
Episodio 84
Publicado el 22 de febrero de 2024 · Duración: 16:42 min
La cubana Rosalía Abreu y su quinta “Las Delicias”
Un castillo novelesco, el primer criadero de chimpancés en cautiverio que probablemente haya existido en el mundo y joyas del arte cubano, todo eso dentro de una quinta habanera que perteneció a una de las familias más poderosas de Cuba en la primera mitad del siglo XX. Esa historia nos sedujo, así que nos llegamos hasta allá y de ahí sale este episodio especial. Como en los demás episodios de esta serie, hubo aventura previa por el lugar y sesión de fotos incluida.
El invitado es Ian Pablo, el «Juglar Habanero», que ya había estado en el podcast.
El nombre y el apodo no salen de la transcripción, que los deforma: salen de la ficha que el propio podcast publica de este episodio, donde se lee «conversamos con nuestro amigo Ian Pablo –el "Juglar Habanero"–, sobre una cubana avispada, pudiente, amante de los animales y del arte: ROSALÍA ABREU».
Lo increíble, se reconoce en el audio, es que nadie del equipo había visitado antes la antigua Quinta Las Delicias a pesar de vivir en La Habana, y eso que no está en ningún sitio remoto: está bastante céntrica, en la calzada de Santa Catalina y Palatino, en el Cerro, barrio predilecto de la burguesía habanera hasta que el Vedado se empezó a poner de moda.
Los Abreu: de un pueblo de Tenerife a la fortuna azucarera de Santa Clara
Pero antes de hablar del lugar, con ese nombre tan sugerente, conozcamos quiénes eran sus dueños. Los Abreu son una familia antiquísima y la rama cubana tiene su origen en Tenerife.
La genealogía clásica lo fecha y lo localiza: «A fines del siglo XVIII, procedente del Realejo de Arriba, en la isla de Tenerife, se estableció esta familia en la provincia de Santa Clara, isla de Cuba». Quien cruzó fue Manuel González Abreu, «natural del Realejo de Arriba», que «pasó a la provincia de Santa Clara, donde fue Subteniente de Milicias y Alcalde ordinario». Es la Historia de familias cubanas de Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, conde de San Juan de Jaruco, tomo primero, La Habana, 1940.
Uno de esos Abreu llegó a Cuba entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX para ejercer como alcalde ordinario de Santa Clara, la ciudad de la que los Abreu acabarían siendo benefactores. De ahí desciende don Pedro Abreu, que incrementó por mucho la fortuna familiar con las inversiones que hizo en la industria azucarera, y que fue padre de tres hijas, dos de ellas muy conocidas por los cubanos: Marta y Rosalía Abreu.
El portal municipal de Santa Clara lo resume así: «Pedro Nolasco González Abreu (1812-1876), rico hacendado azucarero, fue alguacil segundo del ayuntamiento y en 1843 pasó a ser Teniente de la Caballería Urbana». Y añade el cargo que el episodio menciona: «En 1856 pasó a ser Alcalde Ordinario de Santa Clara, cargo desde donde se ganó el afecto de los pobladores de la villa».
Don Pedro ocupaba puestos importantes en su localidad y era alcalde primero de Santa Clara cuando estalla la guerra de los Diez Años, momento en que su situación se vuelve complicada porque estaba involucrado tanto en el bando de las autoridades españolas como en el de los insurrectos, jugando a dos bandas.
Esa doble posición está documentada, aunque con un matiz que conviene guardar: la misma fuente municipal cuenta que varios autores sitúan el alzamiento de San Gil de febrero de 1869 en la hacienda Dos Hermanas, propiedad de Pedro Nolasco, y explica que el ejército español no sospecharía de «la hacienda de señor tan poderoso y con responsabilidades en la vida política a favor de España». Sobre él en concreto el portal no habla en voz propia: cita al biógrafo Agustín Veitía Ferrer (Marta Abreu, una mujer excelsa, Editorial Lex, La Habana, 1947), y lo cita con la explicación incluida, que es la que da el propio Veitía para la no implicación. Literal: «Sobre estos sucesos Veitía expone: "Don Pedro Nolasco está enterado de todo, dos de sus hermanos participan en la conspiración. No interviene personalmente, pero presta ayuda económica cuando se le demanda. Está viejo para estos lances."».
