podemos verlo en el rol de atolondrado y tonto, con un espíritu tan simple que muchas veces se ve envuelto en grandes peligros, o más sarcástico y descreído.

Las fichas, una a una. La Wikipedia italiana sitúa el nacimiento de la comedia del arte a mediados del siglo XVI y da a cada máscara una ciudad de origen y un oficio, que es donde está su gracia. Arlecchino es una máscara bergamasca y un criado: alegre y astuto, actúa para desbaratar los planes de su amo Pantalone, en connivencia con su amigo Brighella, y para perseguir a su interés amoroso, Colombina. Lo del blanco que el episodio menciona tiene respaldo iconográfico: el primer grabado de Arlecchino, en la Composition de Rhétorique de Tristano Martinelli (hacia 1601), lo muestra todavía con una túnica ancha con mucho blanco y algunas piezas de color sueltas; el traje de rombos de colores es posterior. Colombina es máscara veneciana y su ficha la da, en el propio campo de oficio, como serva, sierva de Pantalone: o sea exactamente lo que dice el episodio. Lo que las fuentes añaden no invierte ese triángulo, lo completa: es su amo Pantalone —y también el Capitano— quien la asedia, y de ahí salen los celos de Arlecchino, cuya propia ficha la da como su interés amoroso. Pantalone nace en Venecia hacia mediados del Quinientos y es el típico mercader viejo, avaro y lujurioso; su figura deriva directamente del mercader veneciano del siglo XVI, con la larga zimarra negra sobre calzas rojas que aparece en cuadros de Carpaccio, los Bellini o Veronés. Balanzone, o dottor Balanzone, es boloñés y del grupo de los «viejos»; conviene una precisión que el episodio no da: no es un médico, es un doctor en Leyes, la caricatura del leguleyo boloñés —su nombre viene de balanzån, balanza, el símbolo de la Ley—, y su traje es el de los profesores de la Universidad de Bolonia. Sí es exacto lo demás: presume de conocer todos los campos del saber humano, del derecho a la historia, la astrología y la filosofía, y reparte dictámenes que no valen nada. Pulcinella es napolitano, campesino, y la máscara tal como se conoce hoy se atribuye al actor Silvio Fiorillo en las primeras décadas del Seiscientos, en Acerra, con un traje moderno fijado en el Ochocientos por Antonio Petito. En el reparto de la comedia es el segundo zanni, el criado tonto, frente al primer zanni que es el criado agudo —Brighella en Goldoni—.

Los mascareri: un gremio con estatuto propio

La construcción de estas máscaras requería de habilidades plásticas: los artesanos que las fabricaban eran denominados mascareri y poseían sus propios estatutos, pero pertenecían al gremio de los pintores. Era, y es, todo un arte su confección.

El dato documental. La Wikipedia italiana fecha el reconocimiento oficial del oficio en un estatuto del 10 de abril de 1436, conservado en el Archivio di Stato di Venezia, y añade que hay noticias de producción de máscaras, escuelas y técnicas desde 1271, con herramientas específicas para trabajar la arcilla, el cartón piedra, el yeso y la gasa. La Wikipedia inglesa confirma el mismo estatuto y la misma fecha, y precisa el vínculo con los pintores que menciona el episodio: los mascherari pertenecían al margen del gremio de pintores y se ayudaban de pintores de rótulos, que trazaban las caras sobre el yeso.

La bauta y el médico de la peste

Más allá de los personajes que provienen del teatro, también es muy empleada la máscara bauta, que algunos le llaman máscara Casanova porque al parecer era la que este personaje solía usar. Es una máscara particular, fácilmente reconocible, porque cubre toda la cara y debajo de la nariz como que se ensancha un pico, de manera que el que la lleva no tiene que quitársela para comer o beber. Normalmente va acompañada por una túnica negra y un sombrero tricornio, que es aquel que tiene tres picos, como su nombre indica.

La Wikipedia italiana describe la bauta no como una máscara suelta sino como un conjunto: la careta blanca, llamada larva —«fantasma» en dialecto veneciano—, el tricorno negro y un manto oscuro y envolvente, el tabarro (en la versión femenina, un manto corto de encaje, el zendale). Coincide con el episodio en la forma de la careta, pensada para poder beber y comer sin quitársela, y añade un detalle que el episodio no da: el labio superior deformado y alargado permitía además alterar la voz para no ser reconocido. Dos precisiones más. La bauta no era solo de carnaval: se usaba durante todo el año, en el teatro, en los encuentros galantes y para moverse por la ciudad, y era la máscara con más permiso para circular, incluso en días en que las demás estaban prohibidas. Y sobre el nombre: no he encontrado ninguna fuente solvente que respalde lo de máscara Casanova; el nombre circula sobre todo en catálogos de tiendas de máscaras venecianas, y ni la ficha italiana de la bauta ni la inglesa del Carnaval mencionan a Casanova. El episodio ya lo dice con reservas, y así se queda.

