Episodio 04Arte y sociedad

Arte urbano... ¿vandalismo?

12 de octubre de 2021

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arte urbano

Street art en inglés, arte urbano o arte callejero en español. ¿Qué tan legal es? ¿Por qué es arte? ¿Acaso todos los grafitis que vemos día a día en nuestras ciudades son arte? ¿Qué hay con el vandalismo?

Tres adjetivos para definirlo, según una de las conductoras: contestatario, misterioso, arriesgado. Según la otra: irreverente, polémico y enigmático. Las seis palabras apuntan al mismo sitio, y ninguna habla de estilo. Hablan de una posición.

Para qué se hace

Lo primero es saber cuál es el sentido de este tipo de arte y cuáles son las razones de quienes lo practican. Los artistas urbanos buscan crear conciencia sobre diversos temas, la mayoría de las veces desde un fuerte cuestionamiento político y social, y su escenario de acción es precisamente el espacio público de la ciudad, de manera que sus obras puedan ser vistas por todos.

Por lo tanto no dependen de museos ni de galerías que se interesen por ellos o aprueben exhibir sus obras. Uno de sus propósitos es desestabilizar las normas, incluyendo el sistema artístico del arte: no me subordino a las reglas de museos, galerías o casas de subastas; hago mi arte en la calle, donde hay un público grande y garantizado, y así digo lo que pienso.

Esa intención irreverente marca la forma en la que este arte se inserta en las ciudades, y se puede encontrar en muros, fachadas, autos, techos, pavimentos, señales urbanas, vagones de metro y de tren, anuncios gubernamentales y hasta en monumentos.

Muchos de estos artistas trabajan desde el anonimato y usan seudónimos, y generalmente intervienen de noche o de madrugada para que sea la luz del amanecer la que descubra sus obras ante la multitud. A eso hay que sumarle que a veces son obras hechas en espacios muy arriesgados, en edificios altísimos. Todos esos recursos están encaminados a crear en el espectador un estado de enigma, de choque y de llamada de atención, en el afán de visibilizar esos mensajes.

No todo lo que hay en la calle es arte urbano

¿Todo lo artístico que vemos en las calles es arte urbano? ¿La escultura del oso y el madroño en Madrid, la escultura LOVE en Nueva York o la Fuente de la India en La Habana son arte urbano? Pues claro que no.

En la ciudad convive también el llamado arte público, que es fruto del encargo o la planificación urbana, o de eventos programados como las bienales; los gobiernos y entidades públicas se encargan de conservarlo, así que es duradero y está destinado a formar parte de la visualidad de esas ciudades.

Bien distinto del arte urbano o callejero, que surge por libre y espontánea voluntad del artista, sin previo aviso ni encargo, y que es efímero, porque muchas veces se borra o se destruye, y puede estar en lugares controversiales, reafirmando su sentido contestatario y su carácter muchas veces ilegal.

La distinción se puede resumir en una pregunta: ¿quién decidió que eso estuviera ahí? Si lo decidió un ayuntamiento, es arte público. Si lo decidió el artista, a las tres de la mañana y sin pedir permiso, es arte urbano.

Vandalismo o arte

Se considera que el arte urbano es ilegal porque no cuenta con autorización privada ni gubernamental, y algunos llegan a considerarlo un hecho vandálico, un peligro para el patrimonio arquitectónico y la propiedad privada. Entre detractores y defensores, cabe la pregunta: ¿son vandalismo o son arte?

Primero hay que aclarar algo. Cuando se habla de arte urbano se habla de intervenciones con un sentido y un mensaje de corte social o político, no de las pintadas de firmas sin sentido que también conviven en la ciudad y que sí son vandalismo sin más.

Y sobre la ilegalidad, hay un matiz que el episodio plantea bien: será vandálico en mayor o menor medida en dependencia del lugar donde se coloque. No es lo mismo que un artista urbano pinte sobre la reja de protección de un negocio privado que que lo haga en un lugar que esté en ruinas o en un muro en las afueras de una ciudad. De modo que no todo el arte urbano rompe las normas cívicas ni profana el patrimonio o la propiedad privada, y eso influye en su mayor o menor grado de aceptación por las personas.

