¡5 catedrales que nos asombran!

Episodio 87

Publicado el 3 de abril de 2024 · Duración: 18:59 min

¡5 catedrales que nos asombran!

Escúchalo en:

ivooxApple Podcast logoSpotify

Hay catedrales en todo este mundo. En algún momento se intentó obtener una cifra aproximada de cuántas catedrales puede haber en el planeta, y no se consiguió el dato: solo se sabe que son muchísimas. De ahí sale este episodio arquitectónico, que por demás es un top 5: cinco catedrales, y no todas góticas.

Las cinco, de la número cinco a la número uno, son Santiago de Compostela, en Galicia; Santa María del Fiore, en Florencia; la Catedral Metropolitana de Brasilia, de Oscar Niemeyer; San Basilio, en la plaza Roja de Moscú; y Notre-Dame de París. Un románico gallego que creció hasta el barroco, un gótico italiano rematado por la cúpula que abre el Renacimiento, un hiperboloide de hormigón de 1970, una catedral rusa del siglo XVI que parece un incendio de color y la parisina del XII a la que el siglo XIX le puso monstruos en la balaustrada. Debajo va cada una con lo que dice el episodio y con lo que dicen las fuentes sobre los datos que se manejan.

Cuántas catedrales hay, y en qué país

El episodio da por bueno, con un «al parecer» por delante, que España es el país que más catedrales tiene en todo el mundo. El registro que se usa habitualmente para contarlas no lo sostiene.

GCatholic, el censo de iglesias católicas del que se surte la Wikipedia en español para su recuento, encabeza su tabla de España y Andorra con el total de 107 templos con condición de catedral. La ficha de la Wikipedia, cerrada en septiembre de 2022, da ese mismo 107 y lo desglosa en 74 catedrales actuales, 14 concatedrales y 18 antiguas catedrales, que por haber sido sede de diócesis conservan el título canónico.

El encabezado de la tabla italiana del mismo censo dice 532, para Italia, el Vaticano y San Marino. Contando por el tipo que la propia tabla asigna a cada fila, las que figuran como catedral en activo son 226 en Italia frente a 74 en España: tres veces más, por el mismo criterio y en el mismo registro. El desglose del censo cuadra exactamente con sus propios encabezados: 74 catedrales más 14 concatedrales más 19 antiguas dan los 107 de España y Andorra, y 226 más 137 concatedrales más 2 procatedrales más 167 antiguas dan los 532 de Italia. El que se queda corto es el desglose que recoge la Wikipedia, en 106, y su propia nota al pie remite al censo con esa misma cifra.

Lo que sí sostienen las fuentes divulgativas consultadas es la fórmula prudente: España es uno de los países con mayor patrimonio catedralicio, con al menos una catedral por provincia. El Plan Nacional de Catedrales del Ministerio de Cultura protege 96 templos entre catedrales, concatedrales, antiguas catedrales y una iglesia significativa, la Sagrada Familia de Barcelona.

El gótico, y por qué no todas son góticas

Si se habla de catedrales, lo primero que viene a la mente es el gótico, ese periodo de la Edad Media en el que se levantaron tantas y tantas en sintonía con los ideales religiosos de la época. Eran templos descomunales, aplastantes, y lo eran a propósito: la idea era que el ser humano, al adentrarse en ellos, se sintiera empequeñecido ante el poder divino. El podcast ya le dedicó un episodio completo al gótico, y en aquella ocasión se detuvo en la catedral de Colonia, en Alemania.

Aquí el planteamiento es otro. Estas cinco son, además de lugares de culto, destinos turísticos, y para colmo se han convertido en el símbolo de sus ciudades. Y la apariencia actual de muchos de estos templos es el resultado de décadas o de siglos de construcciones y remodelaciones unas tras otras. Solía pasar que se construían encima de iglesias románicas siguiendo los códigos del gótico, y que más adelante se les hicieran añadiduras barrocas, neoclásicas, de cuanto estilo apareciera.

La Wikipedia en español, en su artículo destacado sobre las catedrales de España, describe ese mismo mecanismo como la norma y no como la excepción: son templos de grandes dimensiones cuya edificación se extendió habitualmente a lo largo de varios siglos, por lo que suelen ser el resultado de distintas épocas y estilos arquitectónicos. Es la razón de que etiquetar una catedral con un solo estilo sea casi siempre una simplificación.

A eso se suma que muchas han sido afectadas por guerras y que, según las circunstancias que atravesara el país donde se encuentran, han cambiado de función y se han convertido lo mismo en almacenes que en museos. La número dos de este top es el ejemplo exacto: San Basilio fue confiscada a la comunidad ortodoxa en las campañas antirreligiosas soviéticas y funciona como división del Museo Histórico Estatal desde 1928, secularizada por completo en 1929. El culto no volvió hasta después de la disolución de la URSS.

