
Episodio 74
Publicado el 4 de agosto de 2023 · Duración: 11:05 min
¿Por qué los llamaron “FIERAS”?
El insulto que quedó como nombre
En 1905, en el Salón de Otoño de París, un grupo de artistas provocó escándalo por la manera novedosa en que pintaba. Detengámonos en la fecha: las vanguardias artísticas del siglo XX ya empezaban a dar de qué hablar.
Entre aquellos primeros escandalosos estaban Matisse, Vlaminck y Derain, a quienes poco después el crítico Louis Vauxcelles llamó fauves, que puede traducirse como fieras. Con ese nombre trascendieron hasta hoy: el fauvismo, otro de los ismos de las vanguardias.
Lo de fieras venía por la manera violenta en que usaban el color: una liberación total del artista sobre el lienzo, sin miedo a nada.
Mujer con sombrero
El ejemplo estuvo en aquel mismo salón: Mujer con sombrero, de Henri Matisse. Una dama —la esposa del pintor— mira al espectador. Un retrato, o sea un tema aparentemente convencional, hecho con colores irrespetuosos: el rostro tiene zonas verdes y amarillas, el pelo y el cuello son rojos, el sombrero violeta.
Son los colores los que van dando las formas: no hay líneas marcadas ni claroscuros. Y por si fuera poco, invaden también el fondo del retrato. Hay además una búsqueda deliberada de intensidad, porque trabaja con colores complementarios —amarillo y morado, rojo y verde— que se potencian cuando se ponen juntos.
Lo más interesante es que Matisse tenía todas las capacidades y conocimientos para pintar según los cánones de la academia, lo que le habría dado reconocimiento y solvencia económica. Optó por ser fiera.
Lo que les había dicho Gauguin
No salió de la nada. Detrás está la influencia de artistas que ya habían roto con la pintura que imita la realidad, como Paul Gauguin, muerto en 1903. Se le atribuye este consejo:
¿Cómo ven ustedes este árbol? ¿Verde? Entonces pongan el verde, el verde más lindo de su paleta. ¿Y esta sombra, más bien azul? Entonces no teman, y píntenla como un azul lo más intenso posible.
Les estaba diciendo que sintieran los colores, que no tuvieran miedo, que con ellos también se podían crear metáforas y que no hacía falta usarlos tal como están en la vida real. Que no tuvieran miedo de exagerar la realidad, de deformarla. Es exactamente lo que hacían las fieras: colores estridentes colocados sin respetar en lo más mínimo la apariencia real de las cosas.
«No es una mujer, señora, es un cuadro»
Matisse tiene otra obra muy conocida, La raya verde, otro retrato de su esposa, que lleva en el mismísimo centro del rostro lo que anuncia el título.
Cuenta la anécdota que una mujer le dijo que ninguna mujer tenía la nariz verde, que cómo iba a pintar aquello, y que el pintor le respondió: es que eso no es una mujer, señora, es un cuadro.
Esa respuesta revela el concepto de arte que se afianza con las vanguardias: estos artistas ya no persiguen imitar la realidad ni seguir los cánones académicos. En La raya verde el uso del color es totalmente arbitrario, apoyado otra vez en complementarios cercanos que se potencian.
Vlaminck, la fiera más rebelde
Matisse fue el líder del grupo, pero la fiera más rebelde fue Maurice de Vlaminck. Decía que ser pintor no es una profesión, como tampoco lo es ser anarquista o enamorado. Y él fue pintor, mecánico, ciclista, escritor de novelas y profesor de violín; sobre todas las cosas, anarquista.
Esa condición se reflejaba en su pintura. Quería acabar con todas las convenciones y demostrar, a través de la revolución en el arte, que la vida cotidiana también se podía cambiar. Nada de pies forzados ni fórmulas esquemáticas. Le gustaban los paisajes porque daban esa sensación de libertad: pintándolos liberaba sus instintos y mostraba su inconformidad con lo establecido.
¿Y por qué volcó toda esa violencia en el color y no en otro recurso? Porque había quedado enamorado del colorido de Van Gogh. El color fue el vehículo que encontró para descargar sus emociones.
No fueron los únicos. André Derain, otro integrante del grupo, decía que los colores eran para ellos cartuchos de dinamita: mientras más explosivos, mejor. Muchas veces se empleaba directamente del tubo, puro, y el tema elegido era un pretexto para experimentar con la pintura en sí misma.
La primera vanguardia
Como grupo duraron poquísimo: entre 1907 y 1908 se disuelven y cada uno toma un camino propio. Pero el fauvismo fue la antesala del expresionismo, donde la forma se alteraría a un nivel superior y con mayor carga psicológica.
Muchos dicen que lo de las fieras era el arte por el arte: experimentación constante sin un significado contundente de fondo. Pero en el arte todo va de paso en paso. Los impresionistas, Cézanne y Gauguin ya habían experimentado con la forma; las fieras continuaron con toda su pasión colorida, y de ellas bebieron los grandes ismos posteriores, que llegaron a resultados más complejos ya no solo formales sino conceptuales.
No por gusto algunos llaman al fauvismo la primera vanguardia.
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