
Episodio 67
Publicado el 14 de mayo de 2024 · Duración: 14:32 min
De CARIÁTIDES y ATLANTES
Si hablamos de fortaleza física, sí, claro, podemos mencionar a Hércules, pero con las cariátides y atlantes hay que quitarse el sombrero, porque llevan encima un gran peso. ¿No tienes idea de lo que estamos hablando? ¿O los has escuchado mencionar, pero no sabes de qué va el asunto? Aunque sí los conozcas, también te invitamos a que te quedes con nosotras en este episodio.
El episodio se graba desde La Habana, este pequeño puntico en el mapa donde, por cierto, también hay cariátides y atlantes, y esa frase no es un adorno de presentación: el recorrido acaba justamente ahí. Las tres sabían qué eran las cariátides y los atlantes, pero la historia que hay detrás de ellos no la conocían, y el episodio nace de no ser tan egoístas y querer compartirla con quien escucha.
Casi seguro que en algún momento has visto una cariátide o un atlante, porque muy disimuladamente, a veces sin que nos percatemos de ellos, están en muchos lugares. Para quien pasa rápido por el lado de un edificio pueden parecer unas esculturas, pero va mucho más allá de eso: son esculturas que tienen un valor funcional súper importante, porque hacen el papel de columnas, o de pilastras, o de cualquier otro elemento arquitectónico de apoyo. Son esculturas que también hacen función de sostén de un edificio.
Cómo se reconoce una cariátide
Por lo general, las cariátides son esculturas que representan a una figura femenina de pie, vestida con una túnica, haciendo función de columna o de pilastra, con un capitel —la parte superior de una columna— en su cabeza. Algunas también parecen estar sosteniendo el entablamento con sus brazos; el entablamento, para quien no lo conozca, es el área decorada sobre una columna.
Y lo más curioso es que estas figuras se representan sin la menor señal de estar haciendo un esfuerzo: ni muestran cansancio, ni dolor. Ese modo de representarlas está relacionado con la idea del servicio perpetuo, una idea muy vinculada a las épocas y a la manera de ver el mundo que existía cuando surgieron las cariátides. Porque estas esculturas columnas no son algo reciente: esa idea se le ocurrió al ser humano hace miles de años.
Que la serenidad sea un efecto buscado no significa que la piedra no trabaje. El Museo de la Acrópolis lo explica en la ficha de la primera de sus Korai (inv. Ακρ. 15000, mármol del Pentélico, 2,313 m de altura, datada entre 420 y 415 a.C. y atribuida al círculo de Alcámenes): los pliegues verticales de la vestimenta imitan las estrías de una columna, y los singulares capiteles en forma de cesto que llevan sobre la cabeza concentran el peso del techo y lo dirigen hacia abajo. Hasta el peinado es estructura: según la misma ficha, la trenza que cae por la espalda sirve para reforzar la zona débil del cuello. La sustitución de columnas por estatuas femeninas, añade el museo, era una práctica arquitectónica griega habitual ya desde la época arcaica.
De dónde viene el nombre, y por qué conviene decir quién lo cuenta
El nombre cariátide proviene del griego cariatis, que quiere decir «mujeres de Carias», y Carias es una antigua ciudad del Peloponeso que tenía un templo dedicado a Artemisa Cariátide, un calificativo que se daba a la conocida diosa Artemisa. Allí sucedía algo muy singular: las mujeres realizaban danzas folclóricas con cestos de plantas en sus cabezas, que terminaban siendo ofrendas para los dioses, y la imagen de esas mujeres, se supone, fue la que inspiró la forma de las cariátides.
Conviene saber que esa no es la única versión que circula, y que la más repetida es además la más discutida. El término latino caryatides lo transmite el arquitecto romano Vitruvio, en el primer libro de De architectura, y lo hace contando otra historia muy distinta:
«Carya, ciudad del Peloponeso, se unió a los persas en su guerra contra los griegos. Estos, en pago de la traición, tras haberse liberado con una gloriosísima victoria del yugo persa que se les destinaba, resolvieron por unanimidad hacer la guerra a los carios. Carya fue tomada y destruida en consecuencia, su población masculina exterminada y sus matronas llevadas a la esclavitud. Para que estas circunstancias se recordaran mejor y la naturaleza del triunfo se perpetuara, los vencedores las representaron vestidas y aparentemente sufriendo bajo la carga con que se las había cargado, para expiar el crimen de su ciudad natal.»