5 · Santiago de Compostela

La catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, es mucho más que un edificio religioso. En ese lugar hubo primero un pequeño templo y después una iglesia, hasta que en el año 1075 se comienza a levantar la catedral como tal. Según la tradición, allí se encuentran los restos del apóstol Santiago el Mayor, uno de los discípulos de Jesucristo, y eso la convirtió en el final del Camino de Santiago.

La ficha de la Wikipedia en español —artículo bueno, con bibliografía propia— nombra el templo como «Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Compostela» y le asigna la advocación de Santiago el Mayor. Confirma el arranque en 1075, bajo el reinado de Alfonso VI y con el patrocinio del obispo Diego Peláez, y sitúa la última piedra de la fábrica románica en 1122 según el Codex Calixtinus, la consagración en 1128 y la consagración definitiva en 1211. La fachada del Obradoiro, la que hoy se fotografía, es muy posterior: barroca, de Fernando de Casas Novoa, levantada entre 1738 y 1750 sobre la fachada románica derribada.

La Unesco inscribió el conjunto en 1985, y conviene el alcance exacto: el bien inscrito es la ciudad vieja de Santiago de Compostela, no la catedral por separado. La ficha de la Unesco lo imprime en su propia cabecera: año de inscripción 1985, criterios (i)(ii)(vi), expediente 347. Y describe una ciudad de edificios románicos, góticos y barrocos cuyos monumentos más antiguos se agrupan en torno a la tumba del apóstol y a la catedral.

El Camino de Santiago es una serie de rutas que los peregrinos han seguido desde tiempos tan remotos como la Edad Media por toda Europa hasta llegar a la catedral. El episodio nombra cuatro a modo de ejemplo: el Camino Francés, el Camino Portugués, el Camino del Norte y el Camino Primitivo. Conviene decir que son un puñado dentro de una red mucho mayor: solo en territorio español, la Wikipedia en español recoge más de treinta itinerarios jacobeos, del Camino Aragonés al Mozárabe, de la Vía de la Plata al Camino Inglés, pasando por los de Madrid, Levante, el Ebro o el Sanabrés.

El Camino Francés es quizás el más conocido y transitado, y tiene una extensión de aproximadamente 780 kilómetros.

La cifra depende de dónde se empiece a contar, y por eso baila entre fuentes. La ficha del Camino de Santiago Francés en la Wikipedia en español da 764 km desde Roncesvalles y 830 km desde Somport en su cuadro de datos, y 755 y 870 km en sus tablas. Los 780 del episodio caen dentro de las dos horquillas; no hay un número único porque no hay un único punto de partida.

Es un gran sacrificio físico que se traduce también en un gran sacrificio espiritual, y después de tantos días de caminata —o en bicicleta, que son los menos— divisar la catedral es una emoción que algunos describen como un momento revelador, transformador. Hoy el Camino lo hacen personas que no vienen solo por lo religioso, sino también por lo cultural e incluso por lo turístico.

Y la catedral es además una maravilla del arte universal, porque en su construcción combina el estilo románico de sus orígenes con elementos del gótico, y también del renacimiento, el barroco e incluso del neoclasicismo: como si siempre hubiese querido estar a la moda.

4 · Santa María del Fiore, Florencia

De España a Italia, a una cúpula que no deja indiferente a nadie: la de la catedral de Santa María del Fiore. El proyecto para levantar la catedral de Florencia se inició en 1296 y se extendió durante 175 años. Las labores se paralizaron en varias ocasiones: porque fallecía el jefe constructor, por la peste negra que dejó a Florencia con la quinta parte de sus habitantes, o bien por falta de soluciones, porque no se sabía cómo continuar ejecutando aquel proyecto.

Las dos cifras del párrafo anterior son las que da Historia National Geographic en su reportaje sobre la catedral, firmado por Manuel Saga: el proyecto se inició en 1296 y se prolongó a lo largo de 175 años, y en 1348 los trabajos se detuvieron por la primera gran plaga de peste negra, que redujo la población de la ciudad hasta su quinta parte. La cuenta cuadra con el final que esa misma fuente da a la linterna, en 1471.

Otras fuentes miden el mismo edificio con otras varas, y no se contradicen tanto como parece: la Wikipedia en inglés dice que la primera piedra se puso el 9 de septiembre de 1296 y que la construcción de aquel vasto proyecto iba a durar ciento cuarenta años, contando hasta el cierre de la cúpula en 1436. Lo que viene después son los remates, y ahí las dos fuentes no cierran en el mismo año: la ficha inglesa da la linterna terminada por Michelozzo en 1461 y la bola de cobre dorado con la cruz colocada por Verrocchio en 1469, y fija en ese mismo 1469 el final del edificio; Historia National Geographic lleva la linterna hasta 1471, y se la atribuye a Antonio di Ciaccheri.