Esa fue una de las razones por las que abandona Santa Clara con su familia para instalarse en La Habana. Después de que sus hijas le dieran algún que otro quebradero de cabeza —sobre todo Marta, que se casó sin su consentimiento y con un hombre pobre además—, muere y les deja en testamento una fortuna tremenda, suficiente para levantar en Santa Clara asilos, hospitales, escuelas y hasta una central eléctrica y seguir viviendo holgadamente.
El hombre pobre tiene nombre y carrera: la genealogía de Santa Cruz y Mallén registra que Marta González-Abreu y Arencibia casó el 16 de mayo de 1874 con «el Doctor Luis Estévez y Romero, natural de Matanzas, Abogado, Secretario de Justicia, Vice-Presidente de la República de Cuba…» —la entrada sigue, y lo hace Hijo adoptivo de la provincia de Santa Clara por acuerdo del Ayuntamiento de 15 de septiembre de 1885—. La Wikipedia inglesa añade el motivo del rechazo familiar y la fuga: los padres desaprobaban el enlace porque Estévez venía de una clase social más baja y había perdido a su padre de niño, y la pareja «eloped in Santa Clara».
Las tres hermanas Abreu eran altruistas de por sí, pero además don Pedro había dejado claro en el testamento que parte del dinero debía destinarse a labores benéficas en pos del desarrollo de Santa Clara. En ese testamento estaba incluida la finca de Palatino, donde la familia veraneaba.
Una quinta colonial que se quemó en 1900
Cuando los Abreu llegan a La Habana compran una casa bien céntrica en lo que hoy es La Habana Vieja, y para veranear compran una quinta en Palatino, cerca de la Calzada del Cerro: un terreno alejado del bullicio de la ciudad, apenas urbanizado y lleno de naturaleza. La llamaron Las Delicias y era una quinta colonial típica, muy similar a las otras que había por el Cerro.
Hasta que se incendia allá por el año 1900 y queda reducida a escombros.
Aquí las fuentes no coinciden en el año y conviene decir quién sostiene qué. Habana Radio, la emisora de la Oficina del Historiador de La Habana, escribe que la quinta «fue devastada por un incendio en 1900». Radio COCO y otras versiones cubanas lo fechan en abril de 1901. El episodio se alinea con la primera.
Rosalía, que era al final quien había heredado la finca, decide viajar a París para contratar a un arquitecto que la reconstruyera, pero no le hizo falta llegar a París: estando en Nueva York dio con un arquitecto de su agrado.
Habana Radio lo cuenta con el mismo giro: «se trasladó a Nueva York camino hacia París para buscar un proyecto moderno que le permitiera reconstruirla, sin embargo, no tuvo que llegar a la capital francesa para ello: en la norteamericana halló el diseño ideal, en manos del arquitecto Charles Brun, luego de haber consultado varias firmas neoyorquinas».
Era un arquitecto francés radicado en Nueva York que ya tenía obra en La Habana, como la glorieta de la Punta, que lamentablemente ya no existe.
El castillo: hormigón armado con sistema Ransome
El arquitecto se decantó por reconstruir la quinta a la manera de un castillo gótico francés, y fue además una de las primeras construcciones de Cuba en la que se aplicó el hormigón armado, bajo un sistema que en aquel momento venía de Nueva York.
El sistema se llama Ransome, no «Ramson» como lo devuelve la transcripción automática. Habana Radio lo documenta y le pone contexto: las dos casas de los Abreu —la quinta Las Delicias y la casa de Prado— «propusieron métodos novedosos al ser las dos viviendas que inauguraron en la ciudad la aplicación del hormigón armado bajo el sistema Ransome, muy desarrollado en aquel momento por los Estados Unidos», y remite al historiador Carlos Venegas y a su artículo «La arquitectura de la intervención (1898-1902)».
Con ese sistema se recrearon elementos arquitectónicos y decorativos mozárabes y góticos, de manera que lo que queda es una mansión de estilo ecléctico que combina estilos del pasado sobre todo en sus interiores. Está el salón morisco, donde antiguamente solía estar la sala de billar, y un comedor de techos artesonados; hay estancias decoradas con lámparas Tiffany y muebles de Georges Jacob, uno de los ebanistas más famosos del siglo XVIII francés.