(Vitruvio, De architectura, I.1.5. El pasaje se ha leído en la traducción inglesa de Joseph Gwilt alojada en LacusCurtius, y el castellano de arriba es traducción nuestra de esa versión inglesa, no de un original latino.)
Esa explicación no se da por buena. La Wikipedia inglesa la califica de dudosa con un argumento de cronología: mucho antes de las Guerras Médicas ya se usaban figuras femeninas como soportes decorativos en Grecia y en el Próximo Oriente antiguo; y recoge que Camille Paglia la descarta como un error en Glittering Images, mientras Mary Lefkowitz ni siquiera la menciona en Black Athena Revisited. Las dos sostienen, en cambio, la versión de la danza: Lefkowitz escribe que el término viene de la ciudad espartana de Carias, donde las jóvenes hacían una danza circular alrededor de una estatua al aire libre de la diosa Artemisa, identificada localmente con un nogal.
La misma ficha del Museo de la Acrópolis pone las dos versiones una al lado de la otra y le pone nombre a la segunda: el término Cariátides nos lo ha transmitido Vitruvio, que cuenta la historia de las mujeres de Caries, en Laconia, castigadas por los demás griegos; pero, según Luciano, las mujeres de Caries eran famosas por su danza en honor de la diosa Artemisa, que ejecutaban con cestos ceremoniales sobre la cabeza. Es decir: la versión que cuenta el episodio tiene fuente antigua propia, y no es la de Vitruvio.
Un detalle que refuerza lo anterior: en las inscripciones de obra del propio templo que hizo famosas a estas figuras no se las llama cariátides, sino simplemente korai —muchachas—. El nombre se les puso después. En el episodio esto aparece dicho de otra manera, al hablar de Delfos: aquellas esculturas columnas todavía no se llamaban cariátides.
Delfos: de los ejemplos más antiguos que se conservan
El episodio sitúa en Delfos las cariátides conocidas más antiguas, en el siglo VI a.C., aparecidas en edificios destinados a albergar ofrendas como el Tesoro de los Sifnios, un sitio donde se llevaban regalos a Apolo, un importante dios de la mitología griega y romana.
Aquí hay que copiar el alcance exacto de la fuente y no estirarlo. La Wikipedia inglesa dice que algunos de los ejemplos más antiguos conocidos se hallaron en los tesoros de Delfos, incluido el de Sifnos, del siglo VI a.C., y añade de inmediato que su uso como soportes en forma de mujer se remonta a antes todavía: a pilas rituales, a mangos de espejo de marfil procedentes de Fenicia y a figuras drapeadas de la Grecia arcaica. O sea: de los más antiguos que se conservan, no los primeros. En la propia galería de esa página, las cariátides del Tesoro de los Cnidios, hoy en el Museo Arqueológico de Delfos, se fechan hacia el 550 a.C., antes que las sifnias.
Y una precisión sobre quién llevaba esas ofrendas: el Tesoro de los Sifnios no lo levantaron los habitantes de Delfos, sino la polis de Sifnos, para alojar sus propias ofrendas en el Santuario de Apolo, a lo largo de la Vía Sacra. Los sifnios habían amasado una fortuna enorme con sus minas de plata y oro en época arcaica —lo cuenta Heródoto (III.57)— y dedicaron el diezmo de sus ingresos a construirlo. La fecha más plausible es hacia el 525 a.C., y el pronaos es dístilo in antis: el frontón no descansa sobre columnas lisas, sino sobre dos cariátides.
El Erecteion: seis mujeres sosteniendo un pórtico
Si estamos en la antigua Grecia hablando de cariátides y no mencionamos al Erecteion, vamos a perder toda credibilidad: el famoso Erecteion es uno de los mejores ejemplos de lo que estamos hablando.