Y sobre la peste, la ficha de la catedral no da cifras: solo registra que los trabajos se detuvieron por la peste negra en 1348. Las dos escalas están en otra ficha, la de la Wikipedia en inglés sobre la peste negra, que las ofrece a la vez: los registros fiscales florentinos sugieren que murió el 80 % de la población de la ciudad en cuatro meses de 1348 —eso es quedar en la quinta parte—, mientras que el censo pasa de 110.000-120.000 habitantes en 1338 a 50.000 en 1351.

La cúpula ya había sido diseñada por el arquitecto Neri di Fioravanti, que había propuesto que fuera octogonal, que tuviera doble cascarón y que se sostuviera gracias a encadenamientos de piedra, lo que le permitiría alcanzar dimensiones nunca vistas.

Aquí las fuentes no dicen lo mismo, y merece la pena verlo. Historia National Geographic sostiene exactamente lo del episodio: el diseño de Neri se sostenía gracias a encadenamientos de piedra y madera ocultos en el cascarón, que aplicaban una presión similar a la de los aros de hierro de un barril. La misma imagen del barril aparece en el ensayo de Karel Vereycken sobre la cúpula florentina alojado en el archivo del Schiller Institute, que atribuye a Neri la propuesta de ceñir la cúpula con cadenas de piedra y madera como alternativa a los contrafuertes. Pero Vereycken no está del todo en ese bando: acto seguido llama a ese concepto interesante aunque inadecuado, y más abajo sostiene que Brunelleschi partió de la idea del barril de Neri para ir mucho más allá. Atribuye la propuesta como el reportaje y descalifica la solución como la ficha inglesa.

La Wikipedia en inglés lo cuenta al revés: dice que la cúpula de Neri necesitaba una defensa interna contra la apertura por empuje y que en ese momento aún no se había diseñado ninguna, y atribuye las cuatro cadenas de piedra y hierro —más una quinta de madera— al ingenio de Brunelleschi. La Wikipedia en italiano se mantiene a medio camino: describe la cadena de madera de 24 vigas unidas por pernos de hierro que rodea la construcción y advierte de que sobre el empleo de cadenas de piedra o de madera se sigue dudando, porque la piedra no trabaja a tracción y la madera es elástica.

No es una errata del episodio: es un punto abierto en la bibliografía, y lo honesto es decir quién sostiene qué.

Lo que nadie discutía es que aquello sonaba muy bonito y muy original, pero que nadie sabía cómo ejecutarlo. Se había construido hasta la base de la cúpula, y de ahí para arriba no sabían cómo continuar, porque no se encontraba ningún sistema de apoyo para levantarla. Se llegaron a proponer cimbras de madera, o crear un montículo lo bastante alto como para apoyar la cúpula sobre él.

Lo del montículo no es una exageración. La Wikipedia en español recoge, a partir del libro de Ross King sobre la cúpula, la propuesta de llenar la catedral de tierra antes de levantarla, y la respuesta a cómo se sacaría después: mezclar monedas con la tierra y dejar que los pobres la vaciaran. Historia National Geographic añade que la técnica del montículo de arena no era un disparate teórico —se empleó en la catedral de Troyes, en Francia, donde en 1496 se usó uno de más de 30 metros de alto—, pero que la Opera del Duomo rechazó con desdén ese tipo de soluciones.

Para el maestro orfebre Filippo Brunelleschi, o simplemente Pippo, como le llamaban sus paisanos, no había imposibles, y su solución dejó boquiabiertos a todos. Sencillamente, no usaría sistemas de apoyo para levantar la cúpula, y sin revelar demasiados detalles de cómo lo haría dio con una solución novedosa y creativa que se aplaude hasta el día de hoy.

Algo curioso es que la casa de Brunelleschi estaba justo frente a la catedral: durante toda su niñez pudo ver cómo se iba levantando el edificio.

El dato está en el reportaje de Historia National Geographic, que lo enmarca además de un modo elocuente: Brunelleschi nació en Florencia en 1377, diez años después de la votación a favor de la cúpula de Neri, en la que su propio padre había participado, y la casa familiar estaba frente a la catedral en construcción. En 1418, cuando se convocó el concurso para rematarla, tenía 41 años y era un maestro orfebre reconocido.

El sobrenombre también tiene autor. La Wikipedia en inglés lo atribuye a Leon Battista Alberti, que lo llamó «Pippo», con dos pes. Es el mismo Alberti que, al ver la obra terminada, escribió aquello de que la construcción se elevaba por encima de los cielos, lo bastante vasta como para cubrir con su sombra a toda la población toscana, y hecha sin ayuda de vigas ni complicados soportes de madera.

Y no en balde sus restos descansan bajo la catedral.

Confirmado: el cuerpo de Brunelleschi reposa en la cripta de la catedral de Florencia. El epitafio de la entrada, que recoge la Wikipedia en inglés, dice que la patria agradecida lo entierra allí, en el suelo de abajo.