Dos apuntes de precisión sobre esas dos piezas del mobiliario. La descripción canónica del edificio es la que recogen los arquitectos María E. Martín Zequeira y Eduardo L. Rodríguez en La Habana. Guía de Arquitectura, citada por Habana Radio: destacan «la vidriera emplomada en el bay window del comedor, la decoración de algunos techos, el lenguaje neomorisco de uno de los salones y los espaciosos jardines con glorietas y una capilla neogótica». Y Georges Jacob (Cheny, 1739 – París, 1814) es, en la clasificación francesa, un menuisier en sièges —el oficio del mueble de asiento— más que un ebanista: recibido maestro en 1765, la familia real estuvo entre sus clientes y fundó una dinastía que llegó hasta su nieto Alphonse Jacob-Desmalter.
El proyecto inicial era todavía más novelesco que el resultado: Habana Radio cuenta que «evocaba fielmente la arquitectura feudal francesa del territorio de Loira, con sus monumentales techos de fuertes pendientes», y que esos techos se descartaron en la versión final, que «con su pretil almenado, hace mayor referencia a la arquitectura militar, de ahí que el edificio sea conocido como el "Castillo"». Circula además una frase de prensa que se repite en todas las divulgaciones del lugar, y conviene decir de dónde sale de verdad, porque en Habana Radio no está: la recoge onlinetours.es, el blog de viajes de una agencia española, que la presenta con un escueto «la prensa de entonces la catalogó así» y no dice de qué periódico ni de qué fecha es. Dice: «Un verdadero palacio de hadas, con una decoración de las Mil y una Noches. Al entrar en los dominios se abre un vasto parque señorial a la manera inglesa y cree uno entrar en el país del ensueño».
Sobre la fecha de terminación tampoco hay acuerdo: Habana Radio da la vivienda «terminada hacia 1902», mientras que Radio COCO sitúa la inauguración del castillo el 3 de mayo de 1906, «con una suntuosa recepción nocturna que fue ampliamente destacada por toda la prensa de la época, resaltando como algo sorprendente el hecho de que la anfitriona apareciera ante los invitados con un macaco y un orangután».
La capilla
Poco después se mandó construir una capilla dentro de la quinta. Se inauguró en 1905 y fue un evento con presencia no solo de la aristocracia habanera, sino de la política y de la cultura de la sociedad. Hubo un concierto en los jardines, y asistieron representantes de la legación española y de la embajada francesa: toda una comparsa, dice el audio, solo para ver a un cura bendecir una pequeña capilla.
El músico que el episodio pone al piano es Hubert de Blanck (Utrecht, 1856 – La Habana, 1932), fundador en septiembre de 1885 del conservatorio de La Habana que acabaría llamándose Conservatorio Nacional de Música. Que la casa fue escenario de estrenos suyos lo recoge onlinetours.es, el blog de viajes citado más arriba, que enumera entre sus visitantes a embajadores extranjeros y a Isadora Duncan y la describe como escenario «de estrenos de músicos como Hubert de Blanck». No he podido documentar, en cambio, la lista de asistentes concreta de 1905, ni la historia del piano alemán que —según se dijo muchas veces, y así lo marca el propio episodio— había pertenecido a Carlos I de Rumanía.
Cuando el equipo fue de visita, la capilla estaba cerrada y solo pudieron ver su exterior, sin averiguar en qué condiciones estaba por dentro.
Menocal en el recibidor: la batalla de Coliseo
Lo que sí vieron, nada más entrar, fue una obra del pintor Armando García Menocal en el mismísimo recibidor, uno de los artistas más renombrados de Cuba a principios del siglo XX. Su estado de conservación deja hoy mucho que desear y está bastante deteriorado, pero todavía se distingue la escena: es la batalla de Coliseo, de la guerra de independencia, protagonizada por Máximo Gómez. Y en ella participó el mismísimo artista.
El Portal Cubarte lo dice sin rodeos: Menocal «Decora la Quinta Las Delicias, de Palatino, perteneciente a Rosalía Abreu, para la que realiza varios paneles mitológicos y cuadros sobre la invasión, entre los que figuran La Batalla de Coliseo, en la que participa». Sobre el soporte hay discrepancia entre fuentes: Habana Radio habla de «murales realizados por el pintor cubano Armando Menocal, con escenas de la Guerra de Independencia», el blog de viajes onlinetours.es, en su nota de diciembre de 2019 sobre la restauración, la llama «el mural de la Batalla de Coliseo», y el artículo de Cubillas en CubaZoo habla de «la única pintura mural de Armando G. Menocal sobre la Batalla de Coliseo»; el episodio, en cambio, la describe como un lienzo.
