
Episodio 73
Publicado el 28 de julio de 2023 · Duración: 13:45 min
6 singulares CRISTOS redentores
Hace pocos meses se inauguró una inmensa escultura de Cristo en la región de Zacatecas, en México, y muchos tienen la esperanza de que esa nueva imagen ayude a apaciguar la violencia que ha sufrido ese estado a lo largo del tiempo y procure un porvenir mejor y más pacífico.
Es el Cristo de la Paz, levantado en el municipio de Tabasco, Zacatecas, e inaugurado el 9 de abril de 2023. Mide 33 metros, está hecho de acero y es la escultura de Cristo más alta de México. Por dentro lleva una escalera con cuatro descansos que funcionan como salas de reflexión y como miradores. Lo firma el escultor Miguel Romo Santini junto a su hija Sofía — y ese nombre va a volver a aparecer más abajo, en el número 3 de esta lista.
Son muchas las ciudades del mundo que han querido tener un Cristo redentor como sinónimo de protección, de amparo, de paz. Es una figura escultórica que se ha repetido una y otra vez, y curiosamente con rasgos particulares en cada lugar.
No hay idea de cuántos Cristos redentores hay en el mundo: son cientos, y donde menos se imagina uno, ahí hay otro. Tan similares y al mismo tiempo tan variados. La fe es lo que en la mayoría de las ocasiones ha llevado a esculpir a Jesús de Nazaret, una figura que a lo largo de los siglos ha sido sinónimo de redención, protección y perdón, y todo ser humano en algún momento se ve necesitado de alguna de esas tres cosas.
De esos cientos, aquí van seis, elegidos por sus particularidades y su originalidad. Que hasta escondidas pueden estar, avisan las conductoras.
1. El Cristo Redentor de Río de Janeiro
Cuando se habla de Cristos redentores enseguida viene a la mente uno, el más emblemático, el que se ha visto en telenovelas, películas y series. El número uno se lo han concedido al Cristo Redentor de Río de Janeiro, en Brasil, también conocido como Cristo del Corcovado, porque se encuentra justamente en la cima del cerro del Corcovado, en el Parque Nacional de Tijuca.
Su construcción demoró alrededor de cinco años hasta que fue inaugurado en 1931, hecho con hormigón armado y revestido con piedras de esteatita, un material muy maleable.
Las obras se extendieron entre 1922 y 1931 y la estatua se inauguró el 12 de octubre de 1931. Mide 30 metros, 38 contando el pedestal, y sus brazos abiertos abarcan 28 metros de punta a punta. El revestimiento de esteatita —o piedra jabón— no es un capricho: es una roca blanda, fácil de cortar en pequeñas teselas y muy resistente a la intemperie, lo que permitió forrar una superficie curva enorme con piezas pequeñas colocadas a mano.
Hay un detalle que cambia la lectura de la silueta: el Cristo que se iba a construir era otro. El plan inicial era un Cristo con un globo terráqueo en una mano y una cruz en la otra, y más tarde optaron por representarlo con los brazos abiertos, como dando amparo a todos los fieles. La imagen que hoy es sinónimo de Río, y que se ha copiado por medio mundo, salió de un cambio de idea.
Se construye bajo los códigos del Art Déco, con una marcada verticalidad enfatizada sobre todo por los pliegues de la túnica, y está considerada la escultura Art Déco más grande del mundo. Por cierto: aunque la altura del pedestal impida verlos, los pies del Cristo sí aparecen por debajo de la túnica.
En su construcción intervinieron profesionales de varias nacionalidades, no solo brasileños. La creó un escultor francés, Paul Landowski; la construyó un ingeniero brasileño en colaboración con un ingeniero francés; y la cara la esculpió un escultor rumano. La escultura se realizó en Francia y se llevó a Brasil en cientos de trozos, y hoy es una de las siete nuevas maravillas del mundo moderno.
Los nombres, que el episodio no llega a dar completos: el ingeniero brasileño es Heitor da Silva Costa, el francés es Albert Caquot —uno de los grandes ingenieros del hormigón de su siglo— y el escultor rumano que hizo el rostro es Gheorghe Leonida. A la lista hay que sumar al brasileño Carlos Oswald, que trabajó los dibujos de la figura.
Falta lo que explica por qué se levantó, y no es un encargo de Estado:
La propuesta la lanzó en 1921 el Círculo Católico de Río, que organizó una Semana del Monumento para reunir apoyos y dinero mediante una suscripción popular entre los católicos brasileños. El monumento más célebre de Brasil se pagó, en buena parte, a base de donaciones pequeñas.
