
Episodio 69
Publicado el 2 de junio de 2023 · Duración: 13:00 min
Sacando secretos a la luz
Seis cuadros que esconden algo
Las obras de arte sobresalen en eso de encerrar misterios, y quienes se dedican a investigarlas siguen encontrando detalles en los que nunca habríamos reparado por más veces que hayamos visto el cuadro.
Conviene decirlo antes de empezar: muchas de esas curiosidades tienen su dosis de ciencia ficción y de sensacionalismo, y no son verdades absolutas. Los autores de estas seis obras llevan siglos muertos, y solo ellos podrían confirmar las teorías que han ido saliendo a la luz sobre sus cuadros. Van aquí los secretos que nos parecieron más creíbles y probables.
El espejo del Retrato de los Arnolfini — Jan van Eyck, 1434
El flamenco Jan van Eyck pintó a Giovanni Arnolfini y su mujer en 1434. En apariencia es simplemente el retrato de un comerciante y su esposa en el interior de su hogar. El cuadro está hoy en la National Gallery de Londres.
Pero si se mira con detenimiento, en la pared del fondo hay un espejo, y en ese espejo se ven reflejadas dos personas entrando a la habitación que no son los esposos. Se sospecha que uno de ellos es el mismísimo Jan van Eyck, y hay un elemento que apoya esa teoría: en la pared, sobre el espejo, hay una inscripción en latín —Johannes de eyck fuit hic 1434— que se traduce como «Jan van Eyck estuvo aquí, 1434».
Los colores también guardan significados. El verde del vestido de ella, que se asocia habitualmente con la esperanza, puede simbolizar la esperanza de tener un hijo. Y aquí está el malentendido más repetido del cuadro: la mujer parece embarazada porque tiene el vientre abultado, pero no lo estaba. Son su postura y los pliegues del vestido los que dan esa idea. Lo que sí parece es que ambos deseaban tener un hijo, y que el cuadro funcionaba como un símbolo para atraer la fertilidad. De hecho, la identidad de la mujer retratada sigue sin estar establecida con certeza.
Las plantas de La Primavera — Sandro Botticelli
En La Primavera, del Renacimiento italiano, aparecen nueve personajes celebrando un rito pagano: en esencia es una celebración de la primavera y de la fertilidad que se asocia a esa estación.
Lo que pocos saben es lo que hay debajo de sus pies. Los botánicos han identificado en la obra alrededor de doscientas especies distintas de plantas, representadas con un nivel de detalle específico que obliga a suponer un estudio serio de la materia. La cifra completa es todavía mayor: en el recuento se manejan unas quinientas especies vegetales, de las cuales alrededor de ciento noventa aparecen en flor. El catálogo lo levantó la botánica Mirella Levi D'Ancona. El cuadro está en la Galería de los Uffizi, en Florencia.
Caravaggio dentro de su propia jarra — Baco
Baco, del italiano Caravaggio, es de finales del siglo XVI y también se conserva en los Uffizi. Lo que esconde es al propio Caravaggio.
Gracias a una técnica moderna llamada reflectografía, los expertos descubrieron que en la jarra de vino situada en la parte inferior izquierda del cuadro se encuentra la imagen de un hombre. La figura está en posición vertical, con un brazo extendido hacia un lienzo sobre un caballete: parece un retrato del pintor mientras pintaba. Son especulaciones, pero la restauradora Roberta Lapucci lo identificó con reflectografía multiespectral, y el detalle ya lo había advertido el restaurador Matteo Marangoni en 1922.
El espejo de La lección de música — Johannes Vermeer
En La lección de música, del pintor holandés Johannes Vermeer, lo que aparentemente vemos es a una joven de espaldas al espectador, mirando las teclas de un virginal, acompañada por su instructor de música. El virginal era un instrumento que tocaban con frecuencia las muchachas. La obra pertenece a la Royal Collection británica.
Otra vez hay un espejo, esta vez sobre el instrumento, y ese espejo permite ver el rostro de la muchacha aunque esté de espaldas. Lo que revela es que no está tan concentrada mirando su instrumento, sino buscando la mirada de su instructor. En el mismo reflejo asoma además la pata del caballete del propio Vermeer: el pintor se cuela en su cuadro sin aparecer en él.