Sobre el récord, con el alcance exacto de cada fuente, que es donde estas cosas se rompen: la Wikipedia en inglés afirma que sigue siendo la mayor cúpula de mampostería del mundo; la italiana dice que en el momento de construirse era la mayor cúpula del mundo y que sigue siendo la mayor de obra de fábrica jamás construida, con 45,5 m de diámetro interior y 116 m de altura total; Historia National Geographic acota que con la propuesta de Neri Florencia se convertiría en la cúpula más grande de la historia de Occidente. Y hay un cuarto enunciado, que no está en la ficha de la catedral sino en la de Brunelleschi en esa misma Wikipedia en inglés, en el pie de una fotografía: ahí la llama la mayor cúpula de ladrillo del mundo. Cuatro enunciados, cuatro alcances distintos: mampostería, obra de fábrica, Occidente y ladrillo. La Wikipedia en inglés añade un superlativo diferente y muy acotado, que sí describe lo que hizo Brunelleschi: fue la primera cúpula octogonal de la historia construida sin una armazón de madera provisional.

Y un apunte que encaja con lo que el episodio dice sobre las capas: la fachada que hoy se fotografía no es medieval. La primera, de Arnolfo di Cambio, se desmontó entre 1587 y 1588 por orden del gran duque Francisco I de Médici porque se consideró pasada de moda, y el frente estuvo desnudo hasta 1887, cuando se levantó el actual, de mármol policromo y estilo neogótico, según proyecto de Emilio De Fabris.

3 · Catedral Metropolitana de Brasilia

¿Quién dijo que una catedral no puede ser una construcción moderna? En Brasilia se encuentra la catedral metropolitana, y es una catedral joven: comenzó a levantarse en la segunda mitad del siglo XX. Comparada con las dos anteriores, es una bebé.

Nombre completo y advocación, que no son lo mismo que el apodo: el templo es la Catedral Metropolitana Nossa Senhora Aparecida, dedicada a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil. Las fichas de la Wikipedia en portugués y en inglés dan estas fechas: piedra fundamental el 12 de septiembre de 1958 (la inglesa, en su cuadro de datos; en el texto pone el 15), estructura terminada en 1960, y obra concluida y dedicada el 31 de mayo de 1970.

La diseñó el arquitecto Oscar Niemeyer, con proyecto estructural del ingeniero Joaquim Cardozo, y conviene recordar que Niemeyer fue uno de los arquitectos que tuvo la tarea de diseñar la ciudad de Brasilia, que se convertiría en la capital de Brasil.

La ficha del Pritzker precisa el encargo: el presidente Juscelino Kubitschek nombró a Niemeyer en 1956 arquitecto jefe de Brasilia, con sus diseños complementando el plan general de Lúcio Costa, que fue quien fijó en su Plano Piloto que la catedral debía ir en una plaza autónoma, fuera de la Praça dos Três Poderes, para simbolizar físicamente la laicidad del Estado.

El ingeniero se escribe Joaquim Cardozo, no Cardoso. Su aportación no fue menor: la Wikipedia en portugués documenta que el proyecto original preveía 21 columnas en forma de bumerán y que fue el cálculo de Cardozo el que las redujo a 16, adelgazó las bases hasta que apenas tocan el suelo y sustituyó el cinturón de hormigón previsto en lo alto por una losa más baja. Cardozo calculó también el efecto del viento sobre vitrales y columnas, un cálculo avanzado para la época.

El templo tiene una estructura circular con 16 columnas de concreto en forma de parábolas que dan la idea de ser manos emergiendo de la tierra, elevándose en plegaria hacia el cielo.

Las 16 columnas pesan 90 toneladas cada una, según la guía de visita de la propia catedral, que recoge también la frase de Niemeyer: columnas curvas que se elevan hacia el cielo como un gesto de reclamo y comunicación. La Wikipedia en portugués describe justamente eso: representan dos manos moviéndose hacia el cielo. Sobre la geometría, esa misma ficha se contradice a sí misma en dos puntos del texto: en la entradilla las llama «pilares de seção parabólica» dentro de un «formato hiperboloide», y más abajo dice de esas mismas columnas «com seção hiperbólica». La forma global sobre la que Niemeyer basó el diseño sí es unánime en las fuentes: un hiperboloide.

En el interior, la luz es la protagonista indiscutible y el principal ornamento, sobre todo cuando se conjuga con los grandes vitrales que hacen de pared. El episodio plantea si no será ahí el punto de conexión, u homenaje, entre esta catedral moderna y las antiguas catedrales góticas, con tantos vitrales y tantos contrastes de luces y sombras, y lee el cristal como el cielo de Brasil.

Los vitrales tienen autora y fecha: Marianne Peretti, unos 2.000 metros cuadrados en tonos de azul, verde, blanco y marrón. Y tienen historia: en 1970 los cierres eran de vidrio incoloro, y fue en la reforma iniciada en 1987 cuando Peretti los sustituyó por sus vitrales pintados y los pilares se pintaron de blanco, dejando el edificio con el aspecto que hoy se reconoce. La lectura simbólica del cristal como cielo de Brasil es del episodio; las fichas consultadas no la recogen.