La batalla, por su parte, es del 23 de diciembre de 1895, en las inmediaciones del poblado de Coliseo, en la provincia de Matanzas, durante la campaña de la Invasión a Occidente. El mando cubano no fue solo de Gómez: las fuentes dan la acción a Máximo Gómez y Antonio Maceo al frente de la columna invasora, con victoria cubana. Un apunte sobre el lugar, porque la ficha de la Wikipedia inglesa se contradice consigo misma: su cuadro-resumen pone «Cruces, Matanzas Province», mientras que su propio texto dice «the surroundings of the town of the same name, Matanzas Province» —o sea, junto al poblado de Coliseo, que es lo que sostiene EcuRed—.
Menocal dejó sus labores como pintor para incorporarse a la guerra del 95, alcanzó el grado de comandante del Ejército Libertador y fue asistente del generalísimo Máximo Gómez, a quien se ve en el centro de la obra. Muchos de sus temas históricos son el resultado de sus experiencias durante la guerra, y por eso algunos lo llaman el pintor mambí.
Armando García Menocal (La Habana, 8 de julio de 1868 – La Habana, 28 de septiembre de 1942) se formó en San Alejandro y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Cubarte lo llama «el Pintor del Independentismo», sitúa su grado de comandante «en el Quinto Cuerpo del Ejército Libertador» y recuerda que en la manigua vendía retratos a plumilla «entre los cubanos exiliados para recaudar fondos para el Ejército Libertador». Su obra más conocida, La muerte de Antonio Maceo (1906), obtuvo medalla de oro en la Exposición de California de 1915. En 1918 decoró el Palacio Presidencial —hoy Museo de la Revolución— por encargo de su primo Mario García Menocal, presidente de la República.
Que esos temas estén en esa casa no es casualidad: la familia Abreu estuvo comprometida con la causa libertaria y jugó un papel de gran importancia en el financiamiento de las guerras de independencia, sobre todo en la del 95, así que los cuadros eran también una forma de celebrar la recién instaurada república.
La cifra concreta la da el cronista Ciro Bianchi Ross en Cubadebate: tras la caída en combate del mayor general Antonio Maceo, Rosalía y su hermana Marta «remitieron 100 000 pesos a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano, en Nueva York, para inflamar los ánimos libertarios».
Hubo en la quinta una segunda obra de tema histórico de Menocal, hoy desaparecida, resuelta igual que la de Coliseo desde una perspectiva panorámica, lo que elevaba su complejidad y daba muestras de la calidad del pintor; y hubo también obras de temas mitológicos y escenas pastoriles. Vamos, que Menocal se hizo de oro con esa casa.
Por qué nadie la llama Las Delicias
Pero el nombre con el que la quinta ha llegado hasta nuestros días no es el de Las Delicias: es el de Finca de los Monos. El episodio lo comprueba con un experimento mental que cualquiera puede repetir en La Habana: si le preguntas a un habanero por la Quinta de Las Delicias, lo más seguro es que no sepa de qué le hablas; si le preguntas por la Finca de los Monos, te dice enseguida dónde está.
El apodo llegó más bien como una burla, y no como una manera cómoda de referirse a la casa.
Doscientos simios de cuarenta especies
Rosalía amaba a los animales —en eso concuerdan todas las fuentes de la época— y llegó a reunir en su propiedad, con la ayuda de varios traficantes de animales, unos 200 simios de 40 especies.
La cifra aguanta y está por todas partes. Ciro Bianchi Ross la enmarca: «Era un zoológico, el primero del que se tiene noticias en Cuba, en una época, las tres décadas iniciales del siglo XX, en que albergó la reserva de monos más grande del mundo: más de 200 primates de 40 especies…». La frase sigue, y sigue con Yerkes: esos primates «dieron pie al estudio antropológico más importante realizado hasta entonces, afirmó, en 1924, el norteamericano Robert Yerkes, profesor de la Universidad de Yale». Y no eran solo monos: la misma crónica enumera «loros, papagayos, pavos reales, un oso pardo, un elefante, un tigre…».
Antes de eso, el episodio sitúa el arranque de la afición científica en su viudez, en 1907, con el asesoramiento de la Universidad de Yale para estudiar las costumbres y los hábitos de los monos.
Ese asesoramiento tiene una explicación doméstica que la crónica de Radio COCO recoge: «Interesada por el comportamiento de estos animales, pidió asesoramiento científico a la Universidad de Yale, donde estudiaba su hijo Jean, y al Zoológico de Nueva York». La fecha de 1907 no he podido verificarla en ninguna fuente abierta.