Aun así, muchos artistas urbanos confiesan abiertamente estar muy dispuestos a romper reglas para transmitir sus mensajes: esa viene siendo parte de su filosofía. Y el artista urbano más famoso del mundo —cuyo nombre el episodio todavía no ha soltado— tiene una frase que lo resume:

Los mayores crímenes del mundo no son cometidos por las personas que violan las reglas, sino por las personas que las siguen. Son los individuos que siguen órdenes quienes sueltan las bombas y masacran aldeas.

Siempre se ha dicho que la creación artística no debería tener ni límites ni barreras, aunque en última instancia la cuestión principal a la hora de definir si algo es arte o no va a ser la subjetividad de las personas.

La pregunta interesante, entonces, no es si es legal. Es la que se hace el propio episodio: ¿acaso el hecho de que sea vandalismo le impide ser arte? ¿El arte siempre tiene que ser algo legal? ¿Acaso no pueden existir intervenciones que partan de una acción ilegal, pero que posean al mismo tiempo un mensaje y una técnica sólidos, cuyo autor sea una persona comprometida social y políticamente, y que por tanto podamos considerarlas arte?

Y esa pregunta no se ha quedado del todo en lo teórico: un tribunal federal estadounidense ya se acercó a ella, y con cifras, aunque con murales legales.

5Pointz era un complejo de naves en Long Island City, Nueva York, convertido durante años en la meca del grafiti mundial. En 2013 el promotor Gerald Wolkoff mandó blanquear los muros de noche para levantar apartamentos. Los artistas le demandaron amparándose en la VARA, la ley estadounidense de derechos del autor visual, que reconoce «derechos morales» sobre la obra.

En febrero de 2018, el juez Frederic Block les dio la razón y condenó al promotor a pagar 6,75 millones de dólares: 150.000 por cada una de las 45 obras destruidas, el máximo legal. El Segundo Circuito confirmó la sentencia en 2020 y el Tribunal Supremo se negó a revisarla. Lo cuenta la Wikipedia en inglés, en su artículo sobre 5Pointz.

Léase despacio lo que eso significa para la pregunta del episodio. Unas obras pintadas con permiso del propietario, efímeras por definición, recibieron la misma protección legal que un cuadro de museo — y quien las borró tuvo que pagar por haberlas destruido. La ley no tuvo que decidir si eran vandalismo, porque eran legales. Entró a decidir si eran arte, y dijo que sí.

Si asumimos que eso puede pasar, la tan repetida contradicción entre arte y vandalismo dentro del arte urbano ya no tendría sentido. Cabe la posibilidad de que existan intervenciones que puedan considerarse vandálicas y a la vez artísticas, del mismo modo que muchas de esas firmas y pintadas sin sentido se quedan solamente en el plano del vandalismo. Hay que tener en cuenta siempre la relatividad de todas estas categorías, y no generalizar ni esquematizar.

De dónde viene, y con qué se hace

El arte urbano tiene sus inicios en la década de los 60, en un momento histórico marcado por la lucha política, principalmente en las generaciones más jóvenes que se oponían, por ejemplo, a la guerra de Vietnam. El concepto de street art se comienza a manejar en los años 90.

Y hay otra confusión frecuente: muchas personas creen que el arte urbano es solo grafiti, y no es así. Hay muchísimas técnicas además del grafiti. Por ejemplo el stencil, muy empleada: el artista va al lugar con una plantilla que tiene calada la figura que quiere dejar plasmada, la pega a la pared y la rellena con pintura, una técnica que permite hacer trabajos relativamente detallados de una manera rápida. Y están también el cartelismo, las pegatinas, la calcomanía y la serigrafía.

Ese detalle del stencil no es menor, y explica media historia del género: si hay que hacer la obra de noche, deprisa y sin que te vean, la técnica tiene que permitir terminar en minutos. La forma del arte urbano está condicionada por el tiempo que tarda la policía en llegar.