El Erecteion se construyó en una época de esplendor griego: después de la Segunda Guerra Médica, Grecia había salido victoriosa, pero la Acrópolis estaba destruida, y entonces Pericles mandó a reconstruirla. Entre los templos que se levantan estaba el Erecteion, dedicado a varios dioses y héroes como Atenea, Poseidón y Erecteo, que es el rey del que proviene el nombre del templo. La tribuna de las cariátides está al extremo sur del templo, y en total eran seis cariátides, o sea, seis mujeres columnas: cuatro al frente y las dos restantes a cada uno de sus lados.
El Museo de la Acrópolis encuadra el edificio en el programa constructivo de Pericles y lo atribuye al arquitecto Mnesicles, situándolo en los últimos veinte años del siglo V a.C. (la Wikipedia inglesa es más prudente y pone a Mnesicles solo como candidato, junto a Calícrates e Ictino, con la identidad del arquitecto sin resolver). Vino a sustituir al Archaios Neos, el templo antiguo de Atenea Polias, que los persas habían destruido en parte sesenta años antes. Dentro se repartían una sala oriental dedicada a Atenea, con la estatua de culto de madera de la diosa, y una sala occidental más baja con los santuarios de Poseidón-Erecteo, Hefesto y Butes, el hermano de Erecteo. Su forma extraña sale de ahí: de tener que meter todos esos cultos en un solo edificio y de adaptarlo a un terreno desigual, además de incorporar el olivo de Atenea, las marcas del tridente de Poseidón en la roca y la fuente de agua salada que brotó del golpe.
Todas vestían peplos, la túnica tradicional de la antigua Grecia, y estaban en una postura firme, pero soportando el peso sobre una de sus piernas y doblando ligeramente la otra; un modo de representación muy natural y fluido, que se exploró mucho en aquel entonces para evitar la rigidez inexpresiva de la figura. Y los brazos, al lado del cuerpo, buscando siempre una máxima estabilidad, como columnas al fin que son.
La ficha de la Kore A del Museo de la Acrópolis describe exactamente esa postura: se apoya sobre la pierna derecha y lleva la izquierda flexionada, ligeramente adelantada; va vestida con un peplo ceñido que forma un pliegue abundante sobre el cinturón, y sobre los hombros el himatión cae doblado por la espalda en dos partes desiguales. Por copias antiguas se sabe que sujetaba con la mano izquierda el borde del himatión y con la derecha una phiale. Las seis se alzaban sobre un podio bajo, dispuestas en forma de Π y mirando hacia el camino de la Acrópolis por el que pasaba la procesión de las Panateneas.
Sobre a quién está dedicada esa tribuna, el episodio añade a Pandrosia, a la que presenta como hija de Erecteo y como la inventora del tejido. Eso conviene matizarlo, porque no es lo que sostienen las fuentes que se pueden abrir. Pándroso no era hija de Erecteo: la Wikipedia inglesa y la española coinciden en que fue una de las tres hijas de Cécrope I, el primer rey de Atenas, junto a Aglauro y Herse, y su santuario, el Pandrosio, es un recinto aparte, al oeste del Erecteion, con el olivo sagrado de Atenea dentro. Lo de la invención del tejido no se ha podido confirmar en ninguna fuente: las entradas inglesa y española sobre Pándroso no se lo atribuyen, y lo que sí recogen es la historia del cesto de Erictonio, la única de las tres hermanas que obedeció a Atenea, y el santuario que por ello se le levantó en la Acrópolis. Sobre el significado del pórtico, el Museo de la Acrópolis enumera las lecturas que se han propuesto —las hijas de Cécrope, las arréforas, jóvenes de la procesión panatenaica— y se queda con otra: que formaran parte de un monumento sobre la tumba del mítico Cécrope, el Kekropeion, que quedaba justo debajo, y que fueran choephoroi, portadoras de libaciones. No hay consenso, así que aquí no hay dato que dar por cerrado: hay autores que sostienen cosas distintas.