A partir de ahí empezó a decirse que Rosalía educaba a los monos para que se sentaran a la mesa y comieran con tenedor y cuchillo, para que durmieran la siesta en una de las habitaciones de la mansión, para que tocaran el violín o la guitarra o para enseñarlos a hablar español, inglés y francés. El propio episodio marca el estatuto de todo eso: son las especulaciones de la época.
Conviene conservar esa cautela, porque las fuentes cubanas se reparten entre las dos posturas. Cubanet lo despacha como leyenda: «la voz popular promovió que uno de los primates, enamorado de Rosalía, estranguló a un trabajador de la finca por celos. Eso no ha sido verificado. Como tampoco que los primates vestían como servidumbre y realizaban actividades domésticas, como si fuesen humanos». Radio COCO, en cambio, lo narra como práctica real: «Algunos usaban un pintoresco vestuario, comían sentados a la mesa y acudían dócilmente al llamado de su dueña».
La sociedad de la época no tardó en ver con malos ojos aquella iniciativa y su relación tan cercana con los primates, y de ahí que empezaran a llamarla excéntrica. Fue el calificativo más suave: su figura acabó bastante demonizada, al punto de que medios aparentemente serios, como el Diario de la Marina, la acusaron de hacer cosas perversas con los gorilas.
No es exageración del episodio. Habana Radio, que es una emisora de la Oficina del Historiador, lo escribe igual: «Los escándalos llegaron al punto de acusarla de tener relaciones maritales con uno de sus gorilas predilecto, y hasta el Diario de la Marina se prestó para tales chistes de mal gusto e irrespeto».
Cholo, el orangután, y el administrador
Hubo además un incidente grave que involucró a un hombre y a uno de los monos. El episodio lo presenta con la etiqueta correcta —«más que una anécdota, es más bien una leyenda»— y con su procedencia: se publicó en Madrid hacia 1931.
La publicación tiene nombre. El blog de viajes onlinetours.es precisa que «Una revista española (Estampa) publicó en 1931 que Cholo estranguló al administrador de la hacienda, celoso por las reuniones del trabajador con Rosalía Abreu». Estampa era un semanario ilustrado madrileño, no un diario.
Se cuenta que Rosalía tenía entre sus primates un orangután llamado Cholo, del que muchos decían que era el más inteligente de todos: hacía labores del hogar, abría puertas, ayudaba a servir las mesas. Sentía un enorme aprecio por su dueña, hasta celar a cualquier hombre que se le acercara, y vio en el administrador de la mansión un rival. Una tarde, cuando el hombre abandonaba la propiedad, Cholo saltó de un árbol y le cayó encima y lo apretó tanto que lo mató por asfixia. Cuando las autoridades hablaron de sacrificar al animal, Rosalía lo protegió con el argumento de que había sido un crimen pasional, que por ese entonces no estaba penalizado por la ley.
El desenlace está en las crónicas cubanas casi con las mismas palabras. Cubadebate: «Rosalía consideró que se trataba de un crimen pasional y se opuso a que Cholo fuera sacrificado». Radio COCO añade un final que el episodio no cuenta: «Como castigo lo donó al Campo de Marte».
Anumá, 27 de abril de 1915
Más allá de los dimes y diretes de la época, aquella iniciativa tuvo aspectos muy positivos. En la quinta de Rosalía nació Anumá, el primer chimpancé engendrado en cautiverio del que se tiene noticia, y por eso ganó el respeto de la comunidad científica que antes la abucheaba.
Aquí el alcance importa mucho, así que van las palabras exactas de cada fuente, sin unificarlas:
Santos Cubillas Hernández, del Parque Zoológico Nacional de Cuba, en el artículo con que la revista CubaZoo conmemoró el centenario, usa la misma fórmula prudente que el episodio: «el primer chimpancé engendrado en cautiverio».
Radio COCO: «Acontecía el nacimiento del primer chimpancé engendrado en cautiverio, al que pusieron por nombre Anumá».
Ciro Bianchi Ross, en Cubadebate: «Lo más notable fue que, en 1915, en Las Delicias se logró, a nivel mundial, el nacimiento del primer chimpancé en cautiverio, Anumá».
Clive D. L. Wynne, «Rosalià Abreu and the Apes of Havana», International Journal of Primatology 29(2), 2008, pp. 289-302: «She was the first person to keep orangutans and chimpanzees alive in captivity for their natural lifespans, and the first to breed chimpanzees». Sin acotación geográfica.