A la catedral se accede por una rampa bajo el nivel del suelo que da paso a una galería en penumbras, y solo después el visitante llega al interior, donde lo sorprende una explosión de luz natural.

La secuencia está documentada tal cual: las fichas en inglés y en portugués describen que los visitantes entran por un túnel oscuro y emergen en un espacio luminoso bajo el techo de vidrio. Y hay un detalle que redondea la entrada: el edificio está rodeado por un espejo de agua de 12 metros de ancho y 40 centímetros de profundidad que ayuda a refrigerarlo, y se pasa por debajo de él al entrar. La mayor parte de la catedral está bajo tierra: sobre el suelo solo asoman la cubierta, el techo oval del baptisterio y el campanario.

También asombra el campanario, totalmente moderno, colocado de manera independiente sobre la explanada, con cuatro campanas; y antes de bajar por la rampa que conduce al templo hay cuatro esculturas de bronce que representan a los cuatro evangelistas: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.

El campanario mide 20 metros, según la guía de visita de la catedral. Sus cuatro campanas fueron donadas por los españoles residentes en Brasil, con la colaboración del Instituto Español de Emigración, y fundidas en Miranda de Ebro, según una noticia de ABC Sevilla del 27 de agosto de 1968; la guía de visita las da como donadas por el Gobierno de España. Las esculturas de los evangelistas son de Alfredo Ceschiatti con la colaboración de Dante Croce; aquí las fichas discrepan en los detalles menores, porque la inglesa las da de 2,5 metros y fechadas en 1968 y la portuguesa de 3 metros y fechadas en 1970. La autoría no varía.

Dentro hay tres ángeles de los mismos escultores suspendidos con cables de acero sobre la nave, el altar donado por Pablo VI, un vía crucis de Di Cavalcanti y un baptisterio con azulejos pintados en 1977 por Athos Bulcão.

El episodio cierra la parada afirmando que no fue casualidad que gracias a esta catedral Niemeyer ganara el premio Pritzker de Arquitectura en 1988, el reconocimiento más alto que puede recibir un arquitecto por su obra.

Y aquí hay dos fuentes sosteniendo dos cosas distintas. La Wikipedia en portugués afirma, con cuatro referencias, que la catedral es considerada a veces la obra maestra de Niemeyer y que fue gracias a ella que ganó el Pritzker en 1988. La documentación del propio premio apunta en otra dirección: el anuncio de 1988 declara que el galardón honra cada año a un arquitecto vivo cuya obra construida demuestre talento, visión y compromiso con contribuciones consistentes y significativas, es decir, una trayectoria; y no menciona la catedral, sino Brasilia en conjunto y el Ministerio de Educación y Salud de Río. La galería de obras que el Pritzker publica en la ficha de Niemeyer sí incluye la catedral, junto al Congreso y al museo de Niterói.

Dos datos firmes que sí conviene tener: el premio de 1988 fue compartido con el estadounidense Gordon Bunshaft, porque el jurado aprovechó el décimo aniversario para honrar a dos maestros a la vez, y ambos se repartieron a partes iguales los 100.000 dólares. En cuanto a ser el reconocimiento más alto, la fórmula de la propia fundación es más contenida y más útil: los Pritzker quisieron premiar una disciplina creativa no incluida en los Nobel, y modelaron procedimiento y recompensa según aquellos.

2 · San Basilio, Moscú

Parece un castillo de cuento de hadas, pero es la catedral de San Basilio, en Moscú. La mandó construir el primer zar de Rusia, Iván Vasílievich, para conmemorar una conquista militar; ese zar era conocido como Iván el Terrible.

El nombre completo y el alcance exacto del «primero»: Iván IV Vasílievich (1530-1584) fue gran príncipe de Moscú y de toda Rusia desde 1533 y el primer monarca ruso coronado zar de todas las Rusias, en 1547. El matiz importa porque su abuelo Iván III ya usaba el título de zar en su correspondencia con otros monarcas: lo nuevo fue la coronación, no la palabra.

Sobre la conquista, la Wikipedia en inglés no es unánime: su entradilla dice que la catedral conmemora la toma de Kazán y de Astracán, pero el cuerpo del mismo artículo la liga a la toma de Kazán en 1552, cuyo asalto final, el 1 de octubre, conmemora la capilla central.

El nombre oficial tampoco es el que todo el mundo usa. El templo es la Catedral de la Intercesión de la Santísima Madre de Dios en el Foso, o Catedral de Pokrov, según el Patriarcado de Moscú. «San Basilio» viene de Vasili el Bienaventurado, el santo local venerado sobre cuya tumba se levantó la décima capilla. Y el edificio original tuvo antes otro nombre todavía: iglesia, y luego catedral, de la Trinidad.

