matrioskas

Episodio 56

Publicado el 11 de enero de 2023 · Duración: 10:16 min

El secreto de las matrioskas

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Un símbolo ruso que nació en Japón

Las matrioscas son una muñeca dentro de otra, y dentro otra, y así sucesivamente: las hay con más de 30 piezas. Son un símbolo cultural ruso conocido en el mundo entero, pero su origen está en Japón.

A finales del siglo XIX la cultura oriental estaba de moda en Rusia, y hacia 1890 el marchante y mecenas Savva Mamontov viajó a Japón. Allí vio en una exposición siete divinidades representadas una dentro de otra: la mayor, Fukurokuju, dios de la felicidad y la sabiduría, contenía a las otras seis.

Mamontov regresó a Rusia con la idea metida en la cabeza y se la contó al pintor y tornero Sergei Maliutin para que hiciera su propia versión rusa. Maliutin la hizo: una campesina rusa con la ropa típica del país, que acogía en su seno a toda su descendencia.

París, 1900

De una creación puntual a símbolo cultural hay un trecho, y ese trecho pasa por una Exposición Universal —las mismas para las que en 1889 se había levantado la Torre Eiffel. A la de 1900 fue la esposa de Mamontov y presentó las muñecas.

Aquel primer juego tenía ocho figuras. Detrás de la campesina venía otra mujer, una tercera que sostenía una hoz, una cuarta con un tazón, una quinta con un objeto alargado, una sexta con un niño en las manos, una séptima muchacha y, al final, un bebé envuelto en una manta. Causaron sensación y ganaron una medalla.

A partir de ahí surgieron fábricas en Rusia que las producían para vender en todo el país y también en Occidente, con mucho éxito en Francia y Alemania, donde se vendían a precios altos.

Por qué se llaman así

El nombre viene por partida doble: era uno de los nombres femeninos más populares de la época y procede del latín mater, madre. Por eso a la figura más pequeña se le llama semilla y a la mayor, madre: en definitiva es un símbolo de la figura materna, de la fertilidad y de la fuerza de la mujer.

Hay una leyenda preciosa: antes de abrir cada figura se debe pedir un deseo, y no se puede abrir la siguiente hasta que ese deseo se cumpla, así hasta llegar a la más pequeñita. Cuando se han abierto todas, quien recibió el regalo debe entregárselo a un descendiente, como símbolo de que vuela del nido. En los primeros tiempos era cosa de las mujeres, encargadas del hogar, que pedían los deseos y terminaban entregando las matrioscas a sus hijos.

Al principio solo se tallaban figuras femeninas; después se sumaron las masculinas para completar la familia, y más adelante llegaron las que representan personajes históricos o literarios. En los vestuarios se puede seguir la evolución de los trajes típicos rusos desde finales del XIX y a lo largo de todo el siglo XX, y en Moscú hay un museo dedicado a ellas.

Cómo se hacen

La técnica clásica es más compleja de lo que parece. La madera más empleada es la de tilo, aunque también se usan aliso, balsa o abedul, y esos árboles se talan en abril, cuando están más llenos de savia. Los troncos se airean después al menos dos años, con los extremos sellados para que la madera no se agriete.

Todas las muñecas de un mismo juego deben salir del mismo bloque de madera, porque la expansión, la contracción y la humedad varían de un bloque a otro. Y hay un detalle contraintuitivo: la primera que se fabrica es siempre la más pequeña, porque es la única pieza entera y es la que da la medida a todas las demás.

Hoy se pintan sobre todo al óleo, aunque a lo largo del tiempo se han usado acuarela y gouache. Al terminar, el artista coloca su firma y el número de piezas del conjunto en la parte inferior de la muñeca más grande, la madre.

Más allá de la maternidad, el hecho de que se vayan abriendo por capas ha sido leído también como una forma de representar el interior de las personas: qué hay dentro de cada cual.

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