Y una máscara que el episodio no nombra y que completa el cuadro: la moretta, o servetta muta. Era un pequeño óvalo de terciopelo negro, sin abertura para la boca, que llevaban las mujeres y que no se ataba: se sujetaba mordiendo un botón por dentro, de modo que quien la llevaba no podía hablar —de ahí lo de muta—. Deriva del visard francés del siglo XVI y aparece retratada en El rinoceronte de Pietro Longhi, de 1751. Sobre su final, las dos Wikipedias dan dos fechas distintas y no hay por qué elegir: la inglesa dice que cayó en desuso hacia 1760; la italiana sitúa su decadencia en la caída de Venecia de 1797, cuando los invasores austriacos prohibieron el uso de máscaras.

Otra máscara muy famosa dentro del carnaval es la del médico de la peste, que sí se inspira en personajes reales que existieron, los doctores que atendían a los contagiados por la peste bubónica. Es una máscara que cubre todo el rostro y que tiene un gran pico como el de un ave, hacia adelante, y a veces tienen los ojos también protegidos con cristales.

El origen del traje. La Wikipedia inglesa lo atribuye al médico francés Charles de Lorme, médico del rey Luis XIII, que en el brote de peste de 1619 en París describió un atuendo de piel de cabra marroquí con botas, calzones, abrigo largo, sombrero y guantes, y una careta con un pico relleno de sustancias aromáticas. El pico no era decorativo: respondía a la teoría miasmática, según la cual la enfermedad se propagaba por los malos olores, y se llenaba de flores secas, hierbas, alcanfor o una esponja de vinagre. Los ojos iban cubiertos con discos de cristal. Un aviso de esa misma entrada corrige el tópico más extendido: no hay evidencia de que el traje del pico se usara durante la Peste Negra ni en la Edad Media; empieza a aparecer en el siglo XVII, cuando los médicos estudiaban y trataban a los enfermos de peste. Lo que esa entrada dice del carnaval va en la dirección contraria, y conviene copiarlo tal cual: el traje está asociado a un personaje de la comedia del arte llamado Il Medico della Peste, y la máscara veneciana —blanca, con el pico hueco y los agujeros redondos de los ojos cubiertos de cristal transparente— es, según esa misma página, una de las máscaras distintivas que se llevan en el Carnaval de Venecia. La misma entrada añade que el médico de la peste con pico inspiró disfraces en el teatro italiano como símbolo del horror y de la muerte, aunque algunos historiadores sostienen que el personaje fue originalmente ficticio y que fue él quien inspiró después a los médicos reales.

Lo que se perdió, y lo que se recuperó

Precisamente una de las tradiciones que se lamenta haber perdido en el periodo en que cesó el carnaval era la de confeccionar máscaras. A partir del siglo XX se retomó, y las máscaras en la actualidad alcanzan grados de expresividad increíbles, ya sea por sus formas, sus colores, que con el tiempo se han ido diversificando, o sus materiales. Y ese es uno de los grandes méritos del carnaval de Venecia: mantener vivas tradiciones culturales centenarias.

El vuelo del ángel

Además de la confección de las máscaras se puede mencionar el ritual del vuelo del ángel, que es el que da comienzo al carnaval. Ha sufrido sus variaciones a lo largo del tiempo, pero ha llegado hasta nuestros días. Es ese en el que una joven con una vestimenta muy llamativa, muy colorida, baja desde el campanario de San Marcos lanzando confetis o regalos pequeños. Muchas de esas variaciones se hicieron con ganas de enriquecer el espectáculo, de hacerlo más vistoso, buscando un mayor atractivo turístico, pero siempre manteniendo la esencia de estas tradiciones y la confluencia de diferentes manifestaciones artísticas dentro del carnaval.

De dónde sale el vuelo, y por qué ha cambiado tanto. La Wikipedia italiana y el sitio oficial del Carnevale di Venezia cuentan lo mismo: hacia mediados del siglo XVI, un joven acróbata turco recorrió, con la sola ayuda de un balancín, una cuerda tendida entre una barca amarrada en el muelle de la Piazzetta y la celda campanaria del campanile de San Marco, y bajó después hasta el balcón del Palacio Ducal a rendir homenaje al dux. Aquella hazaña, conocida como Svolo del Turco, entró de forma estable en el programa. Cuando en 1759 el vuelo acabó en tragedia, la práctica se prohibió y se sustituyó por el Volo della Colombina: una paloma mecánica que descendía por la cuerda y que, a mitad de recorrido, abría una trampilla y soltaba sobre la Piazzetta confeti, peladillas y pequeños regalos. Ahí está el detalle que el episodio recuerda. Desde la edición de 2001 se volvió a la fórmula antigua, con una persona de carne y hueso en lugar del mecanismo —la primera fue una artista de la Compagnia dei Folli—, y desde 2011 el papel del Ángel se asigna a la Maria dell'anno, la ganadora del concurso en trajes históricos de la Festa delle Marie, restaurada en 1999. En las ediciones modernas el vuelo se celebra a mediodía del primer domingo de fiesta, como uno de los actos de apertura que decretan oficialmente el comienzo del Carnaval; antiguamente se hacía el Jueves Gordo.

Así que hay que ir al carnaval de Venecia.

Y ahí está la respuesta a la tercera pregunta del principio. Un carnaval entra en un podcast de arte porque es, a la vez, un género teatral del siglo XVI que sigue andando por la calle, un gremio de artesanos con estatuto propio desde 1436, un ritual escénico de quinientos años que ha cambiado de forma sin perder el sitio, y una ciudad entera que durante unas semanas se pone el traje con el que la pintaron.

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