Y conviene ponerle nombres a esa genealogía, porque el episodio la resume en una década y hay una línea bastante clara:

En 1971, The New York Times publicó «TAKI 183 Spawns Pen Pals», sobre un mensajero neoyorquino que firmaba TAKI 183 por toda la ciudad. Aquel artículo convirtió una firma en un fenómeno y le dio nombre al asunto.

En Nueva York vienen detrás Keith Haring, que desde finales de 1980 se apropió del metro con sus figuras esquemáticas, y Jean-Michel Basquiat, que firmaba SAMO y mezclaba poesía con crítica social.

Y el stencil, la técnica que el episodio describe, tiene un padre concreto: Blek le Rat, que empezó a estarcir en el París de los años 80, junto a Jérôme Mesnager y más tarde Space Invader. Banksy ha reconocido que se inspiró en él. Cada vez que alguien reconoce un Banksy por su plantilla, está reconociendo una técnica parisina de hace cuarenta años.

Banksy

Hablemos de alguien que se hace llamar Banksy. Sus trabajos son muy conocidos, y muchos querrían toparse con ellos en alguna ciudad del mundo y tomarse una foto junto a un original. Se han reportado incluso robos, como el de un ciudadano al que le arrancaron la puerta de su propiedad privada porque contenía una pintura suya.

Y sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta quién es. Al parecer ni sus propios padres saben quién es verdaderamente su hijo, y se dice que solo algunos de sus amigos de confianza lo saben. Algunos piensan que en realidad es un grupo de personas; hay quien sospecha que es una mujer; otros dicen que es el líder y vocalista de la banda inglesa Massive Attack, o el ilustrador que dibuja a los integrantes de la banda virtual Gorillaz. Después de varios años en acción, su identidad aún es un misterio. La mayoría coincide en que nació en 1973 o 74, creció en Bristol, Inglaterra, y que desde los años 90 viene haciendo de las suyas con el espray en las manos.

Sea un colectivo de personas o un solo artista, Banksy es un vivo ejemplo que demuestra que las intervenciones espontáneas en las calles sí pueden tener el calificativo de arte.

Policías besándose

La pared exterior de un pub en Brighton, Inglaterra, amaneció un día con dos policías, hombres uniformados, pintados y besándose. Admite muchísimas lecturas: entender la homosexualidad como una forma más de amar, o brindar una visión humana, de carne y hueso, de las autoridades. A algunas personas les molestó muchísimo, y el caso es que no pasó inadvertida.

Kissing Coppers es de 2004 y apareció en el muro del pub The Prince Albert. Los dos agentes van de uniforme completo, con esposas y porra al cinto, pintados en blanco y negro. El sitio no es casual: Brighton es la ciudad con la mayor celebración del Orgullo del Reino Unido. Lo recoge la Wikipedia en inglés, en su artículo sobre Kissing Coppers.

Barrer bajo la alfombra

En un muro aparece una mucama que esconde la basura debajo de la alfombra, hablándonos quizás de la hipocresía y la falsa moral de la sociedad actual.

Sweep It Under the Carpet apareció en 2006 en Chalk Farm Road, en el norte de Londres. Según Banksy Explained, la figura está inspirada en Leanne, camarera de un motel de Los Ángeles: una trabajadora concreta convertida en alegoría política. Suele leerse como la desgana del mundo occidental para encarar problemas globales como la pobreza.

Chica con globo

Otro de sus trabajos más conocidos y reproducidos. En un muro de Londres, una niña pierde un globo en forma de corazón y a su lado se lee There is always hope, siempre hay esperanza. Es un mensaje positivo que también podría hablar de aprender a dejar ir las cosas o las personas.

Girl with Balloon arranca en 2002, estarcida bajo el puente de Waterloo, en el Southbank londinense, con esa inscripción al lado, según Banksy Explained. Unos la leen como símbolo de la inocencia perdida y otros creen que la niña está soltando el globo a propósito. En una encuesta de Samsung a 2.000 personas, en julio de 2017, fue elegida la obra favorita del Reino Unido, como recoge la Wikipedia en inglés.