La historiadora Catherine Mas (Florida International University), que trabaja sobre este caso, lo formula como «the first recorded captive chimpanzee birth in history»: primer nacimiento registrado.
La revista TIME, en 1930, al dar la noticia de su muerte, escribió algo distinto y más estrecho: que fue «the first human successfully to rear a chimpanzee born in captivity» —la primera en criar a un chimpancé nacido en cautiverio.
La Wikipedia inglesa es la más rotunda de todas, y va en la dirección contraria a la que sigue: «Abreu became the first person in the world to breed chimpanzees in captivity, following the birth of Anumá».
James H. Elder y Robert M. Yerkes, «Chimpanzee Births in Captivity: a Typical Case History and Report of Sixteen Births», Proceedings of the Royal Society of London. Series B 120(819), 1 de julio de 1936, pp. 409-421 (doi:10.1098/rspb.1936.0043). Es la fuente más primaria, más técnica y más cercana al caso —la firma Yerkes, que estuvo en Las Delicias en 1924—, y es la única que acota. Primera frase del artículo: «Twenty years after the announcement by Montané (1915) of the first chimpanzee birth in the New World, which occurred at the estate of the late Señora Rosalia Abreu in Havana, Yerkes (1935) reported the birth of a second-generation captive-born chimpanzee at the Yale Laboratories of Primate Biology, Orange Park, Florida». Y dos párrafos después encuadra el recuento, que es lo que permite medir la primicia: «Of a score of chimpanzee births reported in Europe and America prior to 1936, few were adequately observed, and only the accounts of von Allesch (1921), Montané (1928), Fox (1929), Tinklepaugh (1932), Wyatt and Vevers (1935), and Schultz and Snyder (1935) offer descriptions of parturitional process».
Puestas una junto a otra, no dicen lo mismo y no las voy a unificar. El alcance mundial explícito lo dan tres: Ciro Bianchi («a nivel mundial»), la Wikipedia inglesa («the first person in the world») y el propio título del artículo de Cubillas en CubaZoo —«el centenario del nacimiento del primer chimpancé cautivo en el mundo»—, aunque el cuerpo de ese mismo artículo se quede en «el primer chimpancé engendrado en cautiverio», sin geografía. Radio COCO y Wynne tampoco acotan geografía; TIME habla de la persona y del verbo criar; Catherine Mas acota en el tiempo y en el registro, no en el mapa («the first recorded captive chimpanzee birth in history»). Y la fuente primaria, Elder y Yerkes 1936, lo circunscribe al Nuevo Mundo. El «probablemente» con el que el episodio abre no sobra: lo sostiene la propia literatura.
Lo que sí es firme son los datos de alrededor. La fecha es el 27 de abril de 1915; los padres fueron Jimmy y Cucusa, y el anuncio científico lo firmó el antropólogo cubano Luis Montané. Radio COCO precisa el vehículo: «el antropólogo cubano Luis Montané refirió el hecho en un artículo publicado en las Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey».
Rosalía recibió por ello la felicitación del director del Zoológico de Nueva York y del Laboratorio Psicológico de la Universidad de Harvard, y también la de Elías Mechnikov, un Nobel de Medicina.
Es Élie Metchnikoff, nacido Iliá Ilich Méchnikov (1845-1916), del Instituto Pasteur, que compartió con Paul Ehrlich el Nobel de Fisiología o Medicina de 1908. La fórmula de la academia, en la enciclopedia, está en inglés —«in recognition of their work on immunity»—, así que «por sus trabajos sobre la inmunidad» es traducción mía y no cita literal. Murió en 1916, de modo que una felicitación de 1915 le cae dentro de la vida.
El propio Anumá no tuvo buen final, y esa parte el episodio no la cuenta. Las crónicas cubanas la toman del libro de Jorge Oller Cinco instantes en el paraíso de los monos (2014): un guardián lo regañó, el mono le arrancó de un mordisco dos dedos de la mano izquierda, el hombre se defendió disparándole, la bala quedó alojada sin tocar órgano vital y dos años después una radiografía mostró que se había desplazado hacia el corazón; Anumá no resistió la anestesia de la operación para extraerla. Radio COCO añade que fue enterrado en el osario de la familia Abreu, en el cementerio de Cristóbal Colón.
El proyecto que Rosalía autorizó y luego retiró
Hay otra historia, y es de las que dejan mal cuerpo. Rosalía apoyó la idea de un científico soviético llamado Ivanov de crear un híbrido entre humano y chimpancé, e incluso le otorgó un permiso para que uno de sus chimpancés machos inseminara a una mujer voluntaria, aunque al final acabaría retractándose y el proyecto nunca se llevó a cabo.