Las que están ahí no son las de entonces
Un dato para quienes quieran ir a verlo: en la actualidad, las cariátides que están ahí son réplicas. De las originales, cinco están expuestas en el Museo de la Acrópolis, en Atenas, y otra se encuentra en el Museo Británico de Londres.
Conviene afinar el reparto, porque el episodio lo dice en plural —otras— y es una sola. El Museo de la Acrópolis lo detalla: cinco de las Cariátides —las Korai A, B, D, E y F— están en Grecia, mientras la sexta, la Kore C, sigue en el Museo Británico de Londres, adonde fue a parar después de que Thomas Bruce, lord Elgin, la desprendiera en 1804. En 1979 las Korai se retiraron del monumento para protegerlas de la contaminación atmosférica y pasaron al antiguo Museo de la Acrópolis; en el Erecteion se las sustituyó por copias de piedra sintética. Desde 2009 se exhiben en el Museo de la Acrópolis, en un balcón que permite verlas por todos lados, y el pedestal de la que está en Londres se ha dejado vacío. Entre 2010 y 2014 se limpiaron una a una con tecnología láser, sin moverlas de la sala, en un programa que recibió el premio Keck del International Institute of Conservation.
De Roma al Renacimiento, pasando por un paréntesis
Por supuesto, en la antigua Roma también se levantaron cariátides como elementos de apoyo, y en la Edad Media no corrieron la misma suerte, pero en el Renacimiento fueron bienvenidas de nuevo, algo que no es de extrañar, porque fue un periodo en el que se admiró mucho el arte de la antigüedad clásica. Así que fueron al rescate de las cariátides, aunque más bien las incorporaron en los interiores de los edificios, por ejemplo para soportar repisas. Y a partir de entonces, todos los estilos o artistas que quisieran hacer alusión a la antigüedad clásica las incluían, con diferentes funciones y significados.
Los romanos copiaron directamente las cariátides del Erecteion: hay copias en el Foro de Augusto y en el Panteón de Roma, y en la Villa Adriana de Tívoli; otro ejemplo romano, hallado en la Vía Apia, es la llamada Cariátide Townley. La revitalización moderna empieza justamente por los interiores, y la Wikipedia inglesa señala un sitio que en la Antigüedad no existía y por tanto no tenía precedente: la chimenea. Sus ejemplos son los Heracles e Íole tallados hacia 1450 en las jambas de una chimenea monumental de la Sala della Iole del Palacio Ducal de Venecia, y el par de figuras femeninas que Jacopo Sansovino talló para sostener la repisa de una chimenea de mármol en la Villa Garzoni, cerca de Padua. Ningún arquitecto escribió sobre el recurso hasta 1615, cuando Vincenzo Scamozzi, discípulo de Palladio, le dedicó un capítulo a las chimeneas en su Idea della architettura universale. Antes, en el siglo XVI, las estampas del tratado de Sebastiano Serlio las habían convertido en un lugar común del manierismo del norte.
Rodin: la cariátide que sí se dobla
Y Rodin, el famoso escultor francés, autor de El pensador, tiene una escultura con un título muy sugerente: «Cariátide caída sosteniendo su piedra». En sus inicios estuvo incluida en Las puertas del infierno, ese conjunto escultórico que Rodin comenzó con muchas pequeñas obras dentro y que luego él llevaría de manera individual a escalas mucho más grandes, como sucedió con El pensador.
Sobre esa pieza el episodio recoge algo con la cautela de un «se dice»: que habría sido la primera obra de Las puertas del infierno en ser reelaborada como escultura independiente y exhibida. Esa primacía no se ha podido confirmar en ninguna fuente, y por eso no se afirma aquí. Lo que sí dice el Musée Rodin es más modesto y igual de interesante.
Según la ficha del Musée Rodin del gran modelo de La cariátide caída sosteniendo su piedra, durante su estancia en Bélgica, entre 1871 y 1877, Rodin había esculpido cariátides clásicas para decorar un edificio de Bruselas. Años después, trabajando en Las puertas del infierno, cambió de enfoque y eligió representarla como una figura aplastada, casi derrotada, agachada bajo el peso de la roca. La figura estaba colocada discretamente en la esquina superior izquierda de Las puertas, y pasó a ser también una escultura independiente y, una vez ampliada, monumental. El museo fecha la concepción del gran modelo en 1883, con la ampliación hecha entre 1911 y 1918; el bronce del jardín de esculturas se fundió en 1928.
