5 besos artísticos para no olvidar

Episodio 52

Publicado el 29 de noviembre de 2022 · Duración: 10:47 min

5 besos artísticos para no olvidar

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Cinco besos de la historia del arte

El beso es un acto tan humano y sensorial que el arte se ha adueñado de él. Lo han tratado artistas de todas las épocas, desde los clásicos hasta los impresionistas, los posimpresionistas y los surrealistas, y también el grafiti, un arte mucho más irreverente. Aquí van cinco, de varias manifestaciones —pintura, escultura, street art y performance—, con preferencia por los que traen detrás las historias más interesantes, en conteo regresivo.

5. El beso, de Constantin Brâncuși

De un bloque de piedra el escultor franco-rumano saca dos amantes, un hombre y una mujer que se entrelazan en un beso y un abrazo como si fueran uno solo. Ahí está insinuado cuánto puede unir un beso a dos personas, física y espiritualmente: la forma y la idea van juntas.

Conviene aclarar que El beso es una serie, porque Brâncuși volvió sobre la idea varias veces. La que más llama la atención está en el cementerio de Montparnasse, en París, sobre la tumba de una joven exiliada rusa llamada Tatiana Rachewskaïa, estudiante de medicina de 23 años, que se quitó la vida el 5 de diciembre de 1910.

Quien encargó la escultura fue su amante, un médico rumano llamado Solomon Marbais, amigo del escultor, que se la compró directamente a él. Brâncuși era entonces un artista prácticamente desconocido.

Pasaron más de cien años y aquel desconocido se convirtió en uno de los artistas más valorados del mundo. Los precios de sus obras se dispararon, y ahí toda la sensibilidad de la historia se fue a pique. Los herederos quieren recuperar la escultura porque se consideran propietarios y sacarla del cementerio, y el Estado francés se ha opuesto firmemente porque la considera monumento histórico. La tumba entera se declaró monumento histórico en 2010, precisamente para impedir la venta, y en 2021 un tribunal francés falló a favor del Estado: la obra se queda donde está.

4. Kissing Coppers, de Banksy

Una obra de arte urbano del enigmático Banksy, cuya identidad se desconoce aunque sus obras sean famosísimas. En 2004, en Brighton, apareció en una pared junto a un pub el grafiti de dos policías uniformados besándose. Fue en el Prince Albert.

Sugiere varias cosas a la vez: por un lado planta cara a la homofobia, por otro humaniza a la autoridad. Hubo quien se escandalizó, la obra sufrió vandalismo, y el dueño del bar decidió retirarla y venderla; desde entonces hay una copia en su lugar.

3. Breathing In / Breathing Out, de Marina Abramović y Ulay

Una performance que también se conoce como Death Self, «la muerte misma». Fue una pareja que llevó sus cuerpos al límite, coqueteando con la línea entre la vida y la muerte, pero muy lejos de la pura excentricidad.

Aquí unieron sus labios en un beso que duró unos diecisiete minutos. Y no era un beso cualquiera: se taponaron la nariz con filtros de cigarrillo y respiraron únicamente el aire que el otro expulsaba, hasta que ambos cayeron desmayados. No fue por falta de oxígeno sin más, sino porque el dióxido de carbono les fue llenando los pulmones. Se hizo dos veces, en Belgrado en 1977 y en Ámsterdam en 1978.

Da para pensar en cómo el amor puede llegar a consumirnos, o en cómo una persona puede absorber la vida de otra hasta destruirla.

2. El beso, de Gustav Klimt

La pintura, como plato fuerte. Es una obra conocidísima que mide casi dos metros —180 por 180 centímetros—, y en ella el hombre deja caer la cabeza y besa delicadamente a la mujer, que no ofrece mucha resistencia. Se conserva en el Belvedere de Viena y es de 1907-1908.

Se dice que el hombre es el propio Klimt; sobre la identidad de ella hay más dudas, aunque probablemente sea Emilie Flöge, su compañera y diseñadora de moda. Ninguna de las dos identificaciones está confirmada.

El fondo dorado da una sensación de atemporalidad, como si los amantes flotaran. Y el dorado va más allá: Klimt se inspira en los fondos de los mosaicos bizantinos, que había visto en Rávena en 1903. Es decir, está llevando una técnica reservada a la representación de santos a un tema erótico. Klimt hizo varias cosas que molestaron a la sociedad conservadora de su época, y esta acabó siendo no solo su obra más conocida, sino una de las más famosas de la historia del arte.

1. Los amantes, de René Magritte

En el primer puesto, un beso difícil de olvidar por lo original y enigmático. Los amantes, del pintor surrealista René Magritte, es esa obra en la que dos personas se besan apasionadamente con los rostros cubiertos por telas blancas: no sabemos quiénes son ni qué quiere decirnos el artista con certeza. Es de 1928, pintada en París, y se conserva en el MoMA de Nueva York. Magritte hizo cuatro variaciones ese mismo año.

¿Que el amor es ciego? ¿Que mantengamos la individualidad? ¿Un amor prohibido? Todas esas lecturas a la vez son probablemente el objetivo de Magritte, surrealista al fin.

Se cuenta que, siendo él un niño, descubrieron el cuerpo de su madre ahogada en un río, y que como iba en camisón la fuerza del agua le había cubierto la cabeza con la tela. Ocurrió cuando tenía trece años, en el Sambre. Se ha especulado con que esa imagen se le quedó grabada y acabó en esta obra, pero él nunca afirmó tal cosa, y no hay ninguna evidencia de que sea así. Es una de las tantas explicaciones que se le han intentado dar a una obra tan enigmática, y verdad absoluta aquí no hay: queda abierta para que cada cual ponga su interpretación.

Durante la pandemia circuló mucho por las redes, porque adquirió una connotación nueva con la situación que se vivía.

El arte se ha apropiado del beso para decir infinidad de cosas, desde las más dulces hasta las más trágicas.


Fe de erratas: en el episodio decimos que fueron los padres de Tatiana Rachewskaïa quienes encargaron a Brâncuși la escultura de su tumba. Fue su amante, el médico rumano Solomon Marbais, amigo del escultor, quien se la compró directamente a él (fuente).

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