Se llamaba Iliá Ivánov, y el episodio acierta en lo esencial. La Wikipedia inglesa data la gestión en 1926 y añade el motivo de la retractación, que es el dato que faltaba: «In 1926, she initially supported research proposed by Ilya Ivanov to breed a humanzee, although she later retracted the decision to involve her primates in the experiment» y, en el cuerpo del artículo, «following threats from the Ku Klux Klan she retracted her permission». Ivánov ya había intentado en 1926, en la Guinea francesa, inseminar a tres hembras de chimpancé con esperma humano, sin lograr ninguna gestación.
Isadora Duncan pasó por allí y salió rápido
La casa fue visitada por muchos científicos, pero también por personalidades del mundo del arte y la cultura internacional, como la bailarina Isadora Duncan, que dedicó a la quinta un pasaje de su libro de memorias, Mi vida. El fragmento seleccionado se lee en voz alta en el episodio.
El pasaje, en la traducción castellana que reproduce Habana Radio:
«Visitamos otra casa, que estaba habitada por una dama de las más rancias familias cubanas, que tenía la manía de los monos y los gorilas. El jardín de la casona estaba lleno de jaulas, donde guardaba sus animales favoritos. Era esta casa uno de los sitios más curiosos para visitantes. La dueña dispensaba a estos la más pródiga hospitalidad. Los recibía con un mono sobre el hombro y un gorila que llevaba de la mano: los animales más domesticados de su colección, en las que había algunos que no eran tan dóciles y que, cuando las visitas pasaban por delante de sus jaulas, se agarraban de los barrotes, lanzaban chillidos y hacían toda clase de muecas. Le pregunté si eran peligrosos, pero dijo desenfadadamente que, aparte de alguna que otra escapada de sus jaulas y algún que otro guardián muerto, eran completamente inofensivos. La noticia me intranquilizó y apresuré mi marcha».
Y sigue un segundo párrafo que el episodio no lee y que cambia el retrato: «Lo más notorio de esta señora es que era muy hermosa, con grandes ojos expresivos, culta e inteligente. En su casa se reunían las lumbreras del mundo literario y artístico. ¿Cómo, pues, explicarse su fantástico afecto hacia los monos y gorilas? Me dijo que en su testamento dejaba toda la colección de monos al Instituto Pasteur, para los experimentos relacionados con el cáncer y la tuberculosis. Me pareció una forma muy singular de demostrar a aquellos animales su cariño póstumo».
Aviso de versiones: lo que se lee en el episodio es otra traducción castellana, y las diferencias no son dos ni tres. Cotejadas una a una son al menos ocho —«una casa» por «otra casa», «una representante» por «una dama», «el patio» por «el jardín», «entrejados» por «jaulas», «sus bestias favoritas» por «sus animales favoritos», «los seres más domesticados» por «los animales más domesticados», «con desenfado» por «desenfadadamente», «inofensivos» por «completamente inofensivos», entre otras—, y hay además una oración entera que el audio no lee: «Era esta casa uno de los sitios más curiosos para visitantes». Por eso el pasaje va aquí con la redacción de la fuente y no con la del audio.
Sobre la propia Duncan (1877-1927), la enciclopedia la describe como «a pioneer of modern contemporary dance» y recoge que se la conoce como «The Mother of Modern Dance»: pionera y madre, más que creadora en exclusiva. Su autobiografía My Life se publicó en 1927, poco después de su muerte, y Habana Radio sitúa sus paseos habaneros «entre finales de 1916 y principios de 1917».
La mujer que voló antes que casi nadie
Un detalle que el episodio suelta de pasada y que merece quedarse: Rosalía Abreu era una mujer muy avispada para su época y estuvo entre las tres primeras cubanas que volaron en un aeroplano en Cuba. Excéntrica, le dirían en su tiempo.
Habana Radio da los nombres de las otras dos y del piloto: «Rosalía Abreu está entre las primeras mujeres que se elevaron en un aeroplano en Cuba, junto a la literata Laura Zayas Bazán y la propietaria entonces del hotel Telégrafo, Pilar Samoano del Toro. Ellas sobrevolaron el Campamento de Columbia como pasajeras del pionero de la aviación Domingo Rosillo».