Y sobre el mecanismo que describe el episodio —muchas piezas pequeñas dentro que luego salen solas y crecen—, la ficha de Las puertas del infierno del mismo museo lo dice sin rodeos: Rodin creó allí más de 200 figuras y grupos, un vivero de ideas del que siguió tirando durante el resto de su vida profesional. La concepción del conjunto va de 1880 a 1890 aproximadamente y mide 6,35 metros de alto.
Lo que hace especial a esta cariátide es que es una metáfora del coraje. Ya no es aquella cariátide griega firme, imperturbable: es una cariátide más bien moderna, que sí siente la carga que lleva encima, que sí muestra su dolor y su esfuerzo, pero que no se rinde. El propio Musée Rodin lo formula casi igual: la figura representa al ser humano bajo el peso del destino, pero Rodin creó una metáfora en la que simboliza el coraje, porque no ha abandonado del todo su tarea.
Los atlantes: la versión masculina, y dos mitos para un nombre
Aquí no hay discriminación: hablamos de las cariátides primero, pero los atlantes no se olvidan. En definitiva, ellos vienen siendo la versión masculina de las cariátides, y tienen su sello propio: si las cariátides llevan el peso sobre sus cabezas, los atlantes suelen soportar el peso del edificio sobre sus brazos, doblados en ángulo recto. Hay otro detalle que los diferencia: los atlantes sí se representan haciendo un esfuerzo, e incluso con la cabeza inclinada hacia adelante, para soportar el peso del edificio por encima de sus hombros. Tienen más la actitud de alguien que está realizando un esfuerzo físico.
Hay un tercer nombre para lo mismo que el episodio no llega a usar y conviene tener: telamón (plural telamones). Según la Wikipedia inglesa, atlas, atlante o telamón designan el soporte esculpido en forma de hombre que puede ocupar el lugar de una columna, un pilar o una pilastra. Atlantes es el plural griego del nombre de Atlas; telamones deriva de otro héroe mitológico, Telamón, uno de los argonautas y padre de Áyax. La misma página apunta la diferencia de actitud que señala el episodio: los atlantes expresan un esfuerzo extremo, con la cabeza inclinada hacia adelante y los antebrazos alzados para dar apoyo adicional, algo que rara vez ocurre con las cariátides.
El origen de estos hombres columnas proviene del mito del Atlante, que fue el primero en instruir a los hombres sobre el curso de los astros, y por eso se le comenzó a representar sosteniendo el cielo con la espalda. Pero también existe un titán en la mitología griega llamado Atlas o Atlante, que estaba condenado por Zeus a cargar la bóveda celeste para mantenerla separada de la Tierra, debido a su participación en la guerra que ocurrió entre titanes y dioses. Así que el surgimiento de los atlantes se puede deber a cualquiera de estos mitos.
Los dos mitos tienen texto antiguo detrás, y merece la pena leerlos, porque uno explica el gesto y el otro lo contradice en un detalle.
El primero es el Atlas astrónomo, y lo cuenta Diodoro Sículo en su Biblioteca histórica (III.60.2): «Dicen también que perfeccionó la ciencia de la astrología y que fue el primero en publicar a la humanidad la doctrina de la esfera; y fue por esta razón por la que se sostuvo la idea de que los cielos enteros se apoyaban sobre los hombros de Atlas, insinuando así el mito oscuramente su descubrimiento y descripción de la esfera.» (Traducción nuestra desde la versión inglesa de la Loeb alojada en LacusCurtius.) Es exactamente el mecanismo que describe el episodio: primero el astrónomo, después la imagen del que carga el cielo.