Y hay un detalle de taller que merece contarse, porque explica esa piel gris que se ve de cerca:
El revestimiento no son placas: son miles de teselas triangulares de esteatita de unos 3 centímetros. Cientos de voluntarios las iban pegando una a una sobre unas telas, y esas telas se llevaban a la obra para que los operarios las aplicaran sobre el hormigón. Buena parte de ese trabajo de mosaico lo hicieron manos anónimas, y sobre esas telas quedaron escritos nombres y peticiones.
2. El Cristo Redentor de Maratea
El número 2 es el Cristo Redentor de Maratea, en Italia, y la idea de construirlo viene de un empresario italiano que viajó a Brasil y quedó maravillado con el del Corcovado. El proyecto lo realizó el escultor florentino Bruno Innocenti y se construyó a principios de la década de 1960.
En ese lugar había una cruz desde 1907, primero de hierro, pero los rayos la tenían muy dañada; se rehízo en hormigón hasta que llegó el Cristo. Es una de las esculturas más altas de toda Italia, con unos 21 metros, y aun así no es demasiado conocida.
El empresario tiene nombre: Stefano Rivetti di Val Cervo, que quiso un monumento como símbolo de renacimiento y esperanza. Innocenti trabajó entre 1963 y 1965 en la cima del Monte San Biagio, en Basilicata. La figura mide 21,13 metros, sus brazos abarcan 19, solo la cabeza mide 3 y el conjunto pesa unas 400 toneladas. Está hecha de hormigón armado revestido de mármol de Carrara y cemento blanco, con una mezcla que lleva lascas de mármol de Seravezza.
Lo interesante es que rompe con la manera tradicional de representar a Jesús: pelo corto, barba corta, una imagen bastante estilizada y liviana por la posición en que alza los brazos y por la caída de las mangas de la túnica. Donde el de Río es masa y verticalidad, este es línea.
3. El Cristo Roto
Pocos saben que existe un Cristo redentor conocido como el Cristo Roto, porque le falta un brazo y una pierna. La manera en que se trabajaron el concreto y el acero da la impresión de que esas extremidades hubieran sido arrancadas, desgarradas.
Está en México, en la presa Presidente Plutarco Elías Calles, y se asegura que está entre las cinco esculturas más altas del país, porque mide 25 metros y su base, 3.
Con más precisión: el Cristo Roto se levanta en una isla dentro de la presa Presidente Calles, en el municipio de San José de Gracia, Aguascalientes —no en la capital del estado—, y se inauguró el 16 de abril de 2006. Sus 25 metros sobre una base de 3 de concreto premezclado y acero reforzado dan 28 metros de altura total. La escultura la realizó un equipo encabezado por el escultor aguascalentense Miguel Romo Santini: el mismo que diecisiete años después firmaría el Cristo de la Paz de Zacatecas con el que abre este episodio.
Hay varias leyendas en torno a este Cristo, y no es para menos porque es muy impactante. Unos dicen que al párroco de la localidad se le ocurrió hacerse de un Cristo para darle al lugar un atractivo turístico y que compró uno roto, tal cual; otros aseguran que apareció delante del templo metido en una caja, sobre el lomo de una mula perdida. Al verlo, el sacerdote quiso repararlo, pero una voz le dijo:
Déjame roto. Quiero que al verme roto te acuerdes de tantos hermanos tuyos que están como yo, rotos, aplastados, indigentes, oprimidos, enfermos, mutilados, sin brazos porque no tienen posibilidades ni medios de trabajo, sin pies porque les han bloqueado los caminos, sin cruz porque les han quitado la honra, el honor y el prestigio. Todos los olvidan y les vuelven la espalda, aunque son como yo, un Cristo roto.
Son unas palabras estremecedoras, que aparecen a los pies de la escultura y que, más allá de la leyenda y del párroco, recuerdan lo importante que es solidarizarse con quien está pasando por situaciones duras.
La realidad es que sus autores quisieron recordar con ella todas las penurias por las que atravesó aquella localidad desde su constitución en el siglo XVII. Y se ha convertido en un salvador de las causas perdidas: van a visitarlo los mexicanos que cruzan ilegalmente hacia Estados Unidos, y van enfermos a pedirle milagros.
