
Episodio 38
Publicado el 28 de junio de 2022 · Duración: 16:00
El mito de las GEISHAS
Qué es realmente una geisha
La pregunta de fondo es si son las prostitutas refinadas que muchos afirman. La definición corta: mujeres artistas que entretienen y acompañan a los hombres, y que existen todavía hoy, contratadas en cenas de negocios o reuniones de ejecutivos.
Entretener es acompañar en las ceremonias del té, servir bebidas, bailar una danza y tocar el shamisen, tras años de clases de música, danza y literatura, y con un código de silencio: lo que el cliente confiese ahí no sale.
Las horas que hay detrás de una cita
Cada cita supone horas preparando la apariencia. Sobre el kimono va el obi, un fajín anudado a la espalda cuya dureza la sostiene durante las horas que pasa sentada en el suelo.
El maquillaje cubre cara y cuello de blanco, dejando sin pintar la nuca, tan sensual en esa cultura como las piernas en Occidente. Su origen es práctico: la iluminación era de velas y ese maquillaje lucía bien con ella.
El momoware o «melocotón partido» es en realidad el de la maiko, la aprendiza, no el de la geisha formada. Se consigue con torceduras y agarres que han llegado a producir calvicies —lo que hoy se llama alopecia por tracción—, y por eso se pasó a las pelucas de cabello natural, las katsura.
Las primeras geishas eran hombres
Las primeras geishas fueron hombres.
Hay que retroceder a la era Edo, con Japón cerrado al mundo, cuando se centralizaron los burdeles y las prostitutas para controlarlos en lo que se conoce como los barrios del placer. Allí, en aquellas fiestas, había bufones —hombres— que bailaban, contaban chistes y tocaban instrumentos, y se los considera las primeras geishas de la historia. Se les llamaba taikomochi.
Después, alguna de aquellas prostitutas a la que le bajó la clientela decidió convertirse en geisha, y así surge la primera geisha mujer. Tiene nombre y fecha: una artista llamada Kikuya, hacia 1750, en el barrio de Fukagawa. Fue suficiente para desplazarlos y quedarse como dueñas de la profesión.
En la segunda mitad del siglo XVIII se aprueba la profesión, y se velaba celosamente porque no ejercieran como prostitutas: ahí se separa un oficio del otro. El año exacto es 1779, cuando se crea en Yoshiwara el kenban, la oficina que inscribía a las geishas y hacía cumplir la prohibición de mantener relaciones sexuales con los clientes. Esa es la respuesta a la pregunta del título, y está por escrito desde hace casi dos siglos y medio.
La historia de las geishas es la historia de Japón
Cuando la era Edo termina, los samuráis que encabezaron la sublevación usaron las casas de té para conspirar, con la discreción y el apoyo de las geishas; al subir al poder, ellas se convierten en un ideal, en una moda. Bajo Meiji, el barrio de Gion llegó a tener más de setecientas casas de té y más de tres mil geiko y maiko.
Los años treinta del siglo XX fueron los de mayor apogeo, y trajeron su lado oscuro: muchos padres campesinos pobres vendieron a sus hijas, que pasaban a una madre geisha. Esa madre pagaba educación, kimonos y manutención durante años, y la muchacha se pasaba después la carrera saldando la deuda. La salida era encontrar un danna, un hombre pudiente que asumiera gastos y deudas a cambio de atención privilegiada, y del que podía ser amante.
De aquellos años se cuenta que algunas madres vendían la virginidad de las jovencitas al mejor postor, la ceremonia llamada mizuage. Es el punto más disputado del asunto: Mineko Iwasaki, la geisha más famosa de Kioto, sostiene que nunca fue una subasta sino la celebración del paso a la edad adulta, y que tal costumbre no existió en Gion. Quedó fuera de la ley con la ley antiprostitución de 1956.
La guerra, y el origen del mito occidental
En 1941, con Japón y Estados Unidos en guerra, las geishas entretuvieron a los pilotos kamikazes. Falta un dato entre medias: en 1944 el gobierno cerró todos los barrios de geishas y las mandó a las fábricas. Reabrieron en 1945, cuando los norteamericanos aprueban reabrir el negocio y ellas se adaptan al nuevo dominio aprendiendo inglés.
Y es justo ahí, con los soldados norteamericanos interactuando con las mujeres japonesas, cuando el concepto se tergiversa y nace el mito occidental de su prostitución. Se cuenta que les pusieron supuestas casas de geishas a su disposición donde en realidad había prostitutas a las que llamaron con ese nombre. De ahí viene el término geisha girls, y buena parte de lo que Occidente cree saber.
Entonces, ¿geisha o prostituta?
La diferencia está en el objetivo principal: el de una es dar placer mediante el sexo; el de la geisha, entretener con arte y modales refinados. Dicho eso, nadie quita que se enamoren de un cliente ni que tengan sexo, ni que algunas tengan hoy un danna. Y tampoco hay que confundirlas con las pseudo-geishas que montan espectáculo para turistas, que es la visión poco fidedigna que se lleva el extranjero.
Cuántas quedan
Han disminuido mucho: casas donde antes había trescientas geishas hoy pueden tener veinte. Antes de la guerra se calculaban unas ochenta mil en Japón; hoy quedan entre seiscientas y mil, y en los cinco distritos de Kioto se contaban 161 geiko y 68 maiko en 2021.
Es una tradición que peligra por la globalización y por las tergiversaciones popularizadas sobre ellas, pero que forma parte inseparable de la cultura japonesa.
Fe de erratas: en el episodio damos dos datos incorrectos. El primero es que «Memorias de una Geisha» es «una historia real»: es una novela, ficción histórica publicada por Arthur Golden en 1997. Golden sí entrevistó a una geisha real, Mineko Iwasaki, pero ella lo demandó en 2001 por incumplimiento de contrato y difamación —él la nombró pese a haber prometido anonimato, y ella sostuvo que el libro deformaba la vida de las geishas, en particular con la subasta de virginidad—; el caso se cerró con un acuerdo extrajudicial en 2003, y en 2002 Iwasaki publicó su propio libro, «Geisha, a Life», para dar su versión (fuente). El segundo es que «las geishas surgen desde el siglo XVII» y que son «una tradición de 400 años»: las primeras geishas hombres aparecen hacia el cambio al siglo XVIII y la primera geisha mujer, Kikuya, hacia 1750, de modo que la tradición ronda los 275 años (fuente). Lo que sí es exacto en el episodio es que la profesión se aprueba en la segunda mitad del siglo XVIII: fue en 1779.
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