El desenlace del zoológico
Rosalía muere en 1930 con 68 años, y nadie quiso cuidar de sus animales. Cuando muere era dueña de la colonia de monos cautivos más grande del mundo.
Gerardo Machado, presidente de Cuba en aquel momento, propuso la creación de un zoológico en Rancho Boyeros para albergar a todos esos monos, que era al final la voluntad de Rosalía; pero los años treinta fueron en Cuba una época convulsa y la crisis económica no permitió que el proyecto se llevara a cabo. Los hijos tampoco quisieron hacerse cargo, y los animales acabaron en instituciones de investigación de Estados Unidos.
Aquí las fuentes se separan y no las voy a unificar. Radio COCO: «Rosalía había ofrecido su colección al entonces presidente Gerardo Machado para realizar un parque zoológico en Rancho Boyeros, pero como la idea no pudo concretarse por falta de presupuesto, sus animales fueron trasladados a la Carnegie Institution y al Jardín Zoológico de Filadelfia». Habana Radio dice que «en 1930, el zoológico de la acaudalada dama pasó a manos de la Carnegie Institution» y que «finalmente, los monos fueron a parar a universidades y circos de los Estados Unidos». Cubadebate: «Nadie quiso los monos de Rosalía, que terminaron siendo cedidos a centros de investigación, universidades, zoológicos y circos norteamericanos». Y la Wikipedia inglesa acota solo una parte: «Several of her chimpanzees were transferred to Yerkes' laboratory after Abreu's death».
El instituto de investigaciones que el episodio nombra al final sigue activo y se dedica al estudio de los primates, pero su historia merece la ficha completa, porque ni está donde el episodio dice ni se llama ya como el episodio lo llama:
El primatólogo Robert Mearns Yerkes (1876-1956) visitó Las Delicias en 1924 al frente de una comisión enviada por la Carnegie Institution de Washington y la Universidad de Yale, y declaró aquello el mayor experimento antropológico realizado hasta entonces. De esa visita salieron dos cosas: el libro Almost Human (1925), dedicado a Rosalía Abreu, y las instalaciones que Yerkes fundó tomando como modelo el manejo de la cubana: el laboratorio de biología de primates de la Universidad de Yale, en New Haven, y la estación de cría y experimentación de antropoides de Orange Park, Florida, creada en 1930.
Ese centro se trasladó en 1965 al campus de la Universidad Emory, en Atlanta, no a ninguna «Universidad de Atlanta». Y desde el 1 de junio de 2022 ya no lleva el nombre de Yerkes: Emory se lo retiró por su defensa de la eugenesia, y hoy se llama Emory National Primate Research Center.
De la quinta, hoy, queda el castillo. El uso posterior lo resume Radio COCO: «A partir de la década del 1960 la finca de los monos se destinó a actividades educativas y actualmente funciona como un palacio de pioneros». Quién hizo el parque tecnológico lo documenta EcuRed: Cinesoft, «la Empresa de Informática y Medios Audiovisuales del Ministerio de Educación», «fue la encargada de convertir la Finca de los Monos en un espacio donde la tecnología se mezcle con la historia, la recreación y el aprendizaje».
El inventario de lo restaurado, en cambio, no está en ninguna fuente institucional: EcuRed no nombra ni los techos, ni los vitrales, ni la torre, ni el mural, ni la escultura. Sale entero de onlinetours.es, el blog de viajes de la agencia española, en su nota de diciembre de 2019, y por eso va citado y atribuido: por el aniversario 500 de La Habana «se verán renovadas obras patrimoniales, como los techos, vitrales y la torre del castillo. También valiosas joyas como el mural de la Batalla de Coliseo pintado por Armando García Menocal, y la escultura del héroe griego Belerofonte, realizada por el francés Pierre Emile Hébert».
El escultor sí se puede fechar sin salir de las enciclopedias: es Pierre-Eugène-Émile Hébert (París, 22 de octubre de 1828 – París, 19 de octubre de 1893), que firmaba Émile Hébert, hijo y discípulo del también escultor Pierre Hébert (1804-1869) y alumno de Jean-Jacques Feuchère. La enciclopedia francesa registra entre sus obras un Bellerophon, hoy en el Palmer House Hilton de Chicago. Que la pieza de Palatino sea esa, o una versión de esa, no lo dice ninguna de las fuentes que he abierto.
La despedida del episodio deja abierta la serie: hay varias mansiones habaneras más en la lista, quizás no con gorilas mayordomos, pero con historias igual de interesantes y pintorescas.
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