Conviene subrayar lo que hace a este el más raro de los seis. Los otros cinco representan a Cristo entero, porque una imagen de culto se hace completa por definición. Este renuncia a eso y consigue exactamente lo contrario de lo que suele buscar un monumento: no consuela desde arriba, se parece al que mira.
4. El Cristo Redentor de los Andes
El número 4 es peculiar sobre todo por su ubicación. El Cristo Redentor de los Andes está en la frontera entre Chile y Argentina, y para verlo hay que subir por un camino bastante peligroso, lleno de curvas y barrancos; en invierno, cuando nieva, lo cierran para evitar accidentes. Está a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Fue construido en 1904 como símbolo de paz, para conmemorar la resolución del conflicto de fronteras entre Chile y Argentina, después de que los dos países prácticamente se fueran a la guerra. Por eso se alza sobre un globo terráqueo donde resalta América del Sur, levanta la mano derecha como dando la bendición y sostiene la cruz con la izquierda.
Lo esculpió el argentino Mateo Alonso y se inauguró el 13 de marzo de 1904 en el paso de Uspallata, justo sobre la línea fronteriza, a 3.834 metros. La figura mide unos 6 metros y descansa sobre un pedestal de granito de 4. Pesa cerca de 4 toneladas, y el bronce con el que está fundida sale de los cañones del Ejército de los Andes.
La paz que conmemora tiene fecha exacta: los Pactos de Mayo, firmados en Santiago de Chile el 28 de mayo de 1902, y el laudo arbitral británico del 20 de noviembre de ese año, que los dos países aceptaron.
Y tiene dos impulsores con nombre: el obispo Marcolino del Carmen Benavente y Ángela de Oliveira Cézar de Costa, presidenta de la Asociación de Madres Cristianas, que fue quien empujó el traslado de la figura hasta la cumbre. Trasladarla no fue poca cosa: 1.200 kilómetros en tren y el último tramo a lomo de mula, por la montaña.
Conviene retener ese segundo nombre. En una lista de siete monumentos firmados casi todos por hombres, dos mujeres resultan decisivas: Oliveira Cézar, que llevó este hasta los 3.834 metros, y la escultora del de La Habana, que aparece al final.
Ese último dato es el que da su sentido al monumento. No es una estatua que hable de paz: es una estatua hecha con el metal de la guerra que no ocurrió.
5. El Cristo Rey de Lisboa
También conmemora la paz el que ocupa el puesto 5. El hecho de que Portugal lograra mantenerse fuera de la Segunda Guerra Mundial, que tanta destrucción causó en toda Europa, había que homenajearlo, y por eso en 1959 se erigió el Cristo Rey de Lisboa, en la localidad de Almada, inspirado —cómo no— en el del Corcovado.
Lo que más llama la atención es el pedestal. La escultura mide unos 28 metros y el pedestal es descomunal, y tiene un mirador a los pies de la figura.
La estatua es obra del escultor Francisco Franco de Sousa. Sus 28 metros de alto coinciden exactamente con los 28 que abarcan sus brazos abiertos, y se alza sobre un pedestal de hormigón armado de 82 metros —el episodio dice 75— plantado en el punto más alto de Almada, a 133 metros sobre el nivel del mar. El conjunto se consagró en 1959.
El monumento nace de un voto, y eso es más literal de lo que suena. El cardenal patriarca de Lisboa, Manuel Gonçalves Cerejeira, había visitado Río en 1934 y vuelto con la idea. En 1940, el episcopado portugués reunido en Fátima formuló el 20 de abril la promesa de levantarlo si Dios libraba a Portugal de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Portugal se mantuvo neutral; la primera piedra se puso el 18 de diciembre de 1949, ya acabada la guerra, y el santuario se inauguró el 17 de mayo de 1959 ante unas 300.000 personas. Se levantó íntegramente con dinero de una campaña nacional.
Es el único de los seis donde el pedestal es casi tres veces la estatua. Lo que se mira desde Lisboa, al otro lado del Tajo, es sobre todo la peana.
6. El Cristo del Abismo
El último no está en la cima de un cerro ni delimitando una frontera: está en el fondo del mar. Es el Cristo del Abismo, en Italia otra vez, en la pequeña bahía de San Fruttuoso, entre Camogli y Portofino.
El motivo por el que se sumergió es triste. Darío Gonzatti, uno de los pioneros del buceo en Italia, murió en las aguas de esa bahía en un accidente, y su amigo Duilio Marcante quiso rendirle homenaje con este Cristo. Mide unos dos metros y medio y lo elaboró el escultor Guido Galletti fundiendo elementos navales, medallas y hasta campanas.