El que lanza flores

Y en un muro de Cisjordania, una zona marcada por los conflictos y la violencia, pintó a una figura lanzando un ramo de flores: una obra con un claro mensaje pacifista y antibelicista.

Se titula Love Is in the Air, y se la conoce como Flower Thrower o Rage. Está en Beit Sahour, en Cisjordania, y responde a la construcción del muro de separación que había empezado en 2002. La Wikipedia en inglés y Banksy Explained la fechan en 2003, pero Bonadio la sitúa en 2005, y el propio Banksy Explained data el primer viaje de Banksy a Cisjordania en agosto de 2005. Según esas dos fuentes, quien lanza las flores no es un soldado: es un manifestante enmascarado, en la postura de quien va a arrojar un cóctel molotov. Ahí está todo el sentido de la obra: en la mano que esperas ver con una bomba hay un ramo.

Los lugares donde pinta no son aleatorios: los elige en dependencia del tema que quiera tratar. No es manchar por manchar ni garabatear por garabatear. En sus trabajos hay un compromiso político y social, y hablan de la moral, el consumo, la discriminación. Por eso lo que él hace es arte. Todas invitan a reflexionar de alguna manera, a cuestionarnos cosas.

La paradoja de legalizarlo

Las autoridades son, en última instancia, quienes deciden qué se queda y qué se va de una ciudad, y algunas han tomado una decisión: no quiero que la ciudad esté pintada, eso la afea, es un arte ilegal; vamos a crear espacios donde se autorice este tipo de intervenciones y será solo allí donde sea legal hacerlo.

Miami es un ejemplo. En la zona de Wynwood Walls se le ha dado lugar al arte urbano, y reconocidos artistas callejeros a nivel internacional han ido a pintar allí de una manera autorizada, legal.

Con un matiz: Wynwood Walls no es un espacio creado por las autoridades, sino una iniciativa privada. Según la Wikipedia en inglés, lo concibió en 2009 el promotor inmobiliario Tony Goldman, que se propuso convertir los muros ciegos de unas naves industriales venidas a menos en lienzos para los grandes nombres del arte urbano internacional. Se ha convertido en un lugar turístico donde el arte urbano es uno de sus mayores atractivos: la gente va, se fotografía con unos murales que se nota que son mucho más complejos y detallistas que el arte que se hace a escondidas.

Y ahí está la paradoja, que el episodio ve bien: algunos artistas urbanos no están a favor de estas iniciativas, porque van en contra de la filosofía del street art. Es un arte que debe ser casual, con el que la gente se tropiece por sorpresa, y además ilegal, para que los mensajes contra el sistema vigente tengan más fuerza e impacto.

Merece la pena quedarse con esa tensión, porque es la del episodio entero llevada a su forma más incómoda. Un muro autorizado resuelve el problema legal y mata el argumento: si alguien te da permiso para desobedecer, ya no estás desobedeciendo. Y sin embargo, en Wynwood los murales son mejores. Más grandes, más detallados, más trabajados. La ilegalidad daba el sentido y quitaba el tiempo.

No importa qué tipo de expresión artística tengamos delante: siempre habrá quien pueda sentirse incómodo e incluso ofendido frente a determinadas obras. Y esa diferencia de criterios hace más rico el mundo del arte.


Dos precisiones sobre datos que damos en el episodio, las dos sobre obras de Banksy. La primera: llamamos «Soldados lanzando flores» a la pintura de Cisjordania, y quien lanza el ramo no es un soldado sino un manifestante enmascarado, en la postura de quien va a arrojar un cóctel molotov; ahí está justamente el sentido de la obra, que se titula «Love Is in the Air» y se conoce como «Flower Thrower». Lo recogen la ficha de la obra en la Wikipedia en inglés y Banksy Explained. La segunda: situamos «Barrer bajo la alfombra» en Oxford, y está en Chalk Farm Road, al norte de Londres, donde apareció en 2006, según Banksy Explained.

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