El segundo es el titán, y el texto más antiguo es la Teogonía de Hesíodo (versos 517-520): «Y Atlas, por dura obligación, sostiene el ancho cielo con cabeza y brazos infatigables, de pie en los confines de la tierra, ante las Hespérides de clara voz; pues esta suerte le asignó el sabio Zeus.» (Traducción nuestra desde la versión inglesa de Evelyn-White alojada en Perseus.) Dos apuntes. Uno, sobre la postura: donde el episodio pone la espalda, ninguno de los dos textos antiguos la pone. Hesíodo carga el cielo sobre cabeza y brazos —que es justo la postura de los atlantes arquitectónicos— y Diodoro, en el pasaje de arriba, sobre los hombros. Dos, sobre el castigo: en estos versos Hesíodo no lo vincula a la guerra entre titanes y dioses, sino que lo deja como el lote que Zeus le asignó. Eso no convierte la versión del episodio en un error: la Wikipedia inglesa abre su entrada sobre Atlas diciendo que el titán fue condenado a sostener el cielo después de la Titanomaquia, y para esa lectura cita estos mismos versos 517-520 junto al manual de Timothy Gantz, Early Greek Myth.
Y hay un precedente masculino que Vitruvio cuenta a renglón seguido de las cariátides, en el mismo libro I: tras derrotar los lacedemonios de Pausanias, hijo de Cleómbroto, al ejército persa en la batalla de Platea, el botín se empleó en levantar el pórtico Pérsico, cuyo techo se sostenía sobre estatuas de los bárbaros con su vestimenta suntuosa. De ahí, escribe, nace «el orden pérsico» para sostener un entablamento. Lo que no puede decirse es que la idea nazca con él: en el libro VI, donde trata ya de los telamones —el nombre latino de las figuras puestas a sostener mútulos y cornisas, y que los griegos, apunta, llaman atlantes—, el propio Vitruvio reconoce que el motivo de ese nombre no se encuentra en la historia. La Wikipedia inglesa, que remite justamente a ese pasaje (De architectura, VI.7.6), resume el papel de Vitruvio en un verbo distinto del de inventar: fue su descripción, más que los ejemplos conservados, la que transmitió la idea de los atlantes al vocabulario arquitectónico del Renacimiento. Y añade que las cariátides los precedieron, y que en el antiguo Egipto ya se habían tallado figuras arquitectónicas semejantes en monolitos.
Agrigento: treinta y ocho gigantes de casi ocho metros
El episodio sitúa aquí el ejemplo antiguo grande: un templo de Zeus que se piensa que tenía aproximadamente 38 atlantes, con los brazos flexionados hacia atrás, por encima del cuello, y una altura de unos 7,5 metros. De hecho, algunos le llaman a ese templo de Zeus el templo de los gigantes, y en la actualidad solo se pueden ver dos de estos atlantes: uno en el emplazamiento original del templo y el otro en el Museo Arqueológico de Agrigento.
Los números son buenos y el museo está bien nombrado. Lo que falla es el lugar: el episodio dice que ese templo de Zeus estaba en la antigua Grecia, en Olimpia. Y no: está en Agrigento, en Sicilia —que era Grecia, sí, pero la Magna Grecia—, y el propio episodio lo delata dos frases después, cuando manda a ver el atlante al museo de Agrigento.
El Olympeion o templo de Zeus Olímpico de Agrigento, la antigua Ácragas de la Magna Grecia, fue el mayor templo dórico jamás construido, y quedó sin terminar. La Wikipedia inglesa lo relaciona con la batalla de Hímera (480 a.C.), en la que Ácragas y Siracusa derrotaron a los cartagineses de Amílcar, y recoge de Diodoro Sículo que se levantó con mano de obra esclava cartaginesa. Medía 112,70 por 56,30 metros en el estilóbato, unos 20 metros de alto. Entre las columnas iban atlantes colosales, figuras de piedra de unos 7,5 metros de altura —así lo formula la página—, alternando barbados y lampiños, todos desnudos y de espaldas al muro, con las manos estiradas por encima de la cabeza. La Wikipedia italiana da la cifra más precisa —7,65 metros— y explica que los telamones casi con seguridad no tenían función portante, dadas las proporciones endebles de las piernas frente al torso macizo y los brazos replegados detrás de la cabeza. La entrada dedicada al Telamón del Olympeion, en calcarenita y fechado entre el 480 y el 470 a.C., precisa que se cree que fueron 38 medias columnas antropomorfas colosales, y que hay dos hipótesis sobre a quién representan: prisioneros cartagineses condenados a sostener el peso del templo tras Hímera, o los atlantes que sostienen los destinos del mundo.