La estatua se colocó en la bahía el 29 de agosto de 1954, con ayuda de la Marina Militar italiana, a unos 17 metros de profundidad. Sobre el metal, el episodio acierta: para obtener el bronce se fundieron medallas, elementos navales y campanas.
Las manos están representadas hacia arriba, en dirección a la superficie o al cielo. Más allá del motivo concreto, es un homenaje a todos los que han perdido la vida en el mar y una especie de resguardo para quienes siguen buceando. Visitarlo se ha vuelto un atractivo para los aficionados al buceo, y la idea tuvo tanta aceptación que ya se han construido réplicas: una en la bahía de Quintero, en Chile, y otra en Cayo Largo, en Florida.
La de Florida se sumergió el 25 de agosto de 1965 frente a Cayo Largo, y salió del molde original de Galletti: se fundió para el fabricante de equipos de buceo Egidi Cressi, que la donó en 1961 a la Underwater Society of America.
El que falta, y lo que tienen todos en común
Cristos redentores hay por casi todo el mundo: en Bolivia, en España, en Vietnam, en Perú, y algunos países tienen más de uno. Falta por mencionar uno majestuoso y bello, el que está en La Habana, en la cima de una colina frente a la bahía, con su mirador, un lugar de muchos romances, y atractivo turístico desde 1958.
El Cristo de La Habana lo esculpió una mujer, la cubana Jilma Madera —la única autora femenina de toda esta lista—, en mármol de Carrara. Mide 20 metros sobre una base de 3, pesa unas 320 toneladas y está formado por 67 piezas que se tallaron en Roma, donde las bendijo el papa Pío XII, y se trajeron por mar. Se erigió en Casablanca, en el municipio de Regla, sobre la loma de La Cabaña, y se inauguró el 24 de diciembre de 1958.
Quince días después, el 8 de enero de 1959, Fidel Castro entraba en La Habana.
Y vale la pena ponerlos en orden, porque el episodio los presenta por rareza y las fechas cuentan otra historia:
| año | monumento |
|---|---|
| 1904 | Cristo Redentor de los Andes, Chile–Argentina |
| 1931 | Cristo Redentor del Corcovado, Río de Janeiro |
| 1954 | Cristo del Abismo, San Fruttuoso |
| 1958 | Cristo de La Habana |
| 1959 | Cristo Rey de Lisboa, Almada |
| años 60 | Cristo Redentor de Maratea |
| 2006 | Cristo Roto, San José de Gracia |
| 2023 | Cristo de la Paz, Tabasco, Zacatecas |
El de Río no es el primero: llega veintisiete años después del de los Andes. Y hay un segundo patrón, que atraviesa tres de ellos y que ningún folleto turístico suele contar: los pagó la gente. El del Corcovado salió de una suscripción popular del Círculo Católico; el de Lisboa, de una campaña nacional; y el de los Andes lo empujó hasta la cumbre una asociación de madres. No son encargos de Estado ni caprichos de mecenas, con la excepción declarada del de Maratea. Lo que sí es, y eso lo dice el propio episodio dos veces, es el molde. El de Maratea nace del viaje de un empresario que quedó maravillado en Río, y el de Lisboa se inspira en el Corcovado. Entre esas dos fechas, 1931 y 1959, un monumento pasa de ser una obra a ser un género.
Vale la pena mirar los siete juntos, porque cuentan lo mismo desde sitios muy distintos. Uno nació de un cambio de planos; otro, del viaje de un empresario impresionado. Uno está roto a propósito y otro está hecho con el bronce de unos cañones que no llegaron a dispararse. Uno se mira desde el otro lado de un río y otro hay que bajar a buscarlo con bombona. El de Zacatecas se levantó contra una violencia concreta y el de La Habana se inauguró quince días antes de que su país cambiara entero.
Ninguno de los siete es principalmente una obra sobre Jesús de Nazaret. Todos son obras sobre el lugar que los puso ahí.
Una precisión sobre un dato que damos en el episodio: situamos en 1950 la muerte de Darío Gonzatti, el buceador cuyo accidente dio origen al Cristo del Abismo, y fue en 1947. La entrada Cristo degli abissi de la Wikipedia en italiano lo fecha así —«a seguito della morte di Dario Gonzatti durante un'immersione nel 1947»— y sitúa la colocación de la estatua en la bahía el 29 de agosto de 1954.
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