
Episodio 60
Publicado el 1 de marzo de 2023 · Duración: 12:00 min
TOP 5 de construcciones hechas por amor
Cinco edificios levantados por amor
Hay muchísimas construcciones hechas por amor, y aquí van cinco, en conteo regresivo.
5. La abadía de Sweetheart, Escocia
Está en ruinas y fue saqueada, pero aún así mucha gente quiere visitar lo que queda de ella, porque esas ruinas guardan una historia de amor que eriza la piel.
Lady Dervorguilla de Galloway se había casado con su amado John en 1223, y fueron uno de los matrimonios más ricos de Escocia, con territorios hasta en Inglaterra y Francia. Dos de sus descendientes llegaron a ser reyes de Escocia. Él era John Balliol, y el hijo de ambos reinó como Juan I de Escocia.
Cuando John muere —en 1268—, Dervorguilla cae en una depresión y manda construir la abadía en honor de su esposo, para que también lo enterraran allí. La fundó en 1273. Pero eso no le bastó: embalsamó el corazón de su amado y lo guardó en una caja de marfil y plata que la acompañó hasta el día de su muerte, y pidió que la enterraran con ella. Así fue: la enterraron en la abadía junto al corazón de su marido, en 1289, delante del altar mayor. De ahí que el lugar se rebautizara en honor de aquel amor: Dulce Cor, «dulce corazón», que acabó en Sweetheart.
4. El Petit Trianon, Francia
Fue mandado construir por el rey para su favorita, madame de Pompadour, para que pudiera refugiarse de la concurrida vida cortesana de palacio. La tenía en un pedestal, porque lo aconsejaba no solo en asuntos de placer sino en cuestiones de Estado. Lo diseñó el arquitecto Ange-Jacques Gabriel, el mismo que ella había elegido años antes y que acabó siendo primer arquitecto del rey, y se construyó entre 1762 y 1768.
Pero ella nunca llegó a ocuparlo, porque murió cuatro años antes de que estuviera terminado —el 15 de abril de 1764—, y el palacete neoclásico pasó a manos de la siguiente favorita, madame du Barry. Y no acaba ahí: con el tiempo fue de la reina María Antonieta, después de que se lo regalara Luis XVI al subir al trono en 1774.
3. El Templo Pequeño de Abu Simbel, Egipto
No es un palacio, es un templo, y tiene nombre propio: el Templo Pequeño de Abu Simbel, dedicado a la diosa Hathor y a Nefertari.
Es una muestra del amor que el faraón Ramsés II sentía por su esposa Nefertari: el templo era un obsequio para ella. Y el gesto fue sorprendente, porque en el antiguo Egipto hay poquísimos templos dedicados a una mujer. Hay un detalle que lo confirma: en la fachada, Nefertari aparece de la misma altura que su marido, cuando lo normal era representar a las consortes a la altura de sus rodillas.
La dedicatoria de la entrada dice que es «una obra perteneciente por toda la eternidad a la gran esposa real Nefertari Meritmut, por la que brilla el sol».
Es uno de los templos excavados en la roca y se reconoce por sus seis esculturas de fachada: cuatro del faraón y dos de su esposa. Estaba dedicado también a la diosa del amor y la belleza, Hathor, y en su interior hay una sala con seis columnas cuyos capiteles llevan la cabeza de esa diosa. En otras salas se ven escenas del faraón junto a Nefertari ofreciendo sacrificios a los dioses.
2. El palacio de Mirabell, Austria
Hoy se casan allí parejas de todo el mundo. Lo construyó en 1606 el príncipe arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau para su amante, Salomé Alt.
A él le pasó lo que a muchos hijos menores de familias aristocráticas a finales del siglo XVI: como quedaban excluidos de la herencia paterna, podían elegir entre la carrera de las armas y la eclesiástica, y él eligió la segunda, hasta llegar a obispo. Eso no le impidió caer rendido ante Salomé Alt, una de las mujeres más bellas de la zona, con la que tuvo quince hijos, y para la que mandó construir el palacio donde vivir con toda la familia. Lo bautizó Schloss Altenau.
Aquel amor no tuvo un desenlace muy feliz, y fue bastante más duro de lo que suele contarse. En 1612 Wolf Dietrich fue depuesto y encarcelado en la fortaleza de Hohensalzburg tras un conflicto con Baviera; no abandonó a su familia, se la quitaron. Su sucesor, Marcus Sitticus, expulsó a Salomé y a los hijos del palacio y lo rebautizó Mirabell, del italiano mirabile y bella.
De este palacio puede decirse que es un sobreviviente: a principios del siglo XIX sufrió un incendio grave que quemó buena parte, pero el Salón de Mármol se salvó y es donde hoy se celebran esas bodas. Y quedan sus jardines, con fuentes, esculturas y flores.
1. El Taj Mahal, India
El emperador musulmán Shah Jahan quedó prendado desde muy joven de una joven llamada Arjumand; aunque ya tenía otras dos esposas, se casó con ella cinco años después. Ella pasó a la historia como Mumtaz Mahal. Llegaron a tener trece hijos, y ella murió dando a luz al decimocuarto, así que el emperador decidió construirle un mausoleo majestuoso como muestra del amor que sentía por ella.
Taj viene del persa y significa corona, y Mahal es una variante corta del nombre de ella: viene a ser «la corona del palacio». Se construyó en el siglo XVII, entre 1632 y 1653, y necesitó más de veinte mil personas trabajando día y noche y mil elefantes para transportar los materiales. El emperador no escatimó: las paredes de mármol están llenas de incrustaciones de piedras preciosas traídas de lejos, del Tíbet, Arabia, Yemen, Persia, Afganistán.
Y el valor sentimental siguió creciendo después de construido. En 1657 el emperador cayó enfermo y sus hijos se enfrentaron por el trono; el vencedor fue Aurangzeb, que encerró a su padre, en el Fuerte de Agra. Se cuenta que desde los balcones de aquella fortaleza el emperador contemplaba con melancolía el Taj Mahal, extrañando a su esposa, y que al morir lo enterraron allí junto a ella.
Hay una curiosidad: por dentro y por fuera está elegantemente decorado, pero no hay una sola pintura ni relieve que represente animales o figuras humanas, porque el arte islámico no lo permite; toda la decoración son figuras geométricas, motivos vegetales y textos del Corán.
Y hay leyendas, que no son historias confirmadas: que el emperador mandó asesinar a la esposa del arquitecto principal para que este pudiera plasmar el dolor en su trabajo, o que al terminar ordenó cortar las manos a todos los que trabajaron en ella para que nunca se hiciera nada igual.
Los cinco surgieron por amor, y eso ha dado pie a especulaciones que los vuelven todavía más enigmáticos. Hoy son atracciones turísticas de sus países, y un ejemplo de cómo la arquitectura puede ser metáfora de un sentimiento, de su grandeza y de su perdurabilidad.
Fe de erratas: en el episodio decimos que el Petit Trianon lo mandó construir Luis XIV para madame de Pompadour. Fue Luis XV: la Pompadour fue su favorita, no la de Luis XIV, que murió en 1715, seis años antes de que ella naciera. El encargo es de 1762 y el diseño de Ange-Jacques Gabriel (fuente).
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