Y hay que precisar lo de «solo se pueden ver dos», porque el del sitio no es el antiguo. El telamón del Museo Arqueológico Regional de Agrigento lo recompuso Raffaello Politi en 1825 sobre un dibujo de Charles Cockerell, y estaba al pie de las ruinas; en los años cincuenta se trasladó al museo para protegerlo de la intemperie, y en su lugar se puso una reproducción en toba del Opificio delle Pietre Dure de Florencia. En la misma sala hay tres cabezas más de telamones, halladas en las excavaciones de 1928 de Pirro Marconi. Y en febrero de 2024 se musealizó dentro del Valle de los Templos un segundo telamón, de unos 8 metros, montado sobre una estructura de acero cortén.
Que el nombre técnico venga de ahí no es casualidad. La Wikipedia inglesa sostiene que los atlantes se originaron en la Sicilia griega y en la Magna Grecia, y que los atlantes conservados más antiguos son precisamente los caídos del templo de Zeus, el Olympeion, en Agrigento.
Tula: los atlantes de México
El otro destino es México, a ver unos atlantes enormes: esculturas que representan a guerreros toltecas y que hacían función de columnas sosteniendo el techo de un templo situado en la parte más alta de una pirámide emblemática del yacimiento de Tula. Miden unos cuatro metros y medio de altura y están conformadas por cuatro bloques: uno representaba las piernas del guerrero, el segundo y el tercero el tronco, y el cuarto la cabeza, con una unión exquisita que ha resistido el paso del tiempo.
Y ahí está la diferencia que el episodio subraya: estos atlantes de México no cumplen con ese prototipo europeo de sostener el edificio con los brazos en posición inclinada hacia adelante; estos guerreros están en posición firme, son esculturas muy monolíticas, construidas guardando la forma del bloque de piedra, muy al estilo de las civilizaciones prehispánicas.
El INAH publica las cifras, y respaldan las del episodio: en lo alto de la Pirámide B, dedicada a Tlahuizcalpantecuhtli, se alzan cuatro esculturas antropomorfas talladas en basalto, de 4,60 metros de altura y unas 8,5 toneladas cada una. Están formadas por cuatro secciones ensambladas mediante el sistema de caja y espiga, que es el nombre de esa «unión exquisita». Fueron halladas fragmentadas y dispersas durante las exploraciones arqueológicas de 1941 dirigidas por Jorge R. Acosta, y su ensamblaje definitivo y colocación en la cima de la pirámide no ocurrió hasta 1960.
Sobre a quién representan, la Wikipedia en español precisa algo que el episodio deja en «guerreros»: son representaciones de Quetzalcóatl como Estrella de la Mañana —ese es el significado de Tlahuizcalpantecuhtli—, ataviado de guerrero tolteca, con pectoral de mariposa, átlatl, dardos, un cuchillo de pedernal y un arma curva característica de las representaciones guerreras de esa cultura. El sitio, en el estado de Hidalgo, es la antigua Tollan-Xicocotitlan.
Conviene saber además que el término no es el mismo en los dos mundos. La Wikipedia inglesa llama a estas piezas mesoamericanas figuras atlantes (Atlantean figures), y las describe, citando a su vez a otra fuente, como estatuas masivas de guerreros toltecas: el parecido con el atlante europeo es de función, no de genealogía.