Las labores comenzaron en 1555 y terminaron en 1561, un periodo de construcción bastante corto si se compara con el de otras catedrales. Una leyenda cuenta que el zar quedó tan maravillado con el resultado final que ordenó cegar a su arquitecto jefe para que jamás pudiese reproducir nada igual. Por suerte parece ser solo una leyenda, porque ese mismo arquitecto participó en una obra posterior.

El argumento del episodio es exactamente el que usan los historiadores. La Wikipedia en inglés recoge la leyenda de que Iván cegó al arquitecto para que no recreara la obra maestra en otro sitio, y añade que muchos historiadores están convencidos de que es un mito, porque el arquitecto participó después en la catedral de la Anunciación de Moscú y en los muros y torres del Kremlin de Kazán, y siguió activo al menos durante toda la década de 1560. La ficha de Iván IV añade una de esas obras posteriores con nombre y fecha: la propia capilla de 1588 sobre la tumba de San Basilio, varios años después de la muerte del zar.

Sobre quién fue: la identidad del arquitecto es desconocida. La tradición habla de dos, Barma y Póstnik Yákovlev, que es como los inscribe el registro oficial ruso de patrimonio; hay investigadores que sostienen que ambos nombres designan a la misma persona. El mito del cegamiento probablemente venga de un relato de Jerome Horsey sobre Iván III y el arquitecto de la fortaleza de Ivángorod.

Pocos saben que esta catedral está formada por diez iglesias: una central y cuatro grandes colocadas a su alrededor siguiendo los puntos cardinales, más cuatro templos más pequeños puestos en diagonal —nueve, para quien lleve la cuenta— más una décima, añadida años después, en 1588, en honor del santo por el que fue nombrada, San Basilio.

La aritmética cuadra con la entradilla de la Wikipedia en inglés, que describe el edificio original como ocho capillas dispuestas alrededor de una novena central, dedicada a la Intercesión, y una décima levantada en 1588 sobre la tumba de Vasili. Pero la misma ficha no es coherente: en el apartado Development llama a esa capilla el noveno santuario, y en el de Layout cuenta hoy nueve capillas. El episodio ordena esas ocho en cuatro grandes y cuatro pequeñas en diagonal, que es la descripción habitual de su planta.

Y aunque las iglesias se agrupen de forma aparentemente organizada, la catedral es asimétrica: según el lugar desde donde se mire, cambia.

Documentado, y con la causa: las iglesias laterales sí están dispuestas en simetría perfecta, pero el conjunto no, porque la iglesia central se desplazó deliberadamente hacia el oeste respecto del centro geométrico para dar sitio a su ábside mayor. El resultado es precisamente el que describe el episodio: desde el norte y desde el sur se ve una forma compleja y multiaxial, mientras que la fachada oeste, la que mira al Kremlin, aparece simétrica y monolítica.

Un último detalle: algunos afirman que en sus inicios la catedral estaba pintada de blanco con las cúpulas en dorado, y que tuvieron que pasar los años para que se le añadieran los colores, hoy uno de sus elementos más admirados y reconocidos.

El sentido es correcto y el detalle admite una precisión. Según la Wikipedia en inglés, los muros del siglo XVI mezclaban ladrillo rojo visto —o su imitación pintada— con ornamentos blancos, aproximadamente a partes iguales, y las cúpulas, cubiertas de estaño, estaban uniformemente doradas: el conjunto era blanco, rojo y oro, con inserciones cerámicas verdes y azules. O sea que lo del dorado es exacto y lo del blanco es medio cierto: había también rojo desde el principio. Lo que sí es cierto sin matices es lo segundo, que los colores llegaron mucho después: esa misma ficha fija la terminación con sus colores en 1683.

1 · Notre-Dame de París

El número uno del top es Notre-Dame, famosa por tantos motivos. En ella Napoleón se coronó a sí mismo emperador ante el papa Pío VII; Victor Hugo la incluyó en su novela Nuestra Señora de París, de 1831, y con ello hizo que el mundo entero reparara en ella; y en 2019 sufrió un incendio que estremeció a toda la humanidad.

Los tres datos, con su detalle. La coronación fue el 2 de diciembre de 1804 en Notre-Dame, en presencia del papa Pío VII: mientras el pontífice recitaba la fórmula, Napoleón se giró, se quitó la corona de laurel y se coronó él mismo, y después coronó a Josefina, arrodillada. La novela de Hugo se publicó en 1831 y, según la ficha de la catedral en la Wikipedia en inglés, se escribió precisamente para salvar a Notre-Dame, que tras las guerras napoleónicas estaba en tal estado de deterioro que las autoridades de París llegaron a considerar demolerla; el libro fue un éxito enorme y despertó la conciencia sobre su ruina. Y el incendio fue el 15 de abril de 2019: destruyó la flecha de madera y la mayor parte de la cubierta, pero la bóveda de piedra contuvo en gran medida el techo ardiendo al desplomarse, y el altar, los órganos y los tres rosetones del siglo XIII sufrieron poco o ningún daño. La catedral reabrió el 7 de diciembre de 2024, algo que el episodio, por fecha, no podía contar.

Pero lo que de verdad llevó a Notre-Dame a lo alto de este top fueron los cientos de gárgolas y quimeras que viven en esa catedral: por eso está colocada en el número uno.

Las gárgolas son un elemento arquitectónico, la mayoría de las veces en forma de criatura fantástica, a donde va a parar toda el agua que cae sobre los techos de un edificio para que sea expulsada por allí y no dañe las paredes ni los techos por acumulación. Tienen, por tanto, una función de desagüe. Por eso salen de las paredes de la catedral y por eso tienen los cuerpos más alargados, precisamente para favorecer su función de expulsar el agua; y por eso representan además criaturas demoníacas, para mostrar a los fieles los horrores del infierno y que no dudaran en asistir a la iglesia.

La ficha de Notre-Dame en la Wikipedia en inglés describe la mecánica al detalle y confirma la función: las gárgolas se añadieron hacia 1240 y eran los caños de lluvia de la catedral, pensados para dividir el torrente que caía del tejado y proyectarlo lo más lejos posible de contrafuertes, muros y ventanas, donde podría erosionar el mortero. El agua bajaba del tejado a canalones de plomo, de ahí por los arbotantes y finalmente por un canal tallado en el lomo de la gárgola hasta salir por su boca. Se usaban muchas precisamente para producir muchos chorros finos en vez de uno grueso. Y sobre el mensaje, la misma fuente dice que los grotescos formaban parte del mensaje visual para los fieles que no sabían leer: símbolos del mal y del peligro que amenazaban a quien no siguiera las enseñanzas de la Iglesia.

Las quimeras se parecen mucho a las gárgolas, pero son solamente decorativas: digamos que son esculturas. Desde la mitología griega, las quimeras son monstruos híbridos, animales fabulosos, y en Notre-Dame se las ve asomadas al balcón de los campanarios, figuras grotescas, mitad animal, mitad humanas, que al no tener que responder a una funcionalidad pueden darse el lujo de ser más expresivas.

Y hay un dato que lo cambia todo: estas quimeras no se encuentran en la catedral desde los inicios, sino que fueron añadidas en un plan de restauración de la catedral que se acometió en el siglo XIX.

Esto es exacto, y la fuente francesa es tajante. La Wikipedia en francés dice que las quimeras de Notre-Dame no existían en la Edad Media —al contrario que las gárgolas, que rematan los canalones— y que son añadidos neogóticos incorporados por Eugène Viollet-le-Duc al restaurar la catedral en el siglo XIX. Son estatuas fantásticas, diabólicas y a menudo grotescas, con efecto puramente decorativo, colocadas en la balaustrada que corona la galería superior que une las dos torres: la Galerie des chimères. Imitan a las gárgolas medievales sin tener su función, porque no evacúan agua.

Con fechas y nombres: Prosper Mérimée, inspector general de monumentos históricos, encargó en 1843 la restauración a Jean-Baptiste-Antoine Lassus y Viollet-le-Duc; la ficha inglesa data los trabajos entre 1844 y 1864. Las quimeras las dibujó enteras el propio arquitecto y las realizaron entre 1848 y 1856 un equipo de quince escultores dirigido por Adolphe-Victor Geoffroy-Dechaume, con Victor Pyanet como principal. Muchas de las estatuas originales, sobre todo los grotescos, habían sido retiradas en los siglos XVII y XVIII o destruidas durante la Revolución francesa: lo que hizo Viollet-le-Duc fue sustituirlas por invenciones propias.

El episodio cuenta después una leyenda: que la noche en que quemaron en la hoguera a Juana de Arco, ellas despertaron y arrasaron a toda la ciudad; y que a la mañana siguiente aparecieron cientos de cadáveres en las calles de París, y las quimeras en su sitio desde las alturas, como si nada. El propio episodio aclara que es solo una leyenda.

Lo es, y además una leyenda de guía turístico: circula en varias versiones en castellano, siempre fechada en 1431 y siempre con las figuras vengando a la doncella. Merece la pena poner las dos fechas juntas, porque el episodio acaba de dar la otra: Juana de Arco fue quemada el 30 de mayo de 1431 en el Vieux-Marché de Ruan, no en París, y las quimeras se esculpieron entre 1848 y 1856. Cuatro siglos separan un hecho del otro. La leyenda habla, en rigor, de unas figuras que en 1431 no existían.

Entre esas quimeras hay una que llama la atención por encima de las demás: la Stryge, un ser volador de la mitología clásica que se alimenta de sangre, y que aparece asomada contemplando la ciudad y sacando la lengua como si se estuviera burlando.

El nombre se escribe Le Stryge, «la estrige», y es probablemente la más célebre de las quimeras de Notre-Dame. El bicho existe en la mitología: la strix de la antigüedad clásica era un ave de mal agüero, producto de una metamorfosis, que se alimentaba de carne y sangre humanas; la ficha francesa la describe como demonio hembra alado, mitad mujer mitad ave, y la relaciona con el vampiro. La ficha francesa de las quimeras dice que estas criaturas parecen contemplar la gran ciudad y regodearse en todas las vilezas que descubren en ella, y señala a la Stryge como probablemente la más famosa: un espíritu nocturno maléfico semejante al vampiro, ya temido por los romanos. El hedge no es un adorno: la ficha escribe «sans doute», que en francés vale por «probablemente» y no por el «sin duda» que parece.

Sobre cómo llamarla, las fuentes no se ponen de acuerdo, y no es un detalle ocioso: la ficha del musée d'Orsay la llama gárgola —«la fameuse gargouille de Notre-Dame de Paris, dessinée par Viollet-le-Duc»—, mientras que las fichas de la Wikipedia francesa e inglesa la clasifican como quimera, que es lo coherente con el hecho de que no evacúa agua. El episodio la cuenta entre las quimeras, que es la lectura mayoritaria.

Y tiene una biografía propia en la historia del arte: la fotografió Charles Nègre hacia 1853, con su amigo Henri Le Secq posando de chistera detrás, en lo alto de la torre norte. Esa copia está en el musée d'Orsay, que la adquirió en 2002. El título se lo puso el coleccionista André Jammes por analogía con un célebre grabado de Charles Meryon, también de 1853, titulado igualmente Le Stryge.

Existen también muchísimas teorías sobre el propósito que se tuvo en el siglo XIX al colocar todas estas criaturas diabólicas en Notre-Dame. Algunos dicen que muestran los prejuicios de aquella época, como el hecho de juzgar a las personas por su apariencia, el racismo; otros, que era para demostrar que los seres malignos estaban fuera del templo y que adentro era donde se encontraba la salvación; otros, que eran para recalcar a los fieles los horrores del infierno. En fin, hay muchísimas conjeturas.

La primera de esas tres lecturas es la que más recorrido tiene en la bibliografía. La Wikipedia en francés sostiene que Viollet-le-Duc dibujó estas estatuas inspirándose en las caricaturas de Honoré Daumier, en una edición ilustrada de la novela de Hugo de 1844 y en sus propias ilustraciones de los Voyages pittoresques et romantiques dans l'ancienne France, y enumera entre sus motivos monos y hombres salvajes, y figuras de la propaganda antisemita; la propia ficha marca como necesitada de referencia la parte que las liga a las obsesiones decimonónicas de la fisiognomía y la teoría de la degeneración. La referencia académica del asunto es el libro del historiador del arte Michael Camille sobre las gárgolas de Notre-Dame, de 2009, del que esa misma ficha cita la idea de que el artista medieval ridiculizaba a los demonios que le encargaban esculpir precisamente para protegerse de ellos.

Desde la actualidad solo queda asombrarse por el nivel de expresividad de estas esculturas, porque todo el que las observa siente alguna sensación. Nadie puede quedarse impasible ante ellas.

Cinco de tantas

Fue muy duro elegir solo cinco entre tantas y tantas que hay a nivel mundial, pero sin dudas estas son cinco joyitas de la arquitectura universal. Y una cosa más, que el episodio deja dicha de pasada y que estas cinco fichas confirman una por una: ninguna de ellas es de un solo estilo ni de un solo siglo. Santiago suma románico, gótico, renacimiento, barroco y neoclásico; Florencia empieza en gótico italiano y termina abriendo el Renacimiento con su cúpula y estrenando fachada neogótica en 1887; San Basilio tarda más de un siglo, de 1561 a 1683, en tener los colores por los que hoy se la reconoce; Notre-Dame lleva encima, desde mediados del XIX, unas criaturas que su Edad Media no conoció. Solo Brasilia nace de un único proyecto, y ni siquiera ella de una sola mano: el cálculo de Cardozo le quitó cinco columnas antes de empezar, y los vidrios no fueron los de hoy hasta 1987. Una catedral no es un edificio: es lo que queda después de varios siglos discutiendo cómo debería ser.


Una precisión sobre un dato que damos en el episodio: decimos, con un «al parecer» por delante, que España es el país que más catedrales tiene del mundo, y el censo que se usa habitualmente para contarlas dice lo contrario. GCatholic, la misma fuente que la Wikipedia en español cita para el recuento español, encabeza su tabla de España y Andorra con 107 templos y la de Italia, el Vaticano y San Marino con 532, contando en ambos casos concatedrales y antiguas catedrales: España · Italia. Lo que sí sostienen las fuentes es que España tiene uno de los patrimonios catedralicios más ricos del mundo, con al menos una catedral por provincia.

Sigue escuchando

Episodios relacionados