En las obras de Vermeer son comunes las referencias a la sexualidad, y en esta hay varias: el vino sobre la mesa, que funcionaba como afrodisíaco, y el instrumento de cuerda apoyado en el suelo —una viola de gamba— que puede leerse como símbolo fálico.
Todo lo que se ha dicho de La Gioconda — Leonardo da Vinci
La Gioconda, o Mona Lisa, de Leonardo da Vinci es uno de los grandes enigmas de la historia del arte, y se conserva en el Museo del Louvre. El primer secreto por resolver fue quién era la mujer retratada. Hubo quien afirmó que era una prostituta porque llevaba las cejas depiladas, pero esa lectura no se sostiene: entre las mujeres florentinas de la época la frente alta y despejada y las cejas depiladas eran sencillamente la moda. Además, el escaneo de alta resolución que hizo el ingeniero Pascal Cotte en 2007 apunta a que el cuadro sí tuvo cejas y pestañas pintadas, desaparecidas con los siglos de limpiezas.
Finalmente se llegó a la conclusión de que la Mona Lisa era una noble florentina llamada Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo.
Y aun con ese consenso sobre la identidad, los enigmas continúan. Que si en su ojo derecho aparecen las letras LV y en el izquierdo otras, algo sobre lo que tampoco hay consenso. Esa afirmación es del investigador Silvano Vinceti, en 2010, hecha sobre escaneos de alta definición y no aceptada por los especialistas. Que si estaba enferma de sífilis por una mancha que se observa en uno de sus ojos, que también podría ser una simple mancha de barniz. Que si padecía alopecia frontal, con las cejas escasas y el nacimiento del pelo muy atrás, y que eso podría relacionarse con alguna enfermedad autoinmune. Con esta obra se ha ido bastante la mano con los supuestos secretos y sus posibles respuestas.
Las Meninas, el cuadro que Picasso quiso entender — Diego Velázquez, 1656
Se cuenta que Picasso dijo que se encerraría en una habitación y no saldría hasta comprender bien Las Meninas, de Diego Velázquez. Lo que sí está documentado es que en 1957 convirtió el tercer piso de su casa de Cannes en taller y estuvo cinco meses, entre agosto y diciembre, dándole vueltas a ese cuadro: salió de ahí con 58 obras, 44 de ellas variaciones de Las Meninas, hoy en el Museu Picasso de Barcelona.
Empecemos por el nombre: las meninas eran jovencitas, hijas de personalidades importantes, que estaban al servicio de la infanta, que a su vez era hija de los reyes. Las dos que atienden a la infanta Margarita son María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco.
El cuadro se pintó en 1656 y está en el Museo del Prado, y no es solo el retrato de la infanta Margarita acompañada de su séquito y su perro. Velázquez también pintó ahí a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, de una manera muy atípica: pintó un espejo en la pared del fondo y colocó en él la imagen de los reyes como si fueran su reflejo. Es decir que, en teoría, los reyes están en el mismo lugar que quien mira el cuadro, fuera de él, y Velázquez estaría pintándolos. De ahí la sensación de que Velázquez nos está pintando a nosotros.
El juego admite muchas interpretaciones. También cabe pensar que los reyes, en lugar de estar posando, acaban de entrar: por eso muchos personajes miran al frente y una de las meninas hace una reverencia. Eso explicaría igualmente al hombre que se ve al fondo abriendo una puerta, que bien pudiera estar abriéndola para que entraran. Ese hombre tiene nombre: José Nieto Velázquez, aposentador de la reina, cuyo oficio era justamente abrir paso.
Hay un secreto más, y es sobre el propio pintor. Velázquez se representa en un lugar protagónico, tal vez dándose más importancia de la que tenía realmente en la corte. Puede que lo hiciera para reivindicar el papel del pintor como artista al que había que respetar, y no como un simple oficio al servicio de los reyes: se pinta con la paleta y el pincel, pensando, meditando. Se llevaba bien con el rey, así que suena más a querer dignificar su trabajo que a provocación.
Velázquez no está vivo para contarnos cuáles fueron sus verdaderas intenciones. Pero sí está el cuadro, considerado una de las mejores obras de la historia del arte.
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