La Habana y Santiago: las que se ven sin salir de Cuba
Mientras se prepara ese tour, se pueden ver algunas cariátides y atlantes que están aquí en Cuba, y hay varias, debido a esa herencia europea. Una de las cariátides más famosas en La Habana son las del Centro Hispanoamericano de Cultura, justo frente al Malecón habanero, un edificio al que se le llama justamente Palacio o Casa de las Cariátides. Y en Santiago de Cuba, en el cementerio de Santa Ifigenia, están las cariátides que representan las antiguas provincias cubanas, como parte del mausoleo dedicado a José Martí.
Habana Radio, la emisora de la Oficina del Historiador de la Ciudad, confirma el apodo y su antigüedad: como «Casa de las Cariátides» la bautizaron los habitantes de la ciudad desde que fue construida, y desde entonces figura entre los edificios más singulares del paseo marítimo. Las esculturas femeninas en piedra se adueñan del balcón. El edificio es ecléctico y está construido en piedra conchífera, para resistir mejor el clima y el salitre. La inscripción del suelo del portal recuerda que la sociedad Unión Club, sitio de recreo solo para hombres, tuvo allí su sede hacia 1924. Hoy alberga el Centro Hispanoamericano de Cultura, de la Oficina del Historiador, que continúa el legado de la Institución Hispano-Cubana de Cultura fundada en 1926 por Fernando Ortiz.
Sobre la autoría, Cubahora publicó en 2024 un trabajo de la Oficina de Sitios y Monumentos del Museo Municipal de Centro Habana que cita 500 años de construcciones en Cuba, de Juan de las Cuevas Toraya: el proyecto lo ganó en concurso el arquitecto Evelio Govantes y el constructor fue la firma Arellano y Mendoza; la fachada es de piedra de Jaimanitas y lo caracterizan las columnas en forma de cariátides. La dirección es Malecón nº 17, entre Prado y la actual Capdevila, y el edificio se inauguró en 1924 para sede del Unión Club.
El mausoleo de Santiago es todavía más literal en lo de «las provincias». Un artículo de Omar López Rodríguez y Aida Morales Tejeda en la revista Ciencia en su PC (nº 2, 2005), sobre el proyecto de restauración, lo describe así: inaugurado el 30 de junio de 1951, proyectado por el arquitecto Jaime Benavent y el escultor Mario Santí, se alza sobre un basamento circular un cuerpo hexagonal que forma seis grandes cruces latinas, unidas entre sí en aristas «transformadas en imponentes cariátides representativas, por sus atributos, de las seis antiguas provincias de la Isla».
La Wikipedia en español pone nombre a esas seis y añade la medida: las cariátides tienen unos seis metros de altura, van en cada vértice del hexágono y representan las seis provincias en que se dividía Cuba en 1951 —Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente—, cada una con atributos que aluden a rasgos económicos o culturales de su región; dentro, los escudos provinciales están tallados en piedra. El conjunto alcanza unos 26 metros de altura, fue declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978 y recibió el Premio Nacional de Conservación en 2003.
Lo que queda
De Delfos a Tula, de un pórtico ateniense del siglo V a.C. a un balcón del Malecón, la idea es la misma y tiene más de dos mil quinientos años: poner un cuerpo humano donde iría una columna y dejar que cargue el edificio. Cambia el gesto —la serenidad griega, el esfuerzo del atlante, la postura firme del guerrero tolteca, el derrumbe de Rodin—, y cambia lo que ese gesto significa: servicio perpetuo, castigo, cosmología, coraje. Lo que no cambia es el peso.
Por eso la broma inicial se sostiene: si hablamos de fortaleza física, podemos mencionar a Hércules, pero con las cariátides y atlantes hay que quitarse el sombrero.
En este episodio situamos en Olimpia el templo de Zeus con unos 38 atlantes de 7,5 metros. Ese templo es el Olympeion de Agrigento, en Sicilia: el templo de Zeus de Olimpia, en Grecia, es dórico períptero de seis por trece columnas y ninguna fuente le atribuye telamones. Los atlantes, según la Wikipedia inglesa, se originaron en la Sicilia griega y en la Magna Grecia, y los más antiguos que se conservan son los caídos del Olympeion de Agrigento. La cifra de 38, la altura y el Museo Arqueológico Regional de Agrigento que mencionamos son, todos ellos, los